La irresponsabilidad tiene micrófono: Feinmann y la fábula del narco que decide mundiales
El argentino Eduardo Feinmann afirmó en su programa de Radio Mitre que cinco futbolistas ecuatorianos habían sido amenazados por un cártel mexicano antes del duelo de dieciseisavos de final ante México, con el supuesto propósito de favorecer la clasificación del equipo local.
Lo que Feinmann ignora, o decide ignorar
Lo dijo sin documento, sin fuente identificable, sin una sola prueba verificable. La Federación Ecuatoriana de Futbol (FEF) nunca confirmó tal amenaza; medios ecuatorianos, incluidos periodistas presentes en la delegación, la desmintieron abiertamente en las horas siguientes. Lo único que la FEF reconoció fue una queja por el ruido nocturno en el hotel donde se hospedaba su plantel, un reclamo logístico de otra naturaleza por completo, nada que no suceda en Sudamérica en una eliminatoria mundialista o una Copa América. Quien opina sobre crimen organizado y seguridad de eventos deportivos sin conocer a fondo la arquitectura operativa real del Mundial 2026 construye, en el mejor de los casos, castillos de humo. Este torneo no se protege con buena voluntad: opera bajo un dispositivo de cooperación sin precedente en la historia del FBI, según reconoció públicamente su propio director, quien calificó el operativo como el mayor desafío de seguridad enfrentado por esa agencia. Existe un Centro de Cooperación de Policía Internacional en Leesburg, Virginia, donde más de 200 agentes de decenas de países comparten inteligencia diariamente. Existe una llamada matutina interagencial, conocida como WISLE, donde FBI, FEMA, Seguridad Nacional y diplomáticos revisan cada mañana amenazas, actividad de cárteles y riesgos logísticos. El FBI desplegó analistas en territorio mexicano en coordinación directa con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Esa es la instancia que procesa cualquier indicio creíble de amenaza a una delegación, no la improvisación de un conductor de radio en Buenos Aires.
El silencio que debería pesar más que la denuncia Periodismo sin fuente es propaganda con micrófono Especulación mediática contra hechos operativos
Si cinco jugadores de una selección nacional hubieran recibido amenazas específicas con datos de familiares, como afirmó Feinmann, ese hecho no se quedaría flotando en redes sociales ni sería revelado primero por un comentarista deportivo. Se activaría de inmediato el protocolo de seguridad de delegaciones extranjeras, la FIFA emitiría un comunicado, la cancillería ecuatoriana solicitaría explicaciones formales al gobierno mexicano (con quien tiene relaciones diplomáticas rotas y que sin duda desataría un escándalo), y el Departamento de Estado estadounidense —copartícipe operativo de la seguridad mundialista— tomaría conocimiento inmediato dado que Estados Unidos coordina buena parte de la inteligencia trilateral del torneo. Nada de eso ocurrió. Ni la FIFA, ni la Federación Ecuatoriana, ni autoridades mexicanas ni estadounidenses confirmaron absolutamente nada. Ese silencio institucional, sostenido durante días, no es casualidad ni encubrimiento: es la ausencia de un hecho que nunca sucedió con el nivel de gravedad que Feinmann le atribuyó. El oficio periodístico exige, en temas de seguridad nacional y crimen organizado, un estándar de verificación que Feinmann no aplicó. Afirmar que «parece que está confirmado» no es informar: es especular con la certeza prestada de quien nunca tuvo que rendir cuentas por ello. Cuando un comunicador con alcance regional atribuye a un cártel mexicano la capacidad de amenazar selectivamente a futbolistas extranjeros con información de sus familias, sin citar una sola fuente verificable, no está denunciando: está fabricando una narrativa que criminaliza a un país entero ante audiencias internacionales, en el peor momento posible, con el Mundial en desarrollo. La diferencia entre inteligencia real y rumor de estudio de radio es precisamente la que separa el trabajo de quienes diseñamos y analizamos dispositivos de seguridad de quienes narran el crimen organizado como un personaje de ficción con motivaciones caprichosas. El crimen organizado mexicano tiene lógicas territoriales, económicas y de control social documentadas; no tiene, según la evidencia pública, interés operativo en el resultado de un partido, y menos la capacidad de ejecutar amenazas coordinadas contra una delegación sin que ningún organismo de inteligencia lo detectara.
Una advertencia que debería doler
Difundir acusaciones de esta magnitud sin sustento no es un error menor de un programa de radio: es una forma de violencia simbólica contra un país que, en pleno Mundial, enfrenta ya suficiente escrutinio internacional sobre su seguridad. Feinmann no solo desinformó: exhibió un desconocimiento profundo de cómo opera realmente la seguridad de este torneo y de la magnitud institucional que exigiría una amenaza como la que inventó. El periodismo serio no especula con la reputación de un país ni con el miedo de futbolistas y sus familias. Quien construye audiencia a partir de un cártel imaginario que decide marcadores mundialistas no ejerce periodismo de investigación: ejerce entretenimiento con apariencia de denuncia, y lo hace sin medir el daño reputacional que inflige a millones de connacionales que trabajan honestamente para que este torneo salga bien. Quien lo hace debería, como mínimo, ofrecer una disculpa pública verificable. Hasta el cierre de esta columna, no la ha dado, y ese silencio dice tanto como la acusación original. ____ Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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