Aunque en repetidas ocasiones han compartido que sus acciones no se tratan de un acto anticipado de campaña, es difícil pensar que la asistencia de Marcelo Ebrard –actual secretario de Relaciones Exteriores– al concierto de BlackPink y la invitación que Claudia Sheinbaum –actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México– extendió a La Rosalía para cantar en el Zócalo de la Ciudad de México sean sólo casualidades. Frente a eso, basta entender que en política nunca hay casualidades, sino causalidades.

Luego de haber sido destapados, junto a Adán Augusto –secretario de Gobernación–, como las “corcholatas” de Morena rumbo a los comicios de 2024, ambos, Sheinbaum y Ebrard, saben que cualquier aparición o vínculo de su persona en un evento público es una oportunidad para consolidar su figura como la opción de ser “la corcholata oficial”. Sin embargo, llama la atención la manera en que los dos han puesto especial empeño a hablarle a la generación joven. No es gratuito que, de unos meses para acá, ambos han sido mucho más activos en redes sociodigitales como Instagram y TikTok, y en programas nativos digitales como podcasts y videoblogs. Y mucho menos lo es la serie de actos públicos en los que han sido partes para verse como “gente cúl”, que entiende “a la chaviza”. Prueba de ello, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México logró que la cantante de “Saoko” se presentara en el Zócalo de la Ciudad de México de manera reciente. Pero, con anterioridad lo hizo con Grupo Firme, una agrupación de regional mexicano que también goza de buenos niveles de popularidad entre las audiencias jóvenes. Por otro lado, aunque él no fue el responsable de traer a la agrupación a México, el canciller fue parte de la audiencia que evidenció el espectáculo del grupo surcoreano, BlackPink. Pero la cosa no para ahí, pues también se le ha visto muy alegre subirse a la tendencia y generar contenido “echando el bailongo”, como él lo describe, con canciones de Peso Pluma, quien se ha colocado en los primeros sitios de popularidad entre las nuevas generaciones. ¿Qué representa esto? De manera sencilla, esto es un parte del entendimiento que tanto Sheinbaum como Ebrard –junto con sus equipos– tienen del público que pudiera ser un buen aliado en su contienda, sus gustos y preferencias. Un elemento básico en todo acto de comunicación. Si miramos a las estadísticas del Instituto Nacional Electoral (INE), a la fecha hay 95,277,932 personas inscritas en la Lista Nominal. Significa que esa cantidad de personas tiene registro en el Padrón Electoral del territorio nacional y extranjero, y cuenta con credencial de elector vigente. De manera simple, de los 126 millones de personas que registra el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) como la población de México al cierre de 2020, poco más de 95 millones tendrán la posibilidad de votar en las elecciones de 2024. Lo anterior tiene mucho más sentido si miramos a detalle lo que estos 95 millones de personas representan. Después de la generación de 65 años y más, que es la que domina actualmente en México, la generación de jóvenes entre 20 y 24 años está posicionada como la segunda con mayor número de personas inscritas en la Lista Nominal y seguida de ella se encuentra la generación de jóvenes entre 25 y 29 años. Juntas, estas dos últimas representan poco más del 23% de ciudadanos en este listado. Esta situación no quiere decir que con conciertos y apariciones en los canales que este segmento de la población frecuenta, Sheinbaum y Ebrard lo tienen todo hecho. Para ello, hay que hacer mucho más trabajo que sólo coincidir en gustos y permear en la agenda millennial y centennial.

Se vuelve más importante si consideramos que hablamos de la generación más escéptica. Aquella que poco cree en sus gobiernos, figuras de autoridad y empresas, y que da mucha más importancia a aspectos y soluciones que estas figuras dan ante temas sociales, ambientales y económicos. Mismas que, en un México con severos problemas en materia de empleo, transporte, salud, educación y laboral –por mencionar algunos– requiere. Desde mi punto de vista, estos son elementos en los que las verdaderas campañas, –sí, porque, aunque difícil que parezca, las campañas todavía no comienzan– deberían estar enfocadas. Asimismo, ambos deben recordar que no hay palabra que le gane a los hechos. Dentro de sus preocupaciones también debería encontrarse dar buenos resultados en sus cargos actuales y, desde luego, saberlos comunicar también. Basta recordar que, la mejor gallina no es la que pone los huevos más grandes, sino la que mejor los cacarea. Sin embargo, lo que hasta el momento han hecho Sheinbaum y Ebrard sí es un buen primer paso para, al menos, presentarse y potenciar el conocimiento que los distintos públicos tienen de ellos. Y, si lo pensamos, es así como cualquier estrategia de comunicación de un producto o compañía nueva comienza: con la etapa de awareness , entendida como crucial para despertar conciencia y entendimiento que las personas tienen acerca del producto o marca en cuestión. Nota del editor: Luis Ruiz es licenciado en Ciencias de la Comunicación de formación –por la Universidad Nacional Autónoma de México– y consultor en comunicación estratégica y relaciones públicas de formación. En los últimos años ha colaborado en el desarrollo de campañas de comunicación corporativa de grandes corporativos a nivel nacional e internacional. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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