La escasez de agua es el principal problema ambiental que los jóvenes mexicanos identifican como una afectación directa para ellos y sus familias, pero esa preocupación convive con una dificultad y es que cuando las soluciones ambientales implican modificar sus propios hábitos de consumo , la disposición para hacerlo disminuye, así lo revela el informe Jóvenes en México 2026 , elaborado por la Fundación SM . De acuerdo con el estudio, 33.2% de los jóvenes considera que la escasez de agua es el problema ambiental que más les afecta, por encima de la basura (18.7%) y el cambio climático (12.6%).
El agua, el problema que más sienten
Aunque más de la mitad de los jóvenes considera que cambiar la forma de consumo es una de las principales vías para enfrentar el deterioro ambiental, la mayoría no está dispuesta a dejar productos y hábitos que forman parte de su vida cotidiana, como el comer carne, utilizar un teléfono inteligente o trasladarse en automóvil. La encuesta, dirigida a jóvenes de 15 a 29 años, muestra así una generación que reconoce los problemas ambientales y demanda soluciones, pero que enfrenta dificultades para trasladar esa preocupación a cambios profundos en su estilo de vida. La escasez de agua no es solamente una preocupación nacional. Cuando se pregunta a los jóvenes qué problema ambiental afecta más a ellos y a sus familias, la falta de agua alcanza 33.2%, seguida de la basura, con 18.7%; el cambio climático queda en tercer lugar, con 12.6%; la contaminación del agua representa 11.8% y la contaminación del aire, 9.6%. El estudio precisa además que la percepción de estos problemas también cambia según la región. Pues en el Sur, 40.1% identifica la escasez de agua como la principal afectación ambiental, en el Norte es 38.4%, en el Norte-Occidente 36.9% y en el Centro 36.7%. En cambio, en el Centro-Norte, la basura alcanza 27.7%. En tanto que el cambio climático adquiere mayor relevancia en el Norte-Occidente, donde 21.6% lo señala como el problema que más afecta a los jóvenes y sus familias, frente a 12.6% nacional.
Quieren cambiar el consumo, pero no necesariamente el propio
La paradoja del comportamiento ambiental es que si bien 54.4% considera que cambiar la forma de consumo es una de las medidas más efectivas para enfrentar los problemas ambientales, la mayoría no está tan dispuesta a hacer ciertos ajustes cuando se trata de sus productos, sus aparatos o incluso de sus planes a futuro (tener hijos). El 71.4% de los jóvenes entrevistados dijo que está poco o nada dispuesto a dejar de comer carne; 69.7% no quiere renunciar al teléfono inteligente y 63.1% tampoco al automóvil particular. La disposición tampoco es mucho mayor frente a otros consumos: alrededor de seis de cada 10 muestran poca o ninguna voluntad de renunciar a productos fabricados de manera no sostenible o a los viajes en avión.
La transición ambiental tampoco es igual para todos La escuela genera conciencia, pero no necesariamente cambia hábitos El medioambiente también abre una vía de participación Nota metodológica: Los resultados de Jóvenes en México 2026 proceden de una encuesta realizada a 1,200 jóvenes de entre 15 y 29 años residentes en todo el país. La muestra es representativa de la población juvenil mexicana, estimada en 32,7 millones de personas.
En el caso de la carne, solamente 28.1% estaría mucho o totalmente dispuesto a renunciar a ella; para el smartphone, 29.3%; y para el automóvil particular, 35.3%. El informe identifica precisamente esta brecha: reconocer que es necesario modificar los patrones de consumo no significa estar dispuesto a abandonar productos, servicios o planes personales. Otro dato relevante del estudio, el cual trata de ofrecer una radiografía actualizada de las condiciones de vida, los valores, las expectativas, las formas de participación y los principales desafíos de las personas jóvenes, es que el sector de mayores ingresos es, en algunos casos, el que menos dispuesto está a modificar sus patrones de consumo. Entre el nivel socioeconómico más alto, 85.1% está poco o nada dispuesto a renunciar al smartphone y 88.1% a dejar la carne. En cambio, en el segmento más bajo, 44.8% está mucho o totalmente dispuesto a abandonar el automóvil particular. La edad también importa. Los jóvenes de 25 a 29 años muestran mayor disposición que los grupos más jóvenes a modificar sus hábitos: 35.9% estaría mucho o totalmente dispuesto a renunciar al smartphone; 32.8% a dejar la carne y 50.4% a dejar de comprar productos desarrollados de manera no sostenible. Por género, destaca también que las mujeres muestran una mayor disposición al cambio que los hombres en varios rubros: 34% frente a 24.9% para renunciar al smartphone; 36.2% frente a 34.2% para dejar el automóvil; y 32.3% frente a 24% para dejar de comer carne. En el estudio destaca que la educación ambiental es para los jóvenes una de las principales herramientas que los propios jóvenes consideran necesarias. Ante ello, el 61.5% dijo que está muy o totalmente de acuerdo en que la información ambiental recibida en la escuela lo ha hecho más consciente de su entorno. Asimismo, 60.5% considera que lo aprendido ha provocado cambios en sus rutinas, como ahorrar agua; 57.6% dice que esa formación se refleja en prácticas domésticas como evitar desechables , y 76.8% afirma que la aplica en la calle , por ejemplo, al no tirar basura. Sin embargo, los autores advierten que los porcentajes de quienes están poco o nada de acuerdo siguen siendo relevantes y que no existe evidencia suficiente para afirmar que la educación ambiental escolar esté produciendo cambios consistentes en las conductas cotidianas. Otro punto que destaca en el estudio es que la preocupación ambiental trasciende los hábitos personales de los jóvenes mexicanos pues 12.2% de los jóvenes asegura que ya ha firmado alguna petición relacionada con asuntos ambientales y 11.6% ha participado en manifestaciones. En contraste, apenas 1.3% pertenece a un partido político . Así, el medioambiente aparece no solo como una preocupación cotidiana, sino también como una de las causas que pueden movilizar a los jóvenes fuera de las estructuras políticas tradicionales.
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