Por sus venas corre sangre de una estrella de las Grandes Ligas de Estados Unidos, aunque de niños fueron arrullados a ritmo de samba. En el Clásico Mundial de Béisbol 2026, tres miembros del Team Brasil juegan en nombre del padre, pero en el equipo de la madre.
Jardinero izquierdo como su padre, Lucas Ramírez es hijo de Manny Ramírez, dominicano estrella de los Guardianes de Cleveland, los Medias Rojas de Boston y de los Dodgers de Los Ángeles.
A sus 20 años, Lucas juega en las ligas menores de Los Angeles Angels. Su madre, Juliana, nació en la tierra de Pelé. «Siempre quise representar a Brasil para apoyar a mi familia. La cultura brasileña es valiosa», dice a la AFP.
«Brasil no es solo fútbol, y creo que muchos otros deportes pueden surgir y, también, ser grandes, quizás llegar a los Juegos Olímpicos. Y así como estamos aquí en el Clásico Mundial de Béisbol, si el béisbol pudo hacerlo, cualquier otro deporte también podría».
Cuenta que desde niño solo quería jugar béisbol. «Claro, mi padre, Manny Ramírez, y verlo jugar me ayudó mucho (…). Su confianza en sí mismo y su esfuerzo me impulsaron a querer ser mejor y esforzarme más que él, porque soy muy competitivo», asegura.
Nacido en Weston, Florida, considera «genial que hay otros grandes jugadores, hijos de brasileños», en el equipo. «Es fantástico volver a verlos, porque juego con Dante [Bichette Jr.] y los que se clasificaron [al Mundial]. Fue una experiencia increíble y solo puedo agradecerle a Dios por haberme puesto en esta posición».
A sus 17 años, Joseph Contreras es el jugador más joven de esta competencia que desde el jueves reúne a la mayor constelación de estrellas de la pelota caliente en Estados Unidos, Puerto Rico y Japón.
Nació en Georgia, Estados Unidos, y su padre es nada menos que José Ariel Contreras, exlanzador campeón de la Serie Mundial 2005 con los Medias Blancas de Chicago y All-Star cubano. Su madre, Isabel, es brasileña.
«En casa siempre hablo portugués con mi mamá y español con mi papá, y ellos me dieron valores y principios», dice a la AFP este lanzador derecho, considerado uno de las mejores figuras jóvenes, con rectas de hasta 98 mph (158 km). Se proyecta como talento de primera o segunda ronda para el Draft de las Grandes Ligas de 2026.
«Nací en un club house prácticamente, siempre vi los juegos, crecí allí y supe que eso era lo que quería hacer. Amo jugar béisbol, y si podía convertir en mi trabajo algo que yo amo, no puedo pedir más nada», cuenta.
– El apellido no basta –
Pero era consciente de que no bastaba solo ser hijo de, sino que debía labrar su propio futuro. «Mi padre siempre me dice: ‘Dios no se queda con el sudor de nadie'».
Optó jugar por Brasil porque siente que es un equipo con coraje, al que, dice, le costó encontrar un mánager local. Recurrió por mucho tiempo a figuras extranjeras y finalmente desde 2025 está bajo el comando de un brasileño de raíces japonesas, Yuichi Matsumoto.
Su debut este viernes en el Daikin Park de Houston, Texas, frente al poderoso Estados Unidos de Aaron Judge, marca el retorno de Brasil al torneo, al que había llegado por primera y única vez en 2013 sin avanzar de fase.
Pero ha ganado terreno en los últimos años en Sudamérica y ostenta una medalla de plata en los Juegos Panamericanos 2023, su mayor logro histórico hasta ahora. «Podemos dar una sorpresa, así es el béisbol, y podemos hacer historia«, sostiene Contreras.
Brasil comparte el Grupo B con Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia y México. Las dos mejores novenas avanzarán a cuartos de final.
– Asunto de sangre –
Veterano de la pelota, Dante Bichette Jr., de 33 años, nació en Orlando, Florida. Antiguo prospecto de los Yankees de Nueva York, jugó en ligas menores hasta el 2020.
Su padre, Dante Bichette Sr., fue un jardinero derecho con catorce temporadas en las Grandes Ligas, brillando con los Colorado Rockies. Su hermano, Bo Bichette, acaba de firmar con los Mets de Nueva York tras un largo período con los Blue Jays de Toronto. Y su madre, Mariana, es brasileña.
Es la segunda vez que Bichette Jr. representa a Brasil desde 2017 y para dejar en claro el orgullo que siente por la patria materna, ha pintado sus cabellos de verde, en alusión a la bandera del gigante sudamericano.
«Amo Brasil, su gente, Sao Paulo. Este equipo es muy especial para mí, tiene mucha luz», dice a la AFP. «Es un asunto de sangre, ¿sabes? Se trata más de la sangre brasileña que de cualquier otra cosa. Somos una gran familia, y creo que la armonía en Brasil es mi parte favorita, sin duda».


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