A semanas de que inicie formalmente la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el sector agroalimentario mexicano enfrenta un escenario de fragilidad marcado por la violencia en zonas rurales, incertidumbre regulatoria, recortes presupuestales, tensiones comerciales con Estados Unidos y riesgos climáticos que amenazan la producción. Empresarios, especialistas en geopolítica y exnegociadores del tratado coincidieron que el campo mexicano llega a esta nueva etapa del acuerdo comercial en una posición vulnerable , pese al éxito exportador que convirtió al país en el principal proveedor agroalimentario de Estados Unidos.
Inseguridad y crimen organizado: la amenaza sobre el campo
“Hoy el 80% de las exportaciones agroalimentarias de México dependen de Estados Unidos. Esto es una oportunidad, pero también una debilidad, porque cuando tú tienes un cliente al que depende de ti, del 80%, pues te puede mangonear, como de alguna manera hemos visto que están haciendo”, advirtió Jorge Esteve Recolons, presidente del Consejo Nacional Agropecuario. El dirigente recordó que el campo mexicano pasó de exportar menos de 4,000 millones de dólares antes del TLCAN a 55,000 en años recientes. El sector agroalimentario mexicano mantiene al día de hoy una fuerte presencia en el mercado de Estados Unidos, impulsado por productos de alto valor y creciente demanda. Entre las principales exportaciones destacan el aguacate, con ventas por 3,927 millones de dólares; las berries, con 3,870 millones; y el jitomate, con 2,358 millones de dólares. Factores como la cercanía geográfica, la integración comercial bajo el T-MEC y la capacidad productiva del campo mexicano han permitido que estos productos se posicionen de manera estratégica en el mercado estadounidense. Sin embargo, Esteve Recolons señaló que la relación comercial atraviesa una etapa marcada por presiones políticas y medidas proteccionistas desde Washington, encabezadas por el presidente Donald Trump. Trump ha acusado a México de ser “epicentro de la violencia de los cárteles”, un mensaje que es interpretado como un mecanismo de presión hacia el país, lo que se sumó a las amenazas arancelarias para que México combata el tráfico de fentanilo y contenga la migración, fenómenos que el presidente estadounidense califica como una amenaza para su país. Uno de los temas que más preocupa al sector es el impacto que la violencia tiene en las actividades agropecuarias. Jorge Esteve alertó que el crimen organizado se convirtió en un obstáculo estructural para el desarrollo rural y para atraer nuevas generaciones al sector. “El crimen organizado para el campo ha sido un dolor de cabeza. Los agricultores mexicanos se caracterizan por ser exitosos, por estar en sus tierras trabajando. Hoy mucha gente ya no quiere arriesgar su vida”, agregó. La violencia ligada al crimen organizado ha afectado de manera directa a productores, jornaleros y empresarios del sector agropecuario. En marzo, Jorge Esteve y Luis Fernando Haro, representantes del Consejo Nacional Agropecuario, advirtieron que la extorsión ya no solo golpea a productores, sino también a transportistas y otros eslabones estratégicos de la cadena logística. Los representantes del organismo señalaron que el problema de inseguridad se ha extendido a diversas zonas productivas del país, donde además se han reportado cobros ilegales, amenazas y robo de mercancías. En febrero, dos productores de aguacate fueron acribillados en un ataque armado en la comunidad de San Antonio Alpanocan, en el municipio de Tochimilco, al sur de Puebla, una región reconocida por su actividad agrícola. En Chihuahua también se han documentado ataques contra empresarios y productores. En mayo fue asesinada la empresaria y ganadera Lina Alejandra Rodríguez Castillo, quien era secretaria general de Mujeres Ganaderas de México. Días antes también fue asesinado Gerardo López Palacios, quien era vocal y gerente de operaciones de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua, y que además era integrante de la Asociación Ganadera Local Especializada de Ganado de Registro de Razas Puras.
Senasica, bajo presión por recortes y crisis sanitaria
Al respecto, Bosco de la Vega, expresidente del CNA y uno de los protagonistas de la renegociación del T-MEC durante el primer gobierno de Donald Trump, coincidió en que la inseguridad será inevitablemente un factor dentro de la relación bilateral con EU. Juan Cortina, vicepresidente de Asuntos Internacionales del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y expresidente del CNA, reconoció que la agenda de seguridad y narcotráfico influirá directamente en la revisión comercial. “Difícilmente nos van a solucionar la parte comercial si no están ellos contentos con lo que pase en seguridad y migración”, dijo. Otra de las principales preocupaciones del sector es la reducción presupuestal al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), en momentos en que México enfrenta brotes sanitarios y crecientes exigencias internacionales. Jorge Esteve aseguró que el presupuesto del organismo cayó más de 50% y alertó que la situación compromete el acceso a mercados internacionales. “La salud del campo es fundamental. Nos abre mercados”, sostuvo. Como ejemplo, mencionó el impacto del gusano barrenador, que mantiene restricciones en el comercio ganadero y ya acumula pérdidas cercanas a 2,000 millones de dólares para productores mexicanos. “Prevenir cuesta uno, arreglar cuesta diez y una falla catastrófica cuesta cien”, afirmó.
