La posibilidad de que México incursione en la explotación de gas mediante fracking no convencional –como anunció la presidenta Claudia Sheinbaum– reabrió uno de los debates energéticos más complejos por los impactos ambientales, sociales y económicos que genera. El gobierno federal plantea esta opción como una vía para fortalecer la soberanía energética y reducir la dependencia del gas importado , mientras que especialistas y organizaciones civiles advierten que la decisión implica riesgos ambientales.
Hay que estar abiertos a estas nuevas tecnologías para fortalecer la soberanía nacional. Nos preocupan las consecuencias que esta va a traer a las metas climáticas, para la seguridad hídrica, para la salud de las comunidades y de las poblaciones. Fracking: ¿solución o profundización del problema?
Por su parte, la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (AMEXHI) considera que fortalecer la soberanía energética es vital para establecer condiciones de competitividad y atraer inversión. «La industria destaca la necesidad de avanzar hacia soluciones que fortalezcan las capacidades del país en un entorno global altamente competitivo, donde múltiples jurisdicciones implementan políticas activas para atraer inversión en el sector energético», apuntó en un comunicado.
La dependencia de México por el gas natural De acuerdo con la presidenta,
México importa alrededor del 75% del gas que consume , por lo que reducir esa dependencia es, en términos políticos y económicos, una prioridad. En ese sentido, la meta del gobierno es
aumentar la producción de la molécula hasta en un 155% al finalizar el sexenio . Para ello, Sheinbaum informó el pasado 8 de abril que su gobierno realizará una revisión científica de nuevas tecnologías de extracción de gas, con el apoyo de científicos, expertos en agua y en geología, para ver si hay una tecnología que pueda usarse sin que implique daños como los que ocasionó esta técnica
en Estados Unidos, que llevó a que
algunos estados, como
Vermont, Nueva York y Washington, la prohibieran. La presidenta defendió que durante su campaña ella se pronunció contra el fracking tradicional y señaló que hay nuevas tecnologías que son
menos dañinas para el medio ambiente «Yo hablé en contra del fracking tradicional, pues cómo vamos a ir al fracking tradicional nosotros. Ese no. Son nuevas tecnologías de explotación, con menores impactos ambientales, que nos abren la posibilidad de utilizar ese gas», dijo. Desde la sociedad civil se reconoce que el problema de que la dependencia energética debe atenderse, pero consideran que esta ruta tiene un contradicción de fondo. Jorge Martínez, coordinador de estrategia climática de Oxfam México, explica que el gobierno ve como un problema la dependencia del gas fósil importado de Estados Unidos, pero la solución que ven es producir gas. «El problema que nosotros vemos –y que ellos ignoran– es que eso sigue
manteniéndonos atados a los combustibles fósiles . No es la manera más rápida ni más consistente de alcanzar la soberanía energética”, dice. Desde la perspectiva de Martínez, el planteamiento oficial incurre en una paradoja: aumentar la producción de gas para dejar de depender del gas. Y la preocupación sigue siendo el impacto que puede tener ante las presiones geopolíticas y externas que están influyendo en esta decisión. Para el gobierno y la industria, el fracking representa una alternativa para incrementar la producción nacional de gas. Sin embargo, expertos consultados cuestionan que esta sea una solución estructural. La
Coalición México Resiliente, integrada por más de
40 organizaciones de la sociedad civil y personas comprometidas , plantea que la estrategia oficial “Gas natural: estrategia para fortalecer la soberanía energética” profundiza la dependencia de combustibles fósiles y es «un obstáculo para la transición energética justa». Las organizaciones, entre ellas
Oxfam, el Instituto de Recursos Mundiales México (WRI México) y el Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC) , apuntan que el llamado gas “natural” es en realidad
un combustible fósil que contribuye directamente a las emisiones de gases de efecto invernadero, particularmente metano, lo que afecta los compromisos climáticos. «(La estrategia energética actual) refuerza un modelo energético insostenible, genera riesgos fiscales y limita la disponibilidad de recursos para soluciones limpias y estructurales”, señalan.
La seguridad y la soberanía energética son muy importantes para el país, pero no consideramos que esto deba hacerse a cualquier costo, ni sacrificando territorios ni pueblos”.
La cuestión petrolera es como un casino. Puedes invertir años, millones, hacer todos los estudios y al final no encontrar nada. O encontrar menos de lo que esperabas.
