La fascinación del ser humano por la velocidad no es algo nuevo, pero el cine encontró la forma perfecta de transformar esa obsesión en un espectáculo total. El sonido de un motor de ocho cilindros, el destello de la carrocería bajo las luces de la ciudad y la tensión de una aguja rozando la zona roja del tacómetro son elementos que despiertan una adrenalina inmediata. A lo largo de la historia de la cinematografía, directores y productores han buscado la manera de meter al espectador en el asiento del piloto, logrando que sintamos la inercia de cada curva y el peligro de la alta competencia en la comodidad de la sala.

Este género ha evolucionado de manera notable. Pa…

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