En el norte de México, la recuperación del bisonte americano se ha consolidado como una de las iniciativas de restauración ecológica más relevantes del país, con la Reserva de la Biosfera Janos, en Chihuahua, como punto de partida y ahora con la participación de proyectos complementarios como el que encabeza la Fundación Pro CuatroCiénegas, en la Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre «El Santuario» , en Coahuila. En 2009, una manada de 23 ejemplares marcó el inicio de este proceso que arrancó en el Rancho El Uno y que, casi dos décadas después, ha permitido consolidar una población cercana a los 500 individuos y sentar las bases para su expansión hacia otros estados, integrando conservación, manejo del territorio y desarrollo sostenible.

Para Manuel Alejandro Quintana Chávez, director de la reserva de la Biosfera Janos , el éxito de este proyecto no se mide únicamente en el aumento del numero de ejemplares, sino en el impacto ambiental que esta repoblación tiene. “El enfoque no es establecer un número fijo de ejemplares, sino manejar la población en función del equilibrio ecológico del pastizal. Buscamos asegurar que el crecimiento del bisonte sea compatible con la salud del ecosistema”, explica en entrevista. Actualmente, en el rancho El Uno —núcleo de más de 18,000 hectáreas dentro de la reserva—habitan entre 470 y 480 bisontes, resultado de más de dos décadas de manejo y conservación. El proyecto, iniciado formalmente tras la adquisición del predio en 2005, demuestra que la reintroducción de grandes herbívoros puede detonar procesos ecológicos clave.

El bisonte, un ingeniero del paisaje Quintana insiste en que el éxito de la reserva Janos y el repoblamiento con el bisonte en el norte del país no radica únicamente en la reproducción de la especie, sino en los cambios observados en el entorno, donde esta especie en peligro de extinción cumple funciones ecológicas que difícilmente pueden ser sustituidas por otras especies. “Se han observado cambios positivos, sobre todo en los pastizales. La actividad de pastoreo estimula el rebrote de los pastos y favorece la vegetación nativa, además de mejorar la estructura y diversidad del pastizal”, señala. El pastoreo del bisonte explica, estimula el rebrote de pastos nativos y controla la expansión de arbustos, favoreciendo la permanencia de praderas abiertas. Al desplazarse, remueve el suelo, mejora la infiltración de agua y dispersa semillas, lo que contribuye a la regeneración de áreas degradadas. Estos procesos han tenido efectos en cadena: se ha observado una mejora en la estructura del pastizal y beneficios para otras especies, desde aves hasta pequeños mamíferos. Es así que en palabras de los especialistas, el bisonte actúa como un
“ingeniero del ecosistema”.

“Su desplazamiento en manada remueve el suelo, mejora la infiltración de agua y distribuye semillas y nutrientes. Todo esto contribuye a la regeneración natural del ecosistema y a la recuperación de áreas degradadas”, agrega Manuel Alejandro Quintana Chávez, director de la reserva de la Biosfera Janos. El éxito en Janos permitió replicar el modelo en otras regiones y desde 2019, distintas manadas han sido trasladadas a reservas en Coahuila y Sonora. “La población se ha consolidado como un núcleo importante para la recuperación del bisonte en México. Por eso hemos realizado traslados a otras reservas, con el objetivo de restablecer la especie en su distribución histórica”, explica Quintana. Detalla que estos movimientos requieren alta precisión técnica. “Son procesos rigurosos y coordinados entre autoridades ambientales, organizaciones de conservación y aliados del sector privado. No es simplemente trasladar animales, implica garantizar su adaptación y viabilidad a largo plazo”.

Queremos pastizales saludables y funcionales, con poblaciones de bisonte bien establecidas a escala regional. Pero también buscamos que estos paisajes demuestren que la conservación puede convivir con actividades productivas sustentables».

