La captura de Ismael “El Mayo” Zambada abrió una de las mayores crisis diplomáticas entre México y Estados Unidos durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Para Ken Salazar, entonces embajador estadounidense en México, el operativo que llevó al líder del Cártel de Sinaloa a territorio estadounidense no solo representó un golpe histórico contra una organización criminal; también significó el quiebre de una relación política que, hasta entonces, había tenido acceso privilegiado a Palacio Nacional. “No era nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra operación”. Con esa frase, Ken Salazar buscó explicar al presidente López Obrador que el Gobierno de Estados Unidos no participó en el secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada ocurrido el 25 de julio de 2024. Sin embargo, según relata en sus memorias, la explicación no evitó que la relación cambiara.
“Aunque yo seguía siendo el embajador de Estados Unidos en México, la puerta abierta de la que había disfrutado con el presidente mexicano parecía haberse cerrado de golpe”, cuenta en el primer capítulo de su libro Fronteras: Mi lucha por una América inclusiva. En las 389 páginas de la obra, publicada esta semana, Salazar reconstruye desde su perspectiva los momentos posteriores a la captura de uno de los hombres más buscados por Estados Unidos, relata cómo recibió la noticia, sostiene que Washington no participó en el operativo y describe cómo ese episodio transformó su relación con López Obrador. Además, dedica un apartado a la estrategia de seguridad del gobierno mexicano anterior y a las tensiones que marcaron la cooperación bilateral en materia de combate al crimen organizado.
La traición y el secuestro de “El Mayo” Aunque en las últimas semanas se reveló que agentes del FBI participaron en la extracción de “El Mayo”, en sus memorias Ken Salazar sostiene que el Gobierno de Estados Unidos no intervino en el operativo que llevó a la captura del líder criminal. El exfuncionario relata que, a bordo del avión turbohélice Beechcraft King Air, viajaban el piloto y otros dos hombres, estos últimos considerados objetivos de alto valor del Cártel de Sinaloa. “Uno de estos pasajeros viajaba voluntariamente. El otro, sin duda, no”, dice en referencia a Zambada. El relato de Salazar coincide con la versión de “El Mayo” en el sentido de que fue traicionado para ser llevado a Estados Unidos. “A pesar de ser uno de los criminales más buscados por el FBI y con una recompensa de 15 millones de dólares por su cabeza, ‘El Mayo’, a sus setenta y seis años, era el último de la vieja guardia, un monumento viviente al despiadado ascenso del cártel al poder. Y allí estaba, siendo utilizado como moneda de cambio por la fiscalía, a manos de su ahijado, en lo que parecía ser un acto de traición monumental. De hecho, fue una traición digna de un narco-thriller televisivo”, cuenta.
Salazar afirma que, a través de funcionarios del Gobierno de México, conoció cómo se gestó la traición contra Zambada. Según su relato, la mañana del 25 de julio Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, llevó a “El Mayo” a una reunión en Culiacán donde supuestamente se resolvería una disputa relacionada con el financiamiento de la Universidad Autónoma de Sinaloa. “Cuando ‘El Mayo’ entró en la sala de conferencias, con la mesa puesta con flores y un banquete, fue emboscado, derribado al suelo, esposado, encapuchado y sedado a la fuerza”, relata. El exembajador añade que, una vez que agentes estadounidenses detuvieron al hijo de “El Chapo” y abordaron la aeronave, descubrieron que había un pasajero más. “Los agentes abordaron cuidadosamente el avión y encontraron a una figura fuertemente sedada y atada con bridas de plástico en su asiento. Para su sorpresa, se trataba de Ismael ‘El Mayo’ Zambada García, el legendario cofundador del Cártel de Sinaloa, quien había eludido la captura durante más tiempo”, cuenta.
La molestia de AMLO Salazar relata que esa misma tarde, en su calidad de embajador de Estados Unidos, se enteró de la detención de dos integrantes del Cártel de Sinaloa, una noticia que, asegura, “fue una completa sorpresa”. “Durante años, había solicitado al gobierno mexicano la captura y extradición de estos y muchos otros importantes miembros del cártel a Estados Unidos para que fueran juzgados en tribunales estadounidenses. Con algunas excepciones notables, el gobierno mexicano había demorado estos esfuerzos. Ahora, de repente, Estados Unidos tenía bajo custodia a dos de estos importantes objetivos, no gracias al gobierno mexicano, sino a lo que parecía ser una acción hostil de un miembro del cártel contra otro”, sostiene. Aunque el hecho representaba un triunfo para la justicia, Salazar advertía un riesgo: el inicio de una nueva espiral de violencia. Y así ocurrió. A dos años de esa detención, la guerra interna en el Cártel de Sinaloa dejó alrededor de 3,600 homicidios dolosos y 4,000 personas desaparecidas. Sin embargo, las consecuencias no se limitaron al terreno de la seguridad. Las capturas también provocaron el malestar del entonces presidente de México. Salazar relata que, tras conocer la detención de los dos integrantes del Cártel de Sinaloa, envió un mensaje a López Obrador para asegurarle que Estados Unidos no participó en la operación. “Redacté un mensaje para AMLO. Debía comprender que Estados Unidos no tenía conocimiento previo de este secuestro y que, bajo ninguna circunstancia, habíamos llevado a cabo una operación no autorizada en territorio mexicano, lo cual habría sido una grave violación de su soberanía. Se lo envié inmediatamente a AMLO. Esa misma noche, el Fiscal General de Estados Unidos, Merrick Garland, y yo preparamos una respuesta más formal al gobierno mexicano. «No era nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra operación», declaramos explícitamente en una comunicación directa a AMLO y le ofrecimos reunirnos para discutir las operaciones”, relata. La respuesta del presidente nunca llegó. A partir de ese momento, recuerda Salazar, la relación con López Obrador cambió y las puertas de Palacio Nacional se cerraron para él. Aunque el entonces embajador consideraba que la captura de Zambada y Guzmán López era resultado de un esfuerzo bilateral, sabía que López Obrador probablemente tendría una lectura distinta. “Sospechaba que AMLO podría no verlos como yo: que se habían producido como resultado de una cooperación a mayor escala entre Estados Unidos y México para desmantelar el Cártel de Sinaloa; que la presión conjunta que nuestros gobiernos habían ejercido sobre el cártel había provocado que una facción se volviera contra otra”, recuerda. La relación entre ambos no solo se enfrió. Meses después, el propio López Obrador anunció una “pausa” con el hombre al que durante buena parte de su gobierno recibió con frecuencia en Palacio Nacional e incluso invitó a distintos actos oficiales.
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