El rostro de miles de migrantes de centro y Sudamérica cambia radicalmente, dependiendo de qué lado del muro fronterizo entre México y Estados Unidos se encuentren, y también depende de si la solicitud de refugio al país norteamericano fue aceptada o tienen que ser retornados a Ciudad Juárez. Las horas previas al fin del Título 42 dejaron contrastes e historias de vida de personas en situación de movilidad en su intento por vivir el sueño americano.

El rostro de la frustración:

Del lado mexicano, para muchos migrantes, principalmente de Venezuela, Colombia, Honduras y El Salvador no existe “Plan B”, pues su único objetivo es llegar a Estados Unidos para no echar por la borda el dinero, las inclemencias y los abusos vividos para llegar hasta Ciudad Juárez. Quienes logran llegar a Estados Unidos y reciben un documento de aprobación a su solicitud de refugio, caminan libremente por El Paso, Texas, con una sonrisa, sueños dibujados en sus ojos y con ganas de salir adelante en un país que, aseguran, ya les dio una oportunidad. Este jueves oficialmente culminó el Título 42, que es una medida migratoria impuesta por el gobierno del expresidente estadounidense Donald Trump para expulsar de ese país a los migrantes hacia el lugar de último tránsito, que en este caso es México. Lo anterior desató una crisis en la frontera entre México y Estados Unidos, pues muchos migrantes intentaron ingresar en repetidas ocasiones hacia Estados Unidos, entregarse a las autoridades estadounidenses y, de esta manera, iniciar una solicitud de refugio. En la puerta 40 y 42 en ciudad Juárez, Chihuahua, también conocida como “zona amarilla” se congregaron miles de migrantes con la esperanza de ingresar a Estados Unidos bajo las condiciones del Título 42. En este supuesto se encuentra Frai Tuiler, venezolano que salió con la esperanza de dar una mejor vida a su familia. Con un rostro de denota enojo, frustración y dolor, relata que para llegar a ciudad Juárez tuvo que pasar frío, calor, hambre y los abusos de centenares de personas en varios países por los que atravesó. “Hay gente muy mala que uno se topa en el camino; la gente que cree que tenemos dinero y nos arranca hasta el último centavo, hasta el último dólar, cuando lo único que queremos es llegar a Estados Unidos para vivir mejor y que también vivan mejor nuestras familias, por este sacrificio”, afirmó. Frai ya intentó cruzar en dos ocasiones así Estados Unidos y explica que es doblemente frustrante estar en ese país por unos días y, luego, ser deportado. “Cuando entras, en la estación migratoria de Estados Unidos, los agentes te quitan todo, celulares, ropa, mochilas, y te devuelven a México sin nada, es volver a empezar desde cero”, relata. El venezolano asegura que para él no existe un «Plan B», pues su único objetivo es lograr que su solicitud de refugio, sea aceptada, aunque se endurezcan las medidas migratorias. Como él, muchos dieron su último intento por ingresar a Estados Unidos antes de que cambiaran las condiciones migratorias decretadas por el gobierno de Joe Biden.

El rostro de los sueños por vivir

Nos dieron la oportunidad que veníamos deseando desde hace ocho meses, pasamos lo mismo que están viviendo los que están del otro lado, pero nosotros corrimos con suerte”.

En El Paso, Texas, también existen decenas de migrantes de centro y Sudamérica que caminan por diversas calles; algunos lo hacen con papeles en mano y una actitud diferente; destaca en ellos una sonrisa en el rostro, un contraste con quienes permanecen del lado mexicano, algo que se nota a simple vista. Los migrantes que rondan por las calles cercanas a la frontera, pero ya en El Paso, Texas, vivieron las mismas inclemencias que los que aún se encuentran en Ciudad Juárez, pero con la diferencia que su trámite de refugio fue aceptado. Alejandro Romero es uno de ellos; es venezolano, accede a hablar con Expansión cuando convivía con otros migrantes en una banca del mobiliario de El Paso Street , a tres cuadras de la línea fronteriza con México. Asegura que fue una “bendición de Dios” que su trámite haya sido aceptado en tres días. Ahora, Alejandro deberá cumplir llegar a Ohio y presentarse ante una autoridad para completar su solicitud de refugio. “Entré por un hueco por la Puerta 43; creo que en realidad nos regalaron el paso (hacia Estados Unidos), me detuvieron, me llevaron a la estación migratoria, hice mi trámite y en tres días me llamaron para decirme que había sido aceptado, fue una bendición”, explica emocionado. Los sueños de Alejandro se atisban en su rostro; él asegura que esta oportunidad que Estados Unidos le dio no la va a desaprovechar:

Heberto también es venezolano y se encuentra en El Paso, Texas, a escasas cuatro horas que termine el Título 42; él recibió el documento de las autoridades estadounidenses de que fue aceptada su solicitud de refugio. “Ya estamos aquí (en Estados Unidos), y ahora a lo que venimos: a producir y a darlo todo para nuestras familias”, afirma. A las 22:00 horas, tiempo de Mexico, es decir, las 24:00 horas tiempo de Washington, oficialmente culminó el título 42 y en la Puerta 42, se congregaron centenares de migrantes que aguardaron en su intento por ingresar aún a Estados Unidos bajo esta política migratoria, no se sabe cuántos de ellos lograrán ingresar, pero menos se sabe cuántos lograrán quedarse en Estados Unidos y cuántos regresarán a México o a su país de origen.

]]>