Quintana explica además que actualmente se exploran nuevos sitios potenciales en el norte del país que puedan ser repoblados por esta especie, aunque advierte, se trata de procesos de largo plazo y es que a pesar de los avances en este proyecto, los desafíos continúan y el financiamiento es uno de los principales obstáculos. “El financiamiento es uno de los principales desafíos. La conservación exige recursos constantes y su gestión siempre es compleja”, afirma. En contraste, destaca el respaldo social que ha tenido el regreso del bisonte en México, pues “la aceptación ha sido muy positiva y la gente reconoce el valor del bisonte y su papel en el ecosistema”. Pero insiste en que la pérdida de hábitat sigue siendo la principal amenaza, pues la expansión agrícola y la infraestructura han reducido drásticamente los espacios disponibles para una especie que requiere grandes extensiones y movilidad. “Son animales que requieren grandes extensiones y movilidad, pero esos espacios cada vez son más limitados por la expansión agrícola y la infraestructura”, dice. Por ello resalta la importancia de la reserva: “Janos es uno de los últimos sitios capaces de sostener poblaciones de este tipo. Por eso su conservación es estratégica”. “Todo proyecto de conservación implica la suma de voluntades: gobierno, sociedad civil, científicos, propietarios y comunidades. Si alguno de estos componentes falla, el proyecto difícilmente puede sostenerse”, advierte. Quintana indica que este esquema de recuperación del bisonte ha permitido a la reserva también avanzar en la protección de otras especies como el berrendo, el borrego cimarrón y diversas aves de pastizal, así como el perrito de la pradera, el tecolote llanero y aves rapaces , todas beneficiadas por la presencia del bisonte. Desde la reintroducción en 2009, la población del bisonte en Janos ha pasado de 23 ejemplares a más de 500, consolidando cuatro manadas de conservación en distintos estados. A futuro, la visión es clara: consolidar paisajes funcionales donde la biodiversidad conviva con actividades productivas sustentables.

No se trata solamente de traer una especie de regreso, sino queremos traer también la especie con toda la riqueza y toda la relación ancestral que ha tenido con el humano».