El riesgo de la “estacionalidad” en la revisión del T-MEC Cambio climático y estrés hídrico agravan vulnerabilidad La revisión del T-MEC será larga
En tanto que Juan Cortina coincidió en que fortalecer al Senasica será indispensable para preservar la competitividad agroexportadora. “No nada más es para exportaciones; también es para garantizar la sanidad y la inocuidad de los alimentos en México”, explicó. La crisis sanitaria provocada por el avance del gusano barrenador en México ha expuesto el debilitamiento operativo del Senasica, en medio de recortes presupuestales y fallas en los mecanismos de inspección ganadera. Más de un año después de la reaparición de la plaga en México, autoridades sanitarias han reconocido irregularidades en la emisión de certificados zoosanitarios, la reducción de personal especializado y deficiencias en la vigilancia epidemiológica, factores que facilitaron la expansión del parásito en estados del sur y sureste del país. El impacto sanitario ha escalado durante los últimos meses. Desde noviembre de 2024, México ha acumulado más de 11,000 casos de gusano barrenador en animales —principalmente bovinos, aunque también se han detectado infecciones en caballos, cerdos y borregos—. Datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica señalan que durante la primera semana de mayo se confirmó en la Ciudad de México el primer caso de infestación por gusano barrenador en humanos. Mientras que al corte del 22 de mayo, el país acumula 235 casos de miasis, cifra que supera en 118 contagios el total registrado durante todo 2025, cuando se documentaron 117 casos. Uno de los temas que más inquieta al sector agroalimentario es que Estados Unidos impulse mecanismos de “estacionalidad” dentro del tratado, una figura que permitiría limitar importaciones mexicanas de productos frescos durante ciertas temporadas para proteger a productores estadounidenses. Bosco de la Vega recordó que esa discusión ya estuvo presente durante la renegociación del T-MEC y advirtió que ahora vuelve con fuerza, impulsada por agricultores de estados políticamente estratégicos como Florida y Georgia. “El principal reto para el campo mexicano será la estacionalidad”, afirmó. El antecedente más reciente es el jitomate. Tras la imposición de aranceles compensatorios por parte de Estados Unidos, México redujo sus exportaciones y el precio del producto prácticamente se duplicó en supermercados estadounidenses. “El gran perdedor es el consumidor americano”, sostuvo Esteve. Juan Cortina explicó además que los productores estadounidenses ya buscan incluir nuevos productos mexicanos en investigaciones comerciales, como pepino, pimiento y berries. Durante un seminario organizado por el Consejo Nacional Agropecuario, alertaron también de los efectos del cambio climático sobre la producción agrícola mexicana, particularmente por la llegada de fenómenos extremos como “El Niño”. Jorge Esteve advirtió sobre sequías severas en el norte y oeste del país, menores rendimientos en cultivos estratégicos y creciente presión sobre la disponibilidad de agua. “El cambio climático es una realidad y quienes más lo sufren son los productores del campo”, señaló. Además, sostuvo que México carece de una estrategia clara de seguridad alimentaria frente a futuras crisis globales. “La seguridad alimentaria es seguridad nacional”, insistió. Esta semana comenzaron las reuniones bilaterales con funcionarios de alto nivel de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, señaló que la agricultura ocupará un lugar central en las próximas rondas . Ebrard recordó que México y Estados Unidos mantienen una fuerte complementariedad comercial en productos agroalimentarios, por lo que ambos gobiernos deben proteger el libre comercio agroalimentario . Los exnegociadores coincidieron en que la revisión del tratado no concluirá rápidamente y puede extenderse por años. Francisco de Rosenzweig, exsubsecretario de Comercio Exterior, afirmó que el entorno comercial dejó atrás la lógica de libre mercado y hoy está dominado por disputas geopolíticas, subsidios y barreras comerciales. Sostuvo que el tiempo juega a favor de México, especialmente ante el desgaste político de Trump y el proceso electoral estadounidense. Sobre el equipo con el que el Gobierno de México irá a la revisión del T-MEC, el sector también expresó tener algunas reservas. Bosco de la Vega señaló que hoy no existe una estructura tan sólida como el “cuarto de junto” que operó en procesos anteriores. “Sí veo voluntades de querer hacer algo, pero no veo una formalidad como la que vivimos”, sostuvo. Recordó que durante las negociaciones previas existían mesas técnicas permanentes entre el gobierno y el sector privado, con especialistas por industria y seguimiento diario de cada ronda. “Había una estructura formal en Economía; acabando las rondas en la noche, al día siguiente ya había reuniones. Eso no lo veo hoy”, afirmó. Pese a ello, reconoció perfiles clave dentro del actual equipo negociador, entre ellos el secretario de Economía, Marcelo Ebrard; el exsecretario de Agricultura, Julio Berdegué; la empresaria Altagracia Gómez como enlace con la iniciativa privada; así como Juan Cortina y Jorge Esteve desde el sector agroalimentario. “Tenemos gente muy valiosa, pero no tenemos la riqueza que teníamos en cada una de las mesas de trabajo”, añadió. Francisco de Rosenzweig también defendió la necesidad de reconstruir mecanismos de coordinación estrecha entre el gobierno y las empresas. “El sector privado contribuye mucho. Muchas veces te da elementos que no alcanza a ver el funcionario”, explicó. Rosenzweig sostuvo además que el acompañamiento empresarial fue clave en negociaciones anteriores porque permitía identificar riesgos específicos por industria y fortalecer los argumentos técnicos frente a Estados Unidos. Juan Cortina aseguró que el CNA y el Consejo Coordinador Empresarial mantienen comunicación permanente con las autoridades mexicanas y con organizaciones agrícolas estadounidenses y canadienses para defender la continuidad del tratado. “El tiempo está del lado de México”, afirmó, al insistir en que el país no debe aceptar cambios apresurados que incorporen medidas proteccionistas permanentes al acuerdo.
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