Hace 31 años surgió un movimiento en un país lejano en muchos sentidos a nosotros. En Dinamarca nació una “mentira” intelectual: la industria casi imperceptible de ese lugar, el cine.
A través de una propuesta cruda (cómo lo marcaba el “hype” de esa década y que nosotros le decíamos la “ondita” que se generaba en la música (unplugged), en el periodismo (la crónica más realista) o en la moda (menos artificios y más telas rudas) Lars Von Trier y Thomas Vinterberg lanzaron 10 reglas como un “voto de castidad” con el fin de quitarle “el celofán” artificial al cine impuesto por el “mainstream” hollywoodiense, para regresar a un cine menos pretencioso y más cercano a la experiencia visual sin “tapujos”.
Estas 10 reglas eran filmar en locaciones reales, sonido directo, la cámara en mano, el color debí…
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