Exiliados en su propio país

Exiliados en su propio país

En Tula ya no ladra ningún perro. Las puertas quedaron cerradas con candado, como si sus dueños fueran a volver por la tarde. El maíz sembrado antes de mayo sigue en la milpa, sin nadie que lo coseche. Y el único camino que entra al pueblo, en la Montaña de Guerrero,...