El dolor es inevitable, pero vivir con dolor crónico no es normal, no es deseable ni inevitable. Mucho menos es un designio divino. Por eso resulta tan relevante el estudio de DMD (Derecho a Morir con Dignidad) a través del Observatorio del Dolor, que por primera vez permite saber que en México casi 4 de cada 10 hogares tiene una persona adulta con dolor crónico (38%) y que casi 1 de cada 5 personas adultas lo padece (18%).

Ayer (17/09), en la sede de la Fundación Espinosa Rugarcía se presentó la Encuesta Nacional DMD sobre Dolor Crónico 2026, coordinada por el Dr. Enrique Cárdenas y levantada por INSAD (Investigación en Salud y Demografía). La muestra abarcó 4,200 viviendas, con representación nacional y desglose urbano y rural. Los resultados visibilizan una realidad que se vive en la intimidad, pero que tiene enormes consecuencias familiares, sociales y económicas. Estos datos interpelan la obligación de la acción pública, porque el dolor crónico, que persiste por más de 3 meses, puede ser tratado y evitado. Resumo algunos hallazgos presentados por el Dr. José Luis Palma, director de INSAD: El dato central es que la prevalencia de dolor crónico en México es de 18.3%: casi la quinta parte de la población adulta lo padece. Es mayor en mujeres (21.5%) que en hombres (14.6%) y aumenta con la edad. ¡Quienes la viven llevan casi 6 años en promedio con dolor crónico! Siete de cada diez personas con dolor crónico lo padecen con intensidad severa (71%), una proporción superior a la de España (62%). Hasta en el dolor hay desigualdad socioeconómica: la intensidad severa afecta más al nivel más bajo (77%) que al más alto (67%). Las causas principales son articulares (37.5%) y, en segundo lugar, accidentes, cirugías o sobrecarga (25%). Esto es revelador: no se refiere al dolor inmediato a esos eventos, sino al crónico, que permanece meses o años después.

El dolor interfiere seriamente con las actividades cotidianas de casi 3 de cada 4 personas (73%). Sin embargo, 75% no recibe cuidado alguno: enfrenta su dolor en soledad. Nuevamente, muestra la ausencia del sistema público de cuidados. Una cuarta parte de los pacientes presenta síntomas claros de ansiedad (25%) y depresión (28%). La mitad ha acudido a un servicio médico por su dolor (51%): dos terceras partes a servicios públicos y una tercera parte a privados. Un 10% recurre a servicios privados «alternativos»: hueseros, quiroprácticos, naturistas. Durante la presentación, la Dra. Sofía Charvel, académica del ITAM, trazó una ruta para contar con políticas públicas, especialmente en el sector salud. Resumo algunas ideas principales: México debe reconocer el dolor crónico como una enfermedad autónoma, no solo como un síntoma. Urge adoptar la definición de la OMS —»experiencia sensorial y emocional desagradable que persiste o se repite durante más de tres meses, más allá del tiempo habitual de recuperación»— y, a partir de ahí, establecer protocolos de diagnóstico y tratamiento.

No hay que repetir la historia fallida de los cuidados paliativos. Como solo se aprobó en la Ley General de Salud, el resto de los subsistemas no la aplican. Desde su aprobación en 2009, solo hay 168 unidades de salud con «área» de cuidados paliativos, apenas 49 con espacio exclusivo, y muchas con fuerte desabasto de medicamentos indispensables. Hay que diferenciar y garantizar ambas cosas: cuidados paliativos para pacientes terminales, con enfermedades progresivas e irreversibles en fase avanzada —es decir, el paso previo a la muerte—, y el reconocimiento del dolor crónico como enfermedad autónoma, con protocolos para su tratamiento, en situaciones no terminales. Es importante evitar dos crisis «contradictorias»: el subacceso al tratamiento, común en muchos países no desarrollados por carencia de fármacos adecuados (morfina, fentanilo, etc.), las dificultades para conseguirlos y su distribución desigual; pero también la crisis norteamericana del abuso de opiáceos y la adicción resultante. Por lo pronto, el aporte de DMD gracias a la Dra. Espinosa Rugarcía es claro: Hoy sabemos la magnitud del dolor crónico en el país y se puede percibir la ausencia de su atención adecuada en nuestro sistema de salud. Espero que esta Encuesta sea un parteaguas: que el dolor deje de ser un asunto privado y se convierta en una prioridad pública. _____ *Rogelio Gómez Hermosillo es Presidente Ejecutivo de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza. Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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