Los últimos años, hemos visto cambios importantes de fondo a lo largo y ancho del mundo. La pandemia abrió los ojos a la permanente vulnerabilidad en la que vivimos, pero también a todas las oportunidades que se tienen de crear nuevos modelos e industrias. Aunque desde antes de la pandemia venimos experimentando cambios importantes del modelo de estabilidad y previsibilidad que conocimos en los años 90. Los cambios sociales han llevado a cambios políticos que han generado un entorno muy distinto para la economía y el comercio.

Si bien la pandemia aceleró estos cambios, la llegada de gobiernos populistas, de izquierda y derecha, derivados del hartazgo social de promesas económicas no traducidas en beneficio para las sociedades han dictado una nueva dinámica económica mundial. Trump llegó justo antes de la pandemia, y apresuró la tendencia de revertir parte de la globalización que por décadas construimos. En su segunda vuelta, post pandemia, radicalizó su visión económica y rompió con las reglas del libre comercio. Por supuesto, buena parte de las disrupciones vienen desde al menos principios de los 2000, cuando se cometió el grave error de meter a China en la OMC y abrirle las puertas del mundo liberal a su modelo acaparador, prácticas desleales y desinterés por las condiciones mínimas laborales. Para todos en occidente resultó muy fácil optar por los ahorros en costos de producción desde aquel país, ignorando sus efectos. Adicional a consolidar la enorme dependencia de nuestras economías en puntos neurálgicos de materias primas, manufactura barata y rutas comerciales. Hoy que hemos visto los riesgos de este modelo, y que muchos gobiernos populistas han regresado a agendas nacionalistas, las dinámicas globales de comercio e inversión están modificándose. Esto, justo en medio de grandes cambios tecnológicos. Esta combinación de factores debería ser la gran oportunidad de una segunda oleada de inversiones y desarrollo industrial para México. La posibilidad de captar industrias ante la necesidad de EUA de regionalizar para reducir dependencia y riesgos de Asia, y de competirle en desarrollo tecnológico.

Desde hace poco más de una década, la principal industria de México, la automotriz, estaba en medio de una profunda transformación tecnológica. Transitando del modelo de vehículos de combustión al de nuevas tecnologías para la reducción de emisiones. La electromovilidad. Esto implicaba la necesidad de apostarle a transformar nuestra plataforma productiva automotriz para ser un hub de producción y exportación de vehículos y autopartes de nuevas tecnologías, y no solo de componentes básicos. Nunca hicimos algo serio por entrarle. La pandemia volvió a poner de moda la idea del nearshoring, del que México es ejemplo desde el arranque del TLCAN, para blindar las cadenas globales de suministro. Una oportunidad dorada que también dejamos pasar de largo por las visiones obsoletas de AMLO desde 2018. Hoy, la guerra arancelaria de EUA y su pugna con China han impactado al pilar económico del país, la industria automotriz; pero al mismo tiempo han abierto una gran oportunidad en materia de industrias tecnológicas y electrónicas, que ya habíamos dejado pasar hace unos años.

Lamentablemente, no parece haber consciencia en el gobierno mexicano de la urgencia de no desperdiciar esta tercera oportunidad, que incluso ayudaría a recuperar parte de lo que dejamos ir con la electromovilidad y la pandemia. La única medida que parece tener el gobierno es el Plan México. En 2024 que se anunció, era una buena idea, a secas, para revertir los rezagos económicos de los 6 años del Obradorato. Pero solo eso, una medida para ayudar a recuperar, no a incrementar y construir hacia futuro. Con la llegada del segundo gobierno de Trump unos meses después, y su política arancelaria, se esfumó de inmediato el Plan Mexico. Se vio completamente rebasado su limitado alcance por una enorme disrupción económica que implicó esta nueva política de EUA. El gobierno de México desarrolló una narrativa, derivada de su atinada estrategia inicial de lidiar con EUA, en la que nuestro país parecía quedar blindado. Incluso inventaron que 85% de las exportaciones están libres de arancel, cuando en realidad más del 30% pagan algún tipo de arancel. El problema no es la narrativa, esa la tienen que hacer todos los gobiernos. El problema es que el gobierno se creyó su propia narrativa, a pesar de la realidad de los impactos. La consecuencia de esto es la parálisis de inversiones que tenemos en los últimos años, acompañada de claras muestras de deterioro en la microeconomía, es decir, en el bolsillo. Basta con revisar la situación por la que hoy pasa todo el sector restaurantero y de hospitalidad. Termómetros claros. Ante todo este contexto, nada se ha hecho por adaptar el Plan México a la realidad que vivimos. No ha habido una revisión de sus limitaciones y una comprensión de que son muchas más cosas las que se deben hacer para mantener atractivo a México para los inversionistas. La semana pasada se hizo la Mexico Week en Nueva York, con los principales inversionistas globales. Todos reconocen la apertura al diálogo, a diferencia de los 6 años de AMLO. Pero ya no se compran la narrativa gubernamental. A dos de años del gobierno Sheinbaum, el comentario común es: el diálogo no se está traduciendo en acciones concretas que den certidumbre a los inversionistas. Los problemas siguen, y no parece haber muchos avances. Y no se trata de la incertidumbre arancelaria y del TMEC. Se trata de los problemas estructurales de nuestra economía, evidenciados en la entrega de un paquete económico 2027 que poco parece atender las preocupaciones sobre las finanzas públicas del país. En las mesas globales de inversión, México ya no es un país que emocione, es un país que sí mantiene un atractivo, pero por descarte e inercia. La confianza en que México le apostará al futuro, e incluso al presente, se está diluyendo. Mexico parece estar sentado viendo la vida pasar. Hoy, como en la pandemia, o como con la electromovilidad, las oportunidades se nos van de largo. Más nos vale salir del pasmo y dejarnos de anacronismos, o el mundo nos dejará muy atrás. _____ Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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