Desde intercambios improvisados en los recreos escolares hasta pequeños puestos instalados en las banquetas , la fiebre por completar el álbum oficial del Mundial 2026 de Panini ha transformado la rutina de cientos de niños y de sus familias, también contagiadas por la pasión mundialista. A dos semanas del inicio de la Copa del Mundo, las estampas del álbum se han convertido en moneda de cambio, motivo de convivencia y hasta una oportunidad de emprendimiento para algunos menores que buscan completar una colección histórica de 980 estampas, la más grande que ha lanzado Panini .

En la colonia Argentina Poniente, al norte de la Ciudad de México, un niño decidió sacar provecho de las estampas repetidas que acumuló mientras llenaba su álbum. Afuera de su casa colocó una pequeña mesa, abrió un maletín lleno de cromos y pegó un letrero escrito a mano: «Se venden estampas». Cada tarde recibe a otros niños que llegan con monedas buscando las estampas que aún no logran conseguir. Lo que comenzó como una forma de recuperar parte de la inversión realizada por su familia terminó convirtiéndose en un pequeño negocio vecinal impulsado por la pasión mundialista. Historias como la suya se repiten en distintos puntos de la ciudad. En las escuelas, los recreos se han transformado en auténticos centros de intercambio. Los estudiantes negocian sus estampas con el fin de terminar su álbum. La dinámica también ha alcanzado a los padres de familia. Muchos recorren supermercados, farmacias, tiendas de conveniencia y puestos de periódicos en busca de sobres que se han vuelto cada vez más difíciles de conseguir. La alta demanda ha provocado problemas de abastecimiento en distintos puntos de venta. Como documentó Expansión a principios de junio , aficionados reportaron escasez de sobres en cadenas comerciales, lo que impulsó el regreso de los intercambios presenciales y abrió espacio para la reventa e incluso la circulación de estampas pirata.

Alexander, de coleccionista a experto en estampas mundialistas

La falta de sobres y estampas del álbum ha llevado a los coleccionistas a buscar alternativas. Una de ellas está en la explanada de Bellas Artes, donde desde hace varias semanas se reúnen decenas de personas para intercambiar estampas, monedas conmemorativas, figuras coleccionables y otros artículos relacionados con el futbol. Entre los asistentes está Alexander, de 14 años, quien viaja desde Tlatelolco hasta Bellas Artes para participar en estas jornadas de intercambio. Quienes frecuentan la explanada ya lo identifican por una maleta morada que arrastra entre los puestos improvisados. Ahí guarda estampas Panini y Choca Locoz —figuras coleccionables con licencia oficial de la Copa Mundial de la FIFA—.

Esa maleta forma parte de su historia. La compró con parte de las ganancias obtenidas en la compraventa de estampas, una actividad que comenzó casi por casualidad. Su afición nació durante el Mundial de Qatar 2022, cuando decidió completar por primera vez un álbum mundialista. Cuatro años después, con el apoyo económico que recibe a través de una beca escolar, convenció a sus padres de destinar una parte de ese dinero a la compra de sobres. Primero adquirió algunos paquetes. Después compró una caja completa. Cuando logró llenar el álbum se encontró con decenas de estampas repetidas y decidió intentar venderlas para recuperar parte de la inversión. «Empecé con el dinero de mi beca», cuenta mientras acomoda cuidadosamente sus productos sobre una jardinera. Al principio acudía a los intercambios acompañado por sus padres. Con el tiempo ganó confianza y comenzó a asistir por su cuenta. Lo que parecía un simple pasatiempo terminó convirtiéndose en una actividad que hoy ocupa buena parte de sus fines de semana y vacaciones. La apuesta funcionó. «Un día vine y saqué como 2,000 pesos», relata. Desde entonces acude regularmente a Bellas Artes. Sale temprano de su casa, aborda el transporte público con su maleta morada y llega a la explanada antes de que muchos vendedores instalen sus puestos. Ahí pasa horas intercambiando, comprando y vendiendo artículos de colección. En sus mejores jornadas asegura haber obtenido hasta 6,000 pesos. Con esos ingresos no solo ha recuperado lo invertido en sobres y cajas, también ha ampliado su colección, como el álbum de Choca Locoz que logró completar en solo dos días. Pero el dinero es solo una parte de la historia. Con el paso de los años, Alexander es ya prácticamente un especialista dentro de la comunidad de coleccionistas que se da cita en Bellas Artes. Sabe cuáles son las estampas más difíciles de conseguir, cuáles aumentan de valor conforme avanza el torneo y cuáles son las piezas que despiertan auténticas disputas entre aficionados. También aprendió algo más importante: distinguir una estampa auténtica de una falsificación. Por sus manos han pasado cientos de estampas y algunas de las piezas más codiciadas de la colección. Cuando alguien llega con una ficha difícil de encontrar, especialmente de figuras como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Kylian Mbappé y que alcanzan un precio de más de 1,000 pesos, el adolescente interrumpe cualquier conversación para revisarla. La toma con cuidado entre los dedos. Observa el brillo del papel. Examina los colores. Revisa la impresión y los bordes. Después la acerca a su rostro. La huele. La toca nuevamente. La gira una y otra vez bajo la luz y solo entonces decide si es auténtica. «Ya sé más o menos cuándo una es original y cuándo no», explica. No es una manía. Conforme avanzó el Mundial y aumentó la escasez de sobres, también comenzaron a circular clones entre los coleccionistas. «No faltan los que quieren vender copias», comenta. Por eso aprendió a detectar pequeñas diferencias en la textura del papel, la intensidad de las tintas, la calidad de impresión, el acabado de los hologramas e incluso el olor de la tinta. Son detalles casi imperceptibles para un aficionado ocasional, pero evidentes para alguien que pasa horas revisando estampas cada fin de semana. A su alrededor se forman pequeños grupos de coleccionistas que le preguntan precios, le muestran cromos para conocer su opinión o buscan consejo antes de cerrar algún trato. Aunque tiene apenas 14 años, se mueve entre los puestos con la confianza de quien conoce perfectamente las reglas de ese mercado informal y con el reconocimiento de otros coleccionistas que ya lo consideran uno de los suyos. Su puesto forma parte de una comunidad que desde las últimas semanas reúne diariamente a niños, adolescentes y adultos. Algunos buscan completar el álbum oficial; otros intercambian monedas, tarjetas especiales o muñecos coleccionables. También llegan turistas y coleccionistas extranjeros que recorren los puestos improvisados con la esperanza de encontrar las piezas que les faltan. La explanada de Bellas Artes se ha convertido así en una especie de mercado mundialista donde conviven generaciones distintas unidas por la misma obsesión: llenar los espacios vacíos del álbum. La pasión no es casual. La edición del Mundial 2026 es la más ambiciosa en la historia de Panini. La colección incluye 980 estampas gracias a la expansión del torneo a 48 selecciones y tiene el potencial de convertirse en una de las más vendidas de todos los tiempos. Pero más allá de las cifras, el fenómeno ha recuperado una práctica que parecía desplazada por las pantallas. Los niños vuelven a reunirse cara a cara para intercambiar, negociar y convivir. Aprenden a administrar dinero, a valorar objetos escasos y, en algunos casos, descubren sus primeras experiencias de emprendimiento.

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