Por Daina Beth Solomon y Julio-Cesar Chaveta El viernes, el gobierno del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, comenzó a implementar un cambio de política radical en la frontera con México, luego de que expirara una orden de la era de la pandemia del coronavirus que había permitido la expulsión rápida de migrantes y entraran en vigor nuevas restricciones de asilo en medio de confusión e incertidumbre. Varias acciones judiciales de último minuto se sumaron a las preguntas sobre cómo se desarrollará la estrategia fronteriza reelaborada de Biden. Defensores de derechos presentaron un desafío legal a la nueva regulación de asilo.

Camino difícil Acaba emergencia por covid-19

Frente a las preocupaciones de que el fin de la orden de 2020, conocida como Título 42, podría sobrecargar las instalaciones fronterizas de Estados Unidos, funcionarios estadounidenses vigilaban de cerca los movimientos de migrantes que ya habían alcanzado cifras récord en los últimos días. «Seguimos encontrando altos niveles de no-ciudadanos en la frontera, pero no vimos un aumento sustancial de la noche a la mañana o una afluencia a la medianoche (cuando expiró el Título 42)», dijo Blas Nuñez-Neto, funcionario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos. Aunque la carrera caótica hacia los puertos de entrada estadounidenses el jueves parecía haber dado paso a una calma relativa el viernes, había una sensación de confusión entre algunos migrantes. En El Paso, Texas, cientos de migrantes dormían a la intemperie en suelo estadounidense frente a la valla fronteriza al salir el sol el viernes por la mañana. La Guardia Nacional de Texas, policías estatales y agentes fronterizos patrullaban los alrededores, donde los migrantes han esperado tras entregarse a autoridades fronterizas estadounidenses. Al otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez, varios cientos de personas formaron una fila en la valla fronteriza estadounidense, donde las autoridades les permitieron entrar a varios a la vez antes de subirlos a autobuses. Miembros armados de la Guardia Nacional de Texas patrullaron el área cerca del Río Bravo, erigieron cercas altas e instalaron rollos de alambre de púas para evitar que más migrantes se unieran al grupo. Justo antes de que el Título 42 expirara en la medianoche del jueves, defensores de inmigrantes, representados por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés), presentaron una demanda por las nuevas restricciones al asilo, alegando que violan las leyes estadounidenses y los acuerdos internacionales. Los defensores argumentan que la nueva norma, puesta en marcha por la administración del demócrata Biden para frenar los cruces ilegales, se asemeja a las restricciones impuestas por su predecesor republicano, Donald Trump. Los grupos de derechos bloquearon con éxito las disposiciones de Trump en los tribunales y pidieron al mismo juez federal con sede en California que bloqueara también estas. El secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, defendió la regulación de Biden en una serie de entrevistas televisivas el viernes por la mañana, diciendo que su objetivo es animar a los migrantes a entrar utilizando vías legales en lugar de cruzar ilegalmente «Va a ser una transición difícil», dijo a MSNBC. Oficiales de asilo estadounidenses se apresuraron a determinar qué se requeriría para aplicar la regulación y la logística de entrevistar a los migrantes detenidos en las instalaciones fronterizas. El regreso de algunos migrantes a México (cubanos, haitianos, nicaragüenses y venezolanos) debía comenzar el viernes bajo las nuevas disposiciones fronterizas, dijo un funcionario de seguridad nacional. En escenas caóticas el jueves, migrantes se abalanzaron a entrar en el país antes de que expirara el Título 42 y cobrara vigencia la nueva norma. La ley anticipa que la mayoría de los migrantes no tienen derecho a asilo si pasaron por otros países sin buscar primero protección en otro lugar o si no utilizaron las vías legales de entrada en Estados Unidos, que Biden ha ampliado. En los últimos días, miles de inmigrantes han vadeado ríos, escalado muros y terraplenes hasta llegar a territorio