Dicen que la nostalgia tiene banda sonora, pero en la Comarca Lagunera del cierre de los años setenta, la nostalgia también tenía la forma de una correa negra ajustable colgada al hombro. Hablo de la legendaria radiograbadora portátil Sanyo M-3500, lanzada al mercado en 1979. Un verdadero tanque de la ingeniería japonesa que desafió la estética tradicional con su soberbio diseño de doble vista: por un lado, un frente negro impecable con el compartimento del casete y el dial, y por el otro, un acabado color plata metálico. Era una joya de dos caras hecha para presumirse al caminar por nuestras calles.

Me viene a la mente la época de la secundaria, cuando el buen Honorio Gómez —quien vivía en l…

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