La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) colocó al Cártel de Sinaloa (CDS) y al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como prioridad en su lucha en contra del tráfico de fentanilo. La postura fue difundida este jueves por la Embajada de Estados Unidos en México, que compartió en redes sociales un mensaje del director de la DEA, Terry Cole, en el marco de la operación «América libre de fentanilo».
En su mensaje, el funcionario advirtió sobre el impacto que esta droga sintética ha tenido en Estados Unidos y afirmó que la organización concentra sus esfuerzos en combatir a los grupos criminales señalados como responsables de su distribución. «Los cárteles mexicanos, Sinaloa y CJNG, son la prioridad número uno de la DEA. El pueblo estadounidense espera y merece que la DEA elimine esta amenaza, y eso es precisamente lo que estamos haciendo», comentó Cole describió al fentanilo como un fenómeno sin precedentes debido a las consecuencias que ha provocado en miles de personas y comunidades. «Ha destruido familias, ha devastado comunidades y ha puesto a prueba a las fuerzas del orden en todos los niveles. El pueblo estadunidense espera y merece que la DEA elimine esta amenaza y eso es exactamente lo que estamos haciendo», afirmó. El titular de la agencia sostuvo que el combate a esta droga constituye el eje central de la estrategia antidrogas estadounidense. También aseguró que la DEA atraviesa uno de los momentos de mayor coordinación interna para enfrentar esta problemática. De acuerdo con Cole, la DEA ha destinado toda la capacidad de su estructura global para atacar las redes vinculadas al tráfico de fentanilo. Indicó que, desde el inicio de la administración del presidente Donald Trump, las autoridades estadounidenses han decomisado más de 14,000 kilogramos de esta sustancia y más de 62 millones de pastillas, una cantidad equivalente a más de 478 millones de dosis potencialmente letales.
Con el lanzamiento de la Estrategia Nacional para el Control de Drogas 2026, el gobierno de Donald Trump dio un giro a la política antinarcóticos de Estados Unidos, pues declara que la crisis de fentanilo constituye una “guerra química” de los cárteles del narcotráfico contra la población estadounidense. Esto abre la puerta al uso de herramientas jurídicas y operativas diseñadas para hacer frente al terrorismo. La estrategia sostiene que las muertes por sobredosis no son accidentes, sino el resultado de organizaciones criminales transnacionales y organizaciones terroristas extranjeras que están «envenenando deliberadamente a millones de estadounidenses”. El gobierno estadounidense compara el impacto de las drogas con el de un conflicto armado, señalando que en los últimos cinco años las muertes por sobredosis han superado las pérdidas militares combinadas de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y las guerras de Corea, Vietnam, Irak y Afganistán.
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