De Janos a Cuatro Ciénegas: expansión con enfoque integral El modelo desarrollado en Janos ha permitido dar un siguiente paso: la expansión hacia otros territorios con condiciones adecuadas. Uno de los casos más relevantes es Cuatro Ciénegas, en Coahuila, donde apenas en diciembre de 2025 se estableció una nueva manada dentro de una reserva privada de más de 3,700 hectáreas. En este sitio, considerado uno de los ecosistemas más singulares del planeta por su origen marino ancestral y su alta concentración de especies endémicas, el bisonte se ha integrado a una estrategia más amplia de restauración. De acuerdo con
Gerardo Ruiz Smith , director de la
Fundación Pro Cuatro Ciénegas , se busca que la reintegración del bisonte no se limite a la repoblación, pues incluye también un trabajo por la recuperación de humedales, la regeneración de suelos mediante prácticas agroecológicas y la promoción de modelos productivos sostenibles.
El objetivo es construir un sistema donde la conservación y desarrollo local no sean opuestos, sino complementarios. “Para mí es bien importante que no se quede solamente en eso [el bisonte], porque la fundación está enfocada en la conservación de Cuatro Ciénegas en general”, explica. “Queremos transformar Cuatro Ciénegas en un modelo de referencia a nivel mundial donde la conservación, pero también la agroecología, la educación y el ecoturismo se integren de forma sinérgica”, agrega.
Rewilding y memoria cultural Ruiz explica que el regreso del bisonte también implica recuperar procesos ecológicos perdidos. Este enfoque, dice, es conocido como rewilding , el cual busca restaurar ecosistemas mediante la reincorporación de especies clave que reactivan ciclos naturales y es que en el caso del bisonte, la especie es también un agente activo de transformación del paisaje. “Se le considera que el bisonte es como un ingeniero del paisaje, porque lo va moldeando, lo va mejorando y lo va restaurando”, explica. Pero en el norte de México, el bisonte no solo es relevante desde el punto de vista ecológico. También posee una dimensión cultural profunda y es que durante miles de años, fue central para comunidades indígenas, que dependían de él para su alimentación, vestimenta y herramientas. Esta perspectiva ha llevado a establecer vínculos entre la fundación con comunidades originarias, integrando prácticas tradicionales y una ética de aprovechamiento basada en el respeto. Incluso se plantea un uso sostenible del bisonte —incluido su consumo— bajo esquemas regulados. Sobre este punto, el director aclara: “No se mata nomás así por matar, sino que se hace con un agradecimiento, con un ritual, con un canto, con una ofrenda y con mucho respeto”. Pero al igual que Quintana, Ruiz insiste en que este proyecto de conservación mantiene desafíos significativos y el financiamiento continúa siendo un limitante estructural para proyectos de conservación de largo plazo. A esto se suma la fragmentación del territorio, un problema clave para una especie que históricamente dependía de grandes extensiones continuas. “Todo el territorio ya está cercado y fragmentado, propiedad privada, ya no hay las áreas extensas que había anteriormente”, advierte Ruiz Smith, quien dijo que como parte del proyecto busca financiamiento y apoyo para comparar ranchos aledaños que pudieron integrarse a esta reserva. A esto explica, se suma un entorno regulatorio complejo y es que al tratarse de una especie en peligro de extinción, cualquier acción —incluido el manejo poblacional— requiere múltiples autorizaciones. Ruiz Smith apunta que “al ser una especie que está en la norma oficial mexicana, como en peligro de extinción, pues tiene muchos requerimientos legales de requisitos, el poder moverlos, manejarlos, tenerlos”. Además, señala que la regulación puede volverse contraproducente: “de repente ya son tantas que se vuelve inviable para la mayoría de la gente hacer un proyecto bien hecho de bisonte por tantos, papelería, trámites, con todo tipo de instancias de gobierno y lo vuelve muy difícil”. Esto contrasta con modelos como el de Estados Unidos, donde el aprovechamiento sostenible ha permitido consolidar poblaciones superiores a los 500,000 individuos y desarrollar una industria en torno a la especie. Ruiz Smith advierte que esta rigidez puede comprometer la viabilidad de los proyectos, pues dijo, “no es sostenible a largo plazo, y entonces no va a haber más población y más proyectos de bisonte hasta que no logremos hacer estos modelos para que esto sea productivo y rentable a largo plazo”. Además menciona, el crecimiento de las poblaciones introduce nuevas tensiones. En Janos, por ejemplo, ya se enfrentan problemas de sobrepoblación. “Ya tienen actualmente un problema grave o importante de sobrepoblación, que tienen que reducir bastante el número de animales que tienen”, explica. Esta situación no solo implica presión sobre el ecosistema, sino también desequilibrios dentro de las manadas. “Va incrementando la cantidad de machos y machos y machos que en ninguna manada sería natural que estuvieran tantos machos ahí hechos bola y eso genera inclusive que se estén lastimando entre ellos”, asegura.

Sin mecanismos de manejo adecuados, advierte, esto puede derivar en deterioro ambiental e inestabilidad poblacional. “A falta de depredador (el lobo mexicano que también está en peligro de extinsión) nosotros tenemos que jugar ese rol de manejar la población y de ir mejorando el tema genético porque ya no están en estado libre con sus depredadores naturales”, subraya. A esto se añade un desafío social, que es la percepción pública… y es que Ruiz Smith señala que existe resistencia, especialmente en contextos urbanos, a entender el manejo activo de la especie. “La gente luego empieza a decir que cómo están matando el bisonte, sin entender que es parte clave de que estos proyectos se puedan manejar de forma ecológicamente viable”, asegura. El caso de Janos demuestra que la recuperación del bisonte en México es viable y es que en menos de 20 años, el país ha pasado de la extinción local de la especie a la formación de múltiples manadas en expansión. El siguiente paso es consolidar este proceso a escala regional: conectar hábitats, ajustar políticas públicas y generar modelos económicos que hagan sostenible la conservación. La visión apunta a un equilibrio donde ecología y desarrollo converjan. “Poblaciones que sigan creciendo y creciendo y creciendo y a la vez se vayan aprovechando de forma sostenible y cada vez más hembras, cada vez más reproducción, cada vez más bisontes, cada vez más empleo y más alimento saludable y más ecosistemas regenerados más economía y más bienestar”, dice Ruiz. Si ese equilibrio se alcanza, el regreso del bisonte dejará de ser únicamente un éxito de conservación para convertirse en un modelo de restauración integral. No se tratará solo de recuperar una especie, sino de reactivar un sistema ecológico completo en el norte de México.

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