Durante los 69 días transcurridos en este año, solo en cuatro hubo aire completamente limpio en la Ciudad de México . Para toda la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), los días limpios se reducen a uno en el mismo periodo. En el resto de días se han registrado concentraciones máximas de ozono, partículas suspendidas, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre y monóxido de carbono, según datos de la Dirección de Monitoreo Atmosférico local.

Además de desatar contingencias ambientales , estas sustancias se asocian con el incremento de algunas enfermedades . La Secretaría de Salud federal identifica que en las semanas con más contaminación del aire se reporta un aumento de asma, conjuntivitis, otitis media aguda, infecciones respiratorias agudas y hasta enfermedades isquémicas del corazón y cerebrovasculares.

Contaminación del aire y salud Aquellos padecimientos son vigilados a través de 200 Unidades Centinela de Salud, ubicadas a unos 3 kilómetros de las Estaciones de Monitoreo de Calidad del Aire locales. Durante la semana del 15 al 21 de febrero, cuando se registraron seis días continuos con contingencia ambiental, la Secretaría de Salud detectó un incremento de los casos de asma, conjuntivitis y otitis media en la ciudad, a la par que los contaminantes PM 2.5 y PM 10 aumentaron. La dependencia advierte que las enfermedades isquémicas del corazón y las enfermedades cerebrovasculares también se asocian con la exposición a la contaminación del aire y aumentaron en el sureste de la Ciudad de México mientras se registraba una concentración máxima de ozono. Una semana antes, del 8 al 14 de febrero, también se produjeron aumentos de estas enfermedades respecto a la semana previa.
Enfermedades relacionadas con contingencia ambiental Las fechas coinciden con los días donde se activaron contingencias ambientales. En casi dos meses y medio, ya suman cinco: cuatro se declararon en la Zona Metropolitana del Valle de México debido a los altos niveles de ozono y una (la primera de 2026) se activó para la zona sureste del Valle de México por la concentración de partículas PM 2.5.

En febrero se activaron dos contingencias ambientales atmosféricas de manera continua y en conjunto duraron seis días seguidos. La primera se inició el 12 de febrero y concluyó el 14 del mismo mes a las ocho de la noche. Sin embargo, la segunda se activó al siguiente día y se levantó hasta la tarde del 17 de febrero. Es en esos días cuando se observa el incremento de enfermedades en la Ciudad de México. Por ejemplo, en la semana del 1 al 7 de febrero, donde no hubo contingencia ambiental, se detectaron 216 casos de asma. Después de los días con contingencia ambiental se reportaron 262 casos. Es decir que, cuando la contaminación del aire empeoró, esta enfermedad creció en unos 46 casos adicionales por semana. Lo mismo ocurrió con la conjuntivitis: se agregaron poco más de 400 casos semanales. La otitis media aguda subió de 781 a 811; de las infecciones respiratorias agudas se reportaron 4,900 detecciones adicionales a la semana.

Además, los casos de enfermedad isquémica del corazón sumaron 25 más durante los días contaminados y la enfermedad cerebral del corazón reportó 15 casos por arriba.

Temporada de ozono Por eso, la Secretaría de Salud recomendó utilizar cubrebocas en los días con peor calidad del aire, mantener puertas y ventanas cerradas, y acudir al médico ante síntomas respiratorios. Las autoridades explican que de marzo a junio se presenta la temporada con las mayores concentraciones de ozono, porque los niveles de este contaminante aumentan cuando hay intensa radiación solar. Esto favorece su formación y la poca ventilación contribuye a que el ozono se acumule en la ciudad. Es un riesgo, debido a que esta sustancia ingresa al organismo por la nariz hacia las vías respiratorias superiores. Detallan que, a corto plazo, el ozono puede provocar dolor de cabeza, irritación de nariz, garganta y ojos; también tos y dificultad para respirar; mayor susceptibilidad de infecciones respiratorias y agravar padecimientos en pacientes con asma, enfisema o bronquitis crónica. A largo plazo, el ozono puede afectar los sistemas nervioso y cardiovascular; los aparatos digestivo y respiratorio, así como el desarrollo gestacional.

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