La desolación que generó la salida Messi, supuso en el equipo un duelo que tomó años recomponer. En las oficinas las cuentas no daban, uno de los clubes más grandes del mundo atravesaba su peor crisis de gestión, las deudas obligaron a sus responsables a dar un paso al costado, aquello era un desastre. El regreso de Laporta, el polémico dirigente en cuya anterior presidencia se vio a uno de los mejores equipos sobre una cancha en la era moderna, presagiaba esperanza. Junto a él, volvió Xavi, esta vez como entrenador, y llegaron las llamadas palancas; esas estrategias de negocio a través de las cuales se vendieron a largo plazo activos intangibles del club como derechos audiovisuales y de marketing que permitieron la liquidez necesaria para reforzar la plantilla el pasado verano. La apuesta funcionó, los resultados llegaron.

El domingo el F.C. Barcelona obtuvo su vigesimoséptimo título de liga, un premio a la constancia de un grupo de jugadores que trabajó abstrayéndose de los problemas extra futbolísticos de la institución, teniendo la resiliencia necesaria para mantener el ritmo después de vivir otra decepción en Champions, y sin reparos en adaptar un fútbol más pragmático que bonito, con el fin de poder cerrar los partidos.

Este fue un Barça estructurado desde atrás hacia delante, con una defensa sólida, teniendo a Ter Stegen como principal protagonista. Se habló mucho incluso que esta era la liga del uno cero, y si este resultado se repitió tantas veces en favor de los blaugranas fue gracias a las buenas actuaciones del portero alemán. Una zaga en la que se consolidó como titular el hispano dominicano Alejandro Balde, donde Ronald Araujo se erigió como líder y el danés Christensen cumplió incluso más allá de lo esperado.

Xavi suma su primer gran éxito desde el banquillo aprobando con calificación excelente la responsabilidad de dirigir un plantel al que se le exige siempre ganar, articulando un equipo solidario que aprovechó muy bien la primera temporada de Lewandowski en España. Pudo conseguir la mejor versión de jugadores como Dembélé y De Jong, además de gestionar con asertividad una transición en la que se fueron despidiendo referentes históricos como Piqué y Busquets, para dar paso a la consolidación de los Pedri, Gavi, Ansu, el mismo Balde e incluso el recién debutante Lamine Yamal.

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Una liga que sin dudas devuelve la ilusión perdida en Can Barça. ¡Felicidades ‘Culers’!