Cuatro personas murieron aplastadas en las calles aledañas al Ángel de la Independencia la madrugada del 1 de julio, mientras el país celebraba el pase de México a la siguiente ronda del Mundial 2026. Antes de exigir responsables, hay que decir con honestidad lo que sí sabemos y lo que todavía no: la Fiscalía capitalina investiga las circunstancias exactas de los decesos, y no existe aún un dictamen público sobre la secuencia precisa que provocó la compresión de la multitud. Lo que sigue es análisis de patrón operativo, no un veredicto judicial anticipado.

Un operativo grande no es un operativo inteligente La física no negocia con el protocolo El testimonio que la autoridad no ha desmentido

El Gobierno de la Ciudad de México desplegó más de 10,000 elementos esa noche —4,200 policías en Paseo de la Reforma, 3,300 en el Zócalo, 291 en los Festivales Futboleros—, además de filtros de alcohol, cierre de estaciones de Metro y casi 60 puntos alternos de transmisión. En volumen, el operativo fue considerable. Pero el manejo de multitudes no se mide en número de uniformados: se mide en si existió, o no, un mecanismo capaz de cerrar el acceso a un espacio saturado antes de que la densidad se volviera letal. Con la información disponible hasta ahora, ese mecanismo no operó, o no operó a tiempo. La propia jefa de Gobierno, Clara Brugada, reconoció que la afluencia posterior al partido «superó lo previsto» y que miles de personas siguieron desplazándose hacia Reforma una vez terminado el encuentro. Reconocerlo es honesto; que haya ocurrido es el problema. Conviene ser preciso en el lenguaje: lo que mata en estos eventos no es «el caos» como abstracción, sino un fenómeno físico bien documentado en la literatura internacional de crowd science —la compresión progresiva o «crowd crush»—, donde la fuerza acumulada de miles de cuerpos empujando en la misma dirección alcanza magnitudes que ninguna persona en el centro de la masa puede controlar por sí misma. Esto no es nuevo ni es exclusivo de México: el Informe Taylor tras Hillsborough (1989) documentó el mismo patrón, y desde entonces la doctrina internacional es clara —el control de densidad en tiempo real y la autoridad de cierre dinámico de accesos no son un lujo técnico, son la diferencia entre una fiesta y una tragedia. No tengo evidencia de que Ciudad de México cuente hoy con un sistema de monitoreo de densidad por cámaras con activación automática de cierre; si existe, no fue suficiente ni oportuno la noche del 30 de junio. Un reportero que quedó atrapado bajo la multitud declaró a un medio nacional que el colapso ocurrió porque «la gente seguía ingresando… nadie restringió el acceso». Es un testimonio individual, no una cifra oficial, y debe tratarse con esa cautela. Pero es exactamente el tipo de señal que una autoridad seria no puede archivar como anécdota: si se confirma, apunta a una falla de mando en el punto exacto donde el protocolo debía activarse y, aparentemente, no lo hizo.

«Saldo blanco» no es el término correcto Lo que viene no admite el mismo error

Hay una segunda falla, esta de comunicación de crisis: calificar la jornada globalmente como exitosa mientras se reportan cuatro muertes es una valoración que no resiste el escrutinio. No cuestiono la intención de las autoridades de acompañar a las familias —lo han hecho— ni la genuina complejidad de gestionar a 1.4 millones de personas. Cuestiono el reflejo institucional de proteger la narrativa del éxito colectivo antes que nombrar con precisión la falla que costó cuatro vidas. México vuelve a jugar el domingo. El patrón de concentración masiva en el Ángel se ha repetido en cada triunfo, con afluencia creciente cada vez, así que el riesgo no es hipotético: es estructural y ya se manifestó. La autoridad anunció que dará a conocer un nuevo protocolo en los próximos días. La pregunta que un consultor de seguridad debe hacer, sin partidismo, es simple: ¿ese protocolo incluirá un aforo máximo explícito, comunicado públicamente, con autoridad operativa real para cerrar el acceso al alcanzarlo? Si la respuesta sigue siendo ambigua para el domingo, la ciudad estará repitiendo, con los ojos abiertos, el mismo experimento que ya costó cuatro vidas. _____ Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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