La sequía de poder de Fernando Tatis Jr. ha comenzado a convertirse en una de las historias más llamativas del arranque de la temporada 2026 de MLB.

El estelar jardinero de los Padres inició la jornada de ayer sin conectar cuadrangular desde el 28 de septiembre de 2025 y actualmente atraviesa la racha más extensa de su carrera sin volarse la verja en las Grandes Ligas, con 29 partidos.

En ese tramo acumula 125 apariciones al bate sin jonrón, acercándose peligrosamente a su peor seguidilla reciente, cuando entre el 25 de julio y el 24 de agosto de 2025 registró 132 apariciones sin desaparecer la pelota.

Más revelador aún es el contexto: cinco de las seis rachas más largas sin cuadrangular en la carrera de “El Bebo” han ocurrido desde el 21 de abril de 2025, lo que sugiere una tendencia sostenida y no un simple bache pasajero.

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Al inicio de la jornada de ayer, presenta una línea ofensiva de .257/.336/.295 en 28 partidos, con siete bases robadas, cuatro dobles y 12 carreras impulsadas.

Un OPS muy bajo

Su OPS de .631 y OPS+ de 78 reflejan un rendimiento muy por debajo del promedio de la liga, una caída notable para un jugador que registró OPS de .969 (2019), .937 (2020) y .975 (2021), antes de su suspensión por uso de sustancias prohibidas en 2022.

Desde entonces, su producción ha mostrado altibajos: .770 en 2023, .833 en 2024 y .814 en 2025.

Posibles causas

Las posibles causas de esta sequía de poder parecen estar más ligadas a su perfil de contacto que a una falta de fuerza. 

De hecho, Tatis conecta la pelota con más autoridad que nunca: el 67.1 % de sus batazos supera las 95 millas por hora, el porcentaje más alto de su carrera. Sin embargo, esa potencia no se está traduciendo en extrabases, y la razón principal parece estar en el ángulo de salida.

La mitad de sus conexiones en 2026 han sido rodados, el porcentaje más elevado de su trayectoria, mientras que apenas un 26.9 % han sido elevados, su marca más baja dice Savant. En otras palabras, golpea fuerte, pero hacia el suelo, algo letal para la producción de cuadrangulares.

Además, su distribución de contacto también ha cambiado. Está utilizando más la banda contraria que nunca (34.2 %), mientras que sus batazos hacia su lado natural han caído a un 27.8 %, otro mínimo en su carrera.

A esto se suman los 30 ponches, una frecuencia que limita aún más sus oportunidades de producir daño consistentemente.