Ya se puso en marcha la Escuela para Mandos en la Academia Nacional de Seguridad Pública. El objetivo es claro y forma parte de la Estrategia Nacional de Seguridad, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum. En palabras de la mandataria, se busca formar a los mejores secretarios de seguridad del país. Por su parte, Omar García Harfuch ha señalado que esta iniciativa pretende homologar, por primera vez, la formación entre Fuerzas Armadas, la Secretaría de Seguridad y el Centro Nacional de Inteligencia. En resumen: profesionalizar a quienes encabezan las instituciones de seguridad y mejorar la coordinación con los estados.

La policía todavía está desprotegida

La profesionalización —entendida como la capacidad de traducir conocimiento en acción— es necesaria para avanzar hacia procesos de pacificación. Pero no es suficiente. Sin dignificación laboral y con un mermado estado de fuerza, la profesionalización difícilmente se traducirá en resultados. Esto es especialmente relevante en el ámbito local, donde se administra la violencia cotidiana. La dignificación laboral es el primer pendiente. Los datos más recientes del INEGI muestran una realidad difícil de sostener: al cierre de 2024, en México no existía una sola prestación laboral que se otorgara de manera universal a las policías municipales, ni siquiera el salario. Hay 64 policías que no reciben paga. No es el número, es lo que revela: la normalización de vulnerar derechos básicos. En realidad, la precariedad está mucho más extendida. Más de la mitad de los policías municipales perciben menos de 15 mil pesos mensuales, por debajo del estándar mínimo sugerido por el propio Gobierno federal. En estas condiciones, es difícil pensar que la policía municipal pueda consolidarse como el primer dique de contención frente a la inseguridad. Sin ingresos dignos ni certidumbre laboral, no hay incentivos para construir carreras profesionales. Lo que hay es rotación, debilitamiento institucional y desprotección frente a la cooptación criminal. Corregirlo implica más que subir salarios. Se requiere un sistema de carrera policial con estabilidad, prestaciones completas y reglas claras de ingreso y ascenso. También estándares nacionales obligatorios, financiamiento que permita a los municipios cumplirlos, incentivos materiales, fondos condicionados y monitoreo efectivo. La ruta es conocida y México Evalúa la detalla en su estudio “Policía desprotegida: Ruta para su Dignificación laboral” .

Tampoco hay suficientes policías

La segunda dimensión crítica es el estado de fuerza. De acuerdo con el mismo censo del INEGI, en México existían 164,224 policías municipales en 2024 (excluyendo Ciudad de México y Tamaulipas), lo que equivale, en promedio, a 1.4 policías por cada mil habitantes. Esta cifra se encuentra por debajo de los 1.8 recomendados en el Modelo Óptimo de Función Policial. Dicho de otro modo: las policías municipales no cuentan con el número mínimo de elementos para cubrir las demandas de seguridad de su población. Sin embargo, el problema no se agota en la brecha frente al estándar. Ese número es, en sí mismo, insuficiente para orientar la política pública. Estados con realidades delictivas profundamente distintas —como Yucatán, Sinaloa o el Estado de México— presentan proporciones similares de policías por habitante. Esto sugiere que no existe un parámetro único que capture adecuadamente las necesidades reales de seguridad en cada territorio. La demanda de servicios policiales no es homogénea, y por tanto, la oferta tampoco debería serlo. Aun con esas limitaciones, contar con un umbral mínimo de fuerza es indispensable para que la profesionalización y la dignificación tengan efectos reales. No se puede profesionalizar lo que no existe en número suficiente, ni generar incentivos de carrera en instituciones que operan en permanente sobrecarga. Cuando el estado de fuerza es insuficiente, los policías trabajan en condiciones de saturación, con jornadas extendidas y alta exposición al riesgo. Esa realidad erosiona cualquier esfuerzo de capacitación y desincentiva la permanencia. Sin masa crítica de personal, la formación de mandos y la mejora de condiciones laborales difícilmente se traducen en mejores capacidades institucionales. Por ello, es necesario ajustar la forma en que se calcula el número de policías. Más que replicar estándares generales, se debe vincular la oferta con la demanda real de servicios, estimada a partir de las llamadas al 911. Esto permite dimensionar la carga de trabajo y definir el número de elementos necesarios bajo criterios de cobertura y tiempos de respuesta.

Este enfoque permite encontrar un punto de equilibrio entre demanda y oferta, ajustado a cada municipio. Además, reconoce algo clave: mejores condiciones laborales ayudan a retener y atraer policías, lo que fortalece el estado de fuerza. Dignificación y expansión no son agendas separadas, sino parte de la misma solución. Si la Escuela para Mandos busca formar a los mejores perfiles, la pregunta es en qué instituciones van a operar. Sin policías suficientes y sin condiciones dignas, la profesionalización corre el riesgo de quedarse en el discurso. _____ Nota del editor: Armando Vargas (@BaVargash) es doctor en Ciencia Política, profesor de posgrado en la UNAM y coordinador del programa de seguridad pública de México Evalúa (@mexevalua)

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