El teatro bilateral Culiacán, domingo. La presidenta Claudia Sheinbaum sube al templete de la Feria Ganadera y pronuncia la frase que ya es doctrina de Estado: «¿Qué pide México? Soberanía. Cooperación para el desarrollo, que es lo que genera paz. ´No queremos injerencia de ningún gobierno extranjero en nuestro territorio.» Al día siguiente, en su conferencia matutina, remata: «Sinaloa es una demostración que el injerencismo provocó, con el rompimiento de un grupo delictivo, provocó la situación que hoy tenemos.» No nombra a nadie. No tiene que hacerlo.

Todos en la sala saben que habla de la extracción de Ismael «El Mayo» Zambada, capturado en territorio estadounidense en julio de 2024 en circunstancias donde participaron agencias de ese país, y del quiebre entre Los Chapitos y La Mayiza que desde entonces ha ensangrentado al estado. El espejo que no se mira de frente El diagnóstico presidencial tiene un problema: es cierto solo a medias. Es verificable que Sinaloa pasó de registrar menos de un homicidio diario antes de la captura de Zambada a un pico de 6.9 diarios en junio de 2025, con una reducción del 52% hasta los 3.3 de julio de 2026, según cifras oficiales difundidas por el propio gobierno. Lo que no dice la narrativa de la «injerencia» es que ese quiebre criminal detonó sobre un terreno ya podrido: cuatro décadas de impunidad estructural en la entidad, agravadas durante el sexenio anterior, y una Fiscalía General de la República que, según reportajes especializados, no ha logrado avances sustantivos en las investigaciones centrales del caso —ni en la propia extracción de Zambada, ni en el homicidio de Héctor Melesio Cuén, ni en las acusaciones estadounidenses contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y otros exfuncionarios sinaloenses señalados por presunta protección a Los Chapitos. Culpar al extranjero por activar una fractura no exime al Estado mexicano de haber permitido, durante décadas y con gobiernos de todos los colores, que esa fractura tuviera dónde caer.

El expediente que Washington agita como garrote Del otro lado de la frontera, el libreto es simétrico y no menos instrumental. El director de la DEA, Terrance Cole, declaró ante el Senado estadounidense en mayo que funcionarios mexicanos de alto nivel y narcotraficantes «han estado en la cama por años», y advirtió que las acusaciones contra Rocha Moya son «solamente el comienzo». El Secretario de Guerra, Pete Hegseth, exigió que México diera «un paso hacia el frente» para evitar una intervención directa. El vicepresidente JD Vance, en junio, dejó abierta la puerta a la acción militar unilateral si un cargamento de armas y fentanilo estuviera por cruzar la frontera. Y Donald Trump, desde Evián, sentenció que «los cárteles gobiernan México» y describió a Sheinbaum como una «mujer muy asustada». En septiembre, en un documento formal entregado al Congreso, Trump reconoció avances mexicanos —incluida la caída de El Mencho— pero exigió que el país «exponga, detenga y procese a los numerosos funcionarios públicos corruptos que han ayudado y encubierto a los cárteles», manteniendo a México en la lista de 23 países señalados como productores o zonas de tránsito de droga, sin cambios respecto a 2025.

Terry Cole asegura que altos funcionarios mexicanos y narcotraficantes han estado en la cama por años. Aquí conviene la precisión: el despliegue de tropas estadounidenses en México en 2026 —incluidas las más de cien efectivos autorizadas para el ejercicio en Chihuahua a finales de septiembre— ha ocurrido bajo marcos de adiestramiento conjunto aprobados por el Senado mexicano, no como intervención unilateral. Confundir cooperación militar reglada con invasión sería tan deshonesto como negar que la presión retórica de Washington ha escalado de forma consistente en 2026.

Dos calendarios, un mismo guion Ninguno de estos discursos ocurre en el vacío. Estados Unidos entra a elecciones intermedias en noviembre, y México ha sido históricamente botín retórico en ciclos electorales estadounidenses: mano dura contra cárteles y migración rinde votos en ambos partidos. En México, aunque la elección federal está más lejana, el proceso interno de Morena para definir candidaturas rumbo a 2027 ya genera fricciones públicas y acusaciones de «dedazo» que la propia presidenta ha tenido que desmentir. En ese contexto, la soberanía se convierte en el escudo perfecto: unifica a la base, distrae del fracaso institucional en Sinaloa y posiciona a Sheinbaum como defensora nacionalista frente a un vecino agresivo. Del lado estadounidense, la mano dura contra «los cárteles que gobiernan México» alimenta la base nativista de Trump sin costo político real, porque exige resultados a un gobierno extranjero, no al propio.
¿A quién beneficia el ruido? No existe evidencia pública de una coordinación explícita entre ambos gobiernos para sostener este intercambio de acusaciones con fines electorales simultáneos; afirmarlo como hecho sería especulación. Lo que sí es verificable es la función política que cada discurso cumple puertas adentro: a Sheinbaum le sirve para consolidar el relato de «coordinación sin subordinación» ante una base que exige firmeza frente a Washington; a la administración Trump le sirve para justificar presión militar y comercial creciente sin asumir el costo de una intervención real. El resultado es una relación bilateral empantanada donde la cooperación técnica —extradiciones, adiestramiento militar, inteligencia compartida— avanza en paralelo a un teatro retórico que no resuelve nada.
Una salida posible México necesita separar la defensa legítima de la soberanía de la negación de responsabilidad institucional: se puede rechazar la intervención militar unilateral y, al mismo tiempo, exigir resultados verificables de la FGR en Sinaloa. Estados Unidos, por su parte, debería sustituir el lenguaje de ultimátum por métricas de cooperación auditables públicamente. Sin esos dos ajustes, seguiremos escuchando la misma obra cada ciclo electoral, con otro nombre de estado y el mismo saldo de violencia sin resolver.
*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
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