La alerta coincide también con el llamado que 70 organizaciones y colectivos de la sociedad civil, aliados de la Alianza contra el Fracking lanzaron este jueves, en donde advirtieron que “no existe fracking sustentable” y cuestionaron que el gas natural fósil pueda ser considerado una vía para alcanzar la soberanía energética en México. Las organizaciones afirmaron que “explorar una versión ‘sustentable’ del fracking puede sonar prometedor en el discurso, pero hay evidencia científica internacional de los impactos en la salud y el ambiente. Tan solo en Estados Unidos, se registran más de 2,300 estudios que evidencian los riesgos asociados a esta técnica . “Eso no es verdad, el fracking hasta ahora no se realiza de manera sustentable, ni con cuidado de la naturaleza. No hay en Estados Unidos, en Argentina o en China una empresa que realice este fracking de manera sustentable tal como se ha señalado”, señala Beatriz Olivera , directora de Engenera e integrante de la Alianza Mexicana contra el Fracking. En este sentido, Alejandra Jiménez, quien también forma parte de la alianza, advierte que la evidencia internacional apunta en sentido contrario a lo que plantea el gobierno, sobre todo en el tema del agua. “Nos quieren hacer creer que el fracking puede ser sustentable y que puede realizarse con menos agua o con agua reciclada, pero la evidencia científica nos muestra que no solo no puede usarse sin agua, sino que cada vez ocupa más. En Estados Unidos se hablaba inicialmente de entre 9 y 29 millones de litros, y hoy hay pozos que ocupan hasta 120 millones de litros. Son monstruos devoradores de agua”, explica. Agrega que en el caso de México, la preocupación se intensifica debido a que las zonas con potencial para esta actividad —como estados del norte— ya enfrentan estrés hídrico. “Se estaría destinando agua para la industria en regiones donde el recurso es limitado y prioritario para consumo humano”, advierte. Olivera cuestionó el discurso oficial del gobierno que aseguró que buscarán realizar el fracking con agua no potable, además de reciclarla. “Nos indigna que se diga eso porque eso no es verdad… todavía se sigue usando agua dulce en grandes cantidades. Tratar esa agua es muy caro… una instalación puede costar hasta 10 millones de dólares. Por eso la industria prefiere seguir usando agua dulce”, agrega. El ingeniero geólogo Alejandro Salazar Méndez explica la explotación convencional se basa en yacimientos donde el petróleo fluye naturalmente a través de rocas permeables como areniscas, mientras que la no convencional —donde se ubica el fracking— implica extraer hidrocarburos atrapados en formaciones de baja permeabilidad. “El fracking consiste en fracturar estas rocas mediante la inyección de agua a alta presión mezclada con arena y químicos, con el fin de generar canales que permitan el flujo del hidrocarburo”, detalla, por lo que señala que uno de los principales problemas es el uso intensivo de agua. El ingeniero explica que cada pozo puede requerir grandes volúmenes que, tras el proceso, quedan contaminados con hidrocarburos , metales pesados y sustancias químicas, lo que dificulta su reutilización. “El problema es que esa agua ya no se recupera. Se inyecta con químicos, con presión, y cuando sale viene con hidrocarburos, con metales pesados. Esa agua ya está contaminada y no se puede reutilizar. Entonces no solo es cuánta agua usas, sino que la pierdes”, señala. Otro aspecto es la incertidumbre inherente a la exploración geológica, pues a pesar de estudios que pueden prolongarse por años, no existe certeza absoluta sobre la presencia o volumen de hidrocarburos . “Nunca tienes certeza al 100%. La tierra es muy caprichosa. Aunque tengas todos los estudios, puede haber fracturas que no estén mapeadas y cuando rompes la roca, esas fracturas pueden conectar con acuíferos. De repente puedes tener gas o petróleo en un pozo de agua mucho más arriba. Eso ya ha pasado”, detalla.
Beneficios limitados, costos prolongados México tiene mejores alternativas, México generó la energía solar más barata del mundo en 2017 podemos regresar a ello, no es imposible para México tener mejores alternativas a través de renovables, porque eso está haciendo el resto del mundo.
El experto suma otro impacto climático, pues sostienen que el fracking no solo afecta agua y suelo, sino también el calentamiento global. «El gas que se busca extraer es metano, y el metano tiene hasta 86 veces mayor capacidad de calentar el planeta que el CO2 en sus primeros años. Apostar por desarrollar fracking es apostar a incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero”, afirma. Más allá de los impactos ambientales se suma un cuestionamiento económico y es que lejos de garantizar autosuficiencia, los especialistas advierten, que los beneficios del fracking no convencional podrían ser limitados y temporales. “Por más que se extrajera todo el gas del subsuelo mexicano, no sería suficiente para cubrir ni siquiera la demanda actual”, señala Alejandra Jiménez, de la Alianza contra el Fracking. Salazar Méndez coincide que el fracking no representa una solución estructural. “Puede ser un nuevo pico de producción, pero es temporal. Si te va bien, a lo mejor dura 10 o 15 años y después vuelve a caer. No es la gran panacea que va a sostener la producción por décadas”, explica. Al respecto, señalan los expertos existen alternativas de garantizar la soberanía energética del país. El geólogo Salazar Méndez propone mirar alternativas como la energía geotérmica, especialmente viable en México por su actividad volcánica, y reconsiderar la energía nuclear bajo estándares modernos. Mientras que Beatriz Olivera insiste en la necesidad de cambiar el enfoque. “Se tiene que apostar por la eficiencia energética, por diversificar fuentes y no seguir pensando que la única solución es generar más energía a partir de combustibles fósiles”, afirma.
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