Aprendieron a tomar clases frente a una pantalla, regresaron a las aulas con brechas de aprendizaje y hoy esta generación arrastra dificultades en matemáticas y no comprende lo que lee, según reveló la prueba PISA 2025 . No es su culpa. El rezago no comenzó con ellos ni puede explicarse únicamente por lo ocurrido durante la pandemia. Es el resultado de problemas que atraviesan al sistema educativo mexicano : recursos insuficientes, escuelas sin servicios básicos o conectividad, brechas tecnológicas, capacitación docente y cambios constantes en los modelos educativos .

PISA muestra que el aprendizaje sigue marcado por la desigualdad.

A esto se suman los nuevos desafíos globales: las redes sociales, que afectan la capacidad de concentración, y la Inteligencia Artificial (IA), de la que dependen los alumnos para hacer la tarea. Todo esto dibuja un panorama complejo para el sistema educativo mexicano, que tiene el reto de mejorar la enseñanza ante el bajo desempeño académico obtenido desde hace 25 años en las pruebas PISA .

Presupuesto educativo limitado Jimena Hernández, del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación (INIDE), explica que los
resultados de PISA 2025 reflejan una tendencia histórica: el país se ubica siempre por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En la última edición de esa evaluación educativa internacional,
70% de los estudiantes mexicanos de 15 años
no superó el nivel básico de matemáticas , mientras que la mitad no alcanza el conocimiento mínimo en comprensión lectora. Los resultados muestran, además, el impacto que la desigualdad genera en el aprendizaje. Por ejemplo, el 25% de los estudiantes de mayores ingresos obtuvo 68 puntos que los alumnos de los hogares más pobres. Esta diferencia equivale a tres o cuatro ciclos escolares de rezago, subraya la especialista. «Solo el 12% de nuestros estudiantes pertenecientes al sector más desfavorecido logra vencer la barrera socioeconómica para poder aprender más», indica. Por eso es necesario invertir más en educación. Pero México acumula tres décadas con un gasto público por debajo del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) recomendado internacionalmente y del 8% establecido en la Ley General de Educación. El presupuesto más alto se obtuvo en 2015, cuando alcanzó 5.1% del PIB. El resto de los años ha oscilado entre el 2% y el 4%. En 2026 representó el 3.4% del PIB, con 1.2 billones de pesos.

La falta de recursos repercute también en la infraestructura escolar y ésta, a su vez, en el aprendizaje. En México todavía hay comunidades sin escuelas cercanas, planteles sin agua, internet o computadoras. Uno de cada cuatro planteles no cuenta con todos los servicios básicos, ni con los materiales educativos necesarios. «No basta con ampliar el acceso a la escuela, se requiere equiparar el piso de oportunidades y destinar recursos de manera prioritaria a quienes más lo necesitan», menciona la experta Hernández. A decir de Miguel Ángel Méndez, catedrático de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), estas desigualdades han creado una profunda disparidad educativa. Mientras que un 6% de las escuelas públicas logra un nivel de excelencia comparable al de países líderes como Singapur, entre un 18% y 20% de los planteles se ubica en el desempeño más bajo de PISA. Este rezago constante en la prueba lo atribuye a la eliminación de las evaluaciones educativas, al abandono de la capacitación continua para el magisterio, las modificaciones sexenales a la política educativa y el impacto de la pandemia de covid.

En lugar de subsanar las necesidades, ha habido un creciente deterioro en el proceso de elaboración de materiales curriculares. Formación docente en el olvido

Reformas educativas truncas La respuesta de varios gobiernos a la crisis de aprendizajes ha sido impulsar reformas educativas cada sexenio, pero los especialistas advierten que los cambios continuos no permiten evaluar ni consolidar lo que realmente aprenden los alumnos. Entre las reformas educativas más significativas de los últimos años está la de 1992, con el llamado
Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica , que descentralizó este nivel educativo hacia los estados. En 2013 se concretó la
reforma educativa del sexenio del priista Enrique Peña Nieto . Se centró en evaluar a los docentes para asignarles plazas o promoverlos. La modificación creó el Servicio Profesional Docente y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Pero el magisterio rechazó esta reforma por considerarla punitiva y durante varios años se manifestó en demanda de su abrogación. Así que en 2019, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se derogó la evaluación docente. El INEE fue eliminado y, en lugar del Servicio Profesional Docente, se creó la
Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (USICAMM) , un nuevo modelo de plazas y promoción docente que, ahora, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum busca modificar a petición del magisterio. Esta reforma también lanzó la
Nueva Escuela Mexicana , que introdujo cambios en los planes de estudio y libros de texto. Para Tania Mendoza, investigadora de la Universidad Iberoamericana, estas continuas modificaciones curriculares han provocado un deterioro en la elaboración de materiales didácticos y libros de texto. La clave es poner el foco en la formación docente. Sin embargo, México invierte poco en la capacitación de los profesores. Un análisis de la organización Mexicanos Primero revela que en 2026 se destinan solo 105 pesos a la formación de cada maestro. Aun así, el país destacó en la prueba PISA 2025 por el compromiso de sus profesores: más del 77% de los estudiantes reportó que sus docentes se interesan en que aprendan, explican hasta que comprenden y brindan apoyo adicional cuando se requiere. La cifra se ubica por encima del promedio de la OCDE.

En México, muchas veces no tenemos frente a grupo a los perfiles profesionales más aptos. No hay que culpabilizar a los maestros. Es un desafío muy complejo y se requieren múltiples apoyos.

Pero, sin capacitación, cada vez más faltan perfiles docentes especializados. El académico de la UDLAP señala, por ejemplo, que en la transición de secundaria a preparatoria existe una escasez de profesores con la experiencia y el perfil profesional idóneo para impartir ciencias y matemáticas, lo que obliga a cubrir grupos con el personal disponible. Esto repercute en la calidad de la enseñanza y en las habilidades que aprenden los alumnos.

Ampliación de la cobertura educativa, insuficiente Marisol Silva, también académica del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación, coincidió en que la educación debe consolidarse como una política de Estado de largo plazo. Consideró que fue un
error cancelar la evaluación educativa nacional , ya que sin diagnósticos precisos no es posible corregir el rumbo de las políticas públicas, por lo que urgió a retomar este ejercicio para monitorear la Nueva Escuela Mexicana y hacer los ajustes curriculares necesarios. «No es momento de pensar en una nueva reforma educativa. Necesitamos un proceso de evaluación», enfatizó. Además, señaló que no basta con la ampliación de la cobertura educativa en las últimas décadas sin el presupuesto, materiales y apoyo adecuados porque, al incorporar a estudiantes vulnerables, los rezagos se han acentuado en lugar de reducirse

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