Esta semana se realiza la tercera ronda de negociación bilateral entre México y EUA, en el marco de la primera revisión oficial del TMEC. Nuevamente, viene a México el equipo ampliado de USTR (Autoridad Comercial); y su titular, el Embajador Greer, llegará para cerrar la ronda el jueves. El diálogo bilateral en materia comercial ha sido por demás difícil y accidentado desde la llegada de Trump por segunda ocasión a la Presidencia. Particularmente, a partir de la imposición de aranceles el año pasado, en especial los de sección 232 contra sector automotriz, acero y aluminio.

Si bien el resto de aranceles no afectan a la mayoría de los productos mexicanos de exportación que cumplen con el TMEC, la realidad es que los aranceles 232 le afectan a prácticamente el 30% de nuestras exportaciones totales, pegándole al sector más importante y superavitario: el automotriz. Toda esta problemática arancelaria llega justo antes de la primera revisión formal del TMEC estipulada en el texto del tratado, complicando de manera desproporcional lo que ya de por sí sería un proceso completo por naturaleza. La coyuntura arancelaria se suma, con gran peso, al ambiente de tensión que ya se vivía en la relación bilateral por la serie de violaciones al TMEC que durante el sexenio de AMLO cometió México; y las violaciones tanto evidentes como veladas de EUA. En todo este contexto, desde el sexenio anterior y más aún a partir del segundo mandato de Trump, han surgido voces en México con un alto nivel de ingenuidad inexplicable: que EUA con sus molestias con nuestro país finalmente llegará para salvarnos de los malos gobiernos de la 4T. No se puede entender un nivel así de ingenuidad, que está presente en no pocas mesas, conversaciones, reuniones abiertas y cerradas. Pareciera un deseo profundo de los críticos y opositores de la 4T. A pesar de ser, en buen argot inglés, puro “ wishful thinking ”. Incomprensible oír a gente, mayoritariamente de un nivel socioeconómico con acceso a educación y cierto mundo, como algunos empresarios importantes y algunos opinólogos distraídos, esgrimir argumentos para respaldar su fantasía sobre la salvación estadounidense. Esta tendencia empezó desde el sexenio pasado con la llegada de Biden a la Presidencia, ante la serie de terribles decisiones del Obradorato. Se pensaba que EUA impondría el valor de la institucionalidad del Tratado para hacer que México corrigiera. Nunca pasó.

Biden, a su más puro estilo pusilánime de gobernar, fue bastante débil en sus intentos de hacer que nuestro gobierno rindiera cuentas, por ejemplo, en materia energética. A pesar de las afectaciones a inversionistas de EUA, ni siquiera se atrevió su gobierno a pedir un panel al respecto. Con el cambio de sexenio en 2024 en México, y la andanada de reformas constitucionales profundamente regresivas para México, como la judicial y la de órganos autónomos, muchos críticos de la 4T tuvieron esperanzas renovadas en EUA, sobre todo a partir de la victoria de Trump. Quienes tanto se ilusionaron con que EUA nos salvaría de la 4T, no supieron entender que ni Biden ni Harris tenían la capacidad de tener control sobre los crecientes y preocupantes problemas de su propio país, al grado que con sus errores le dejaron camino libre al regreso histórico de Trump. Y evidentemente, tampoco han sabido leer el ambiente político actual de EUA, y las ambiciones trumpianas de centralismo autoritario y control del poder. Lo que menos le preocupa es una regresión democrática en México, cuando trae una ambición tan similar a la de AMLO. A estas alturas, debería quedar claro que EUA no nos salvará de los embates 4Tistas al sistema electoral, ni de su destrucción del poder legislativo como contrapeso, ni mucho menos del desmantelamiento del poder judicial. Mucho menos su Presidente actual, que abiertamente ha buscado debilitar el sistema electoral de EUA con intentos como poner barreras a la validez de votos por correo, o las iniciativas de su partido en los estados que gobiernan para maximizar el famoso y antidemocrático “ gerrymandering ” (redistritación) para quitar distritos a los Demócratas, que juegan a lo mismo en sus estados. Al parecer los ingenuos en nuestro país tampoco han visto el nivel de cooptación que tiene el actual gobierno sobre su Suprema Corte, con decisiones históricas de regresión de derechos sociales que parecían ya conquistados, y el otorgamiento de mayores facultades al Ejecutivo.

Tampoco parecen ver la impunidad de muchas autoridades de seguridad, ante crecientes violaciones al marco legal, como las excesivas detenciones de ICE, incluso asesinando personas al amparo de la política migratoria, a pesar de que muchas de esas personas son ciudadanas legales. No ven cómo la actual administración trumpiana ha marginado totalmente a su poder legislativo, abusando de las facultades del ejecutivo, e ignorando cualquier posible función de vigilancia o contrapeso ante un congreso con mayoría republicana. Ni se percatan de que el actual gobierno de EUA es aún más displicente con su sector empresarial que lo que muchos acusan del gobierno en México. Hay un distanciamiento histórico, casi rompimiento, entre el empresariado y las autoridades de aquel país. Y aquellos ingenuos en México que desean una invasión de EUA, además de aplicarles el señalamiento 4Tista de traición a la patria, no han visto han visto los ejemplos recientes de Venezuela o Irán, donde lejos de salvarlos están perpetuando sus sistemas autoritarios. No se está entendiendo a nuestro vecino del norte, su profunda crisis democrática e institucional, y el inusitado nivel de cinismo de su actual gobierno, por estar tan enojados con la 4T. Lo que realmente es incomprensible de esos ingenuos en México es ¿por qué esperamos que EUA nos salve? ¿Por qué no, mejor, asumimos que no estamos a la altura de los retos de México y empezamos a hacer lo que nos corresponde para recuperar el rumbo? O no hay un interés genuino, o se tienen demasiados intereses, o simplemente es más fácil fantasear que hacer. Mientras tanto, seguiremos en caída libre. _____ Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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