estadounidense. Alrededor de 25,000 migrantes estaban detenidos en las instalaciones de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por su sigla en inglés) cerca de la frontera el viernes, un poco menos que los máximos históricos de principios de semana, según el Consejo Nacional de Patrulla Fronteriza, un sindicato de agentes. Se informó que alrededor de 10,000 migrantes por día cruzaron ilegalmente esta semana. Un adolescente hondureño de 17 años murió luego de ser encontrado inconsciente en un refugio de Florida el miércoles, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos estadounidense. Los niños no acompañados están exentos de la nueva regulación y los defensores han advertido que los padres pueden enviar a sus hijos solos al otro lado de la frontera. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, dijo el viernes por la mañana que el flujo de migrantes ha descendido tras un récord por el fin de la prohibición del Título 42 y que no ha habido confrontaciones ni violencia en la frontera con Estados Unidos en las últimas horas. «El flujo va bajando el día de hoy, por lo menos hasta esta hora, no hemos tenido confrontaciones, situaciones de violencia en la frontera», dijo Ebrard. En la víspera, de acuerdo con un informe de la Secretaría de la Defensa de México, compartido por Ebrard, fueron repatriados desde Estados Unidos 942 migrantes, de los cuales 909 son venezolanos, 17 cubanos, 15 guatemaltecos y uno haitiano. En Ciudad Juárez, 24 personas que atravesaron el muro tras perforarlo fueron detenidas por la patrulla fronteriza de Estados Unidos, agregó el canciller. Trump implementó por primera vez el Título 42 en marzo de 2020 mientras el coronavirus se extendía por el mundo, con funcionarios de salud estadounidenses diciendo que era necesario para frenar la propagación del virus en los centros de detención. La orden permitía a las autoridades estadounidenses expulsar rápidamente a los migrantes a México u otros países sin posibilidad de solicitar asilo en Estados Unidos. Algunos demócratas y defensores de derechos humanos argumentan que la nueva regulación es demasiado dura. La medida también contradice declaraciones anteriores que Biden hizo en 2020 en la campaña electoral, cuando dijo que pensaba que era «incorrecto» que las personas no pudieran solicitar asilo en suelo estadounidense. Biden, quien hizo campaña para revertir las políticas de Trump y ahora se postula para la reelección en 2024, mantuvo la orden y finalmente la amplió. Los migrantes han sido expulsados más de 2.7 millones de veces bajo el Título 42, aunque el total incluye a muchos que han cruzado repetidamente. Por lo general, México solo ha aceptado ciertas nacionalidades: sus propios ciudadanos, migrantes del norte de Centroamérica y, más recientemente, de Venezuela, Cuba, Haití y Nicaragua. Durante el mismo periodo, se permitió la entrada en Estados Unidos de unos 2.8 millones de migrantes no susceptibles de expulsión, en virtud de un proceso conocido como Título 8, para presentar sus demandas de inmigración ante los tribunales, lo que puede llevar meses o años. Incluso antes de que expirara el Título 42, junto con el fin de la emergencia de salud pública por COVID-19, la administración de Biden estaba lidiando con cifras récord de migrantes en la frontera entre Estados Unidos y México, poniendo a prueba a las autoridades estadounidenses y las ciudades fronterizas. Los republicanos culpan a Biden de suavizar las políticas más restrictivas de Trump, mientras que la administración de Biden ha culpado a los republicanos de bloquear la legislación para reformar el sistema de inmigración. (Reporte de Julio-Cesar Chávez en El Paso, Estados Unidos, Daina Beth Solomon en Ciudad Juárez, México, Daniel Becerril en Matamoros, México, y Ted Hesson en Washington; reporte adicional de Evan García en Brownsville, Estados Unidos; Lizbeth Díaz y Raúl Cortés en Ciudad de México, Kristina Cooke en San Francisco y Susan Heavey en Washington; escrito por Mica Rosenberg y Matt Spetalnick; editado por Kim Coghill, Chizu Nomiyama, Jonathan Oatis y Aurora Ellis; traducido por Adriana Barrera y Diego Oré)

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