El Mundial de Fútbol de 2026, que arranca este jueves, supondrá todo un «desafío» para el físico de los jugadores, no solo porque es el primero de la historia en el que se disputarán más partidos -hay más selecciones y una ronda de dieciseisavos de final- sino por el calor extremo, la altitud en algunas sedes y los largos desplazamientos, ya que son tres los países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido de que el calor extremo será parte de la historia del Mundial con el riesgo que implica tanto para los jugadores como para los aficionados. De hecho, un estudio encargado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas (FIFPRO) calcula que 26 de los 104 partidos de la competición se van a jugar en condiciones que representan un riesgo para los jugadores. Entre ellos, la final, dos partidos de cuartos de final y el encuentro por el tercer puesto.
La FIFA ha establecido dos pausas de tres minutos en la mitad del primer y segundo tiempo de cada partido.
Desde la Sociedad Española de la Medicina del Deporte (Femede), el médico Jesús Viosca afirma a EFE Salud que este Mundial de Fútbol 2026, es un «desafío para la fisiología humana» por la temperatura «extrema»: «Más del 80 % de las sedes puede superar los 35 grados de calor», a lo que hay que sumar la humedad, la radiación y el viento, que aumenta la sensación térmica.
Fotografía que muestra las instalaciones del estadio de Atlanta este martes, previo al debut de España ante Cabo Verde el 15 de junio, en Atlanta (Estados Unidos). (EFE)
El ‘jet lag‘
Además del calor extremo, hay que tener en cuenta los desplazamientos entre las distintas sedes, que abarcan un total de tres husos horarios, algo que no ayuda tampoco a que los jugadores se recuperen del ‘jet lag‘ inicial.
«El ‘jet lag‘ es una desincronización del ritmo circadiano. Tenemos un reloj central en el hipotálamo y relojes periféricos como músculos, intestino, páncreas… y en cada huso horario hay una desincronización», subraya Viosca, quien es médico de la Academia del Valencia CF.
En el Mundial de Fútbol 2026 en particular, la geografía es tan amplia, que de este a oeste hay 4,300 kilómetros y de norte a sur de unos 4,000, con distancias entre sedes de hasta siete horas «lo que generará fatiga acumulada independientemente del número de husos horarios».
Habrá por primera vez 48 selecciones, ocho más que en los anteriores, y serán 16 los estadios que albergarán los 104 partidos del campeonato. En total, 39 días de competición, desde el inicio el 11 de junio hasta el 19 de julio, cuando se celebre la final, en MetLife Stadium, de Nueva York (EE. UU).
Habrá selecciones a las que puede que les cueste más la adaptación inicial, señala el médico. «No es lo mismo una selección como la de Nueva Zelanda, a lo mejor, tiene que cruzar entre 16 y 19 husos horarios, que otra que esté mas cerca aunque tenga que viajar menos en la competición», apunta.
Y tampoco es lo mismo viajar de este a oeste que de oeste a este. En el primer caso el organismo se adapta peor, porque es como si tuviera que adelantar un día, mientras que al viajar al oeste, es como si se retrasase.
La altitud y la carga del calendario
A ello se suma la polución ambiental, porque en Estados Unidos suele haber más incendios por esas fechas, se puede generar mas ozono por los contaminantes aéreos.
Además, no hay que pasar por alto la altitud. «No es lo mismo jugar en Ciudad de México, que está a 2,240 metros que en Monterrey o en otras sedes que estén al nivel de mar. Hay estudios que hablan que por cada 1,000 metros, a partir de los 1,500 metros de altura, el equipo que está adaptado en altura tiene medio gol de diferencia», asegura Viosca.
Después de una larga temporada de los equipos con campeonatos de liga y otras competiciones, los jugadores llegan al Mundial en el que se jugarán más partidos.
«La carga competitiva de los jugadores es muy alta. Una de las problemáticas del fútbol de élite son las lesiones musculares, incluso siguen aumentando la curva cada año, por el calendario y el número limitado de efectivos», apunta el experto, quien incide en que al final de temporada hay más «sobrecarga» y depende de cada jugador y de cada equipo es algo que puede influir más o menos.
Con todo ello, Viosca considera que la fisiología humana puede ser «un factor decisivo» para el rendimiento de los equipos, de forma que los que mejor optimicen las estrategias de recuperación «son los que van a estar con más posibilidades de ganar o de tener mejor resultado«.
Jugadores de Uruguay posan este martes, durante la despedida a la selección en el Aeropuerto de Carrasco en Montevideo (Uruguay). (EFE)
Cómo adaptarse
Los que compiten en el Mundial son jugadores «de mucho nivel» y llevan profesionales en sus selecciones que cuidan hasta el más mínimo detalle para tratar de que estas adversidades afecten lo menos posible al rendimiento deportivo y mental.
Una medida que se suele recomendar, según el médico de la Academia del Valencia CF, es que la selección viaje catorce días antes de que comience la competición al país donde se disputa, para adaptarse mejor y comenzar a entrenar allí, pero no es posible por el calendario de competiciones, fundamentalmente el europeo.
Viosca expone algunas de las estrategias para mitigar estos efectos, partiendo de la base que aquellos que provengan de ligas donde se juega con más calor, altitud o humedad pueden contar con «una ventaja añadida«.
Para la adaptación al calor, señala que hay medidas como la sauna tras el entrenamiento, de forma que los jugadores están entre 20 y 30 minutos a 80 grados, o baños de media hora de agua caliente a cuarenta grados. Son medidas que se hacen de forma pasiva para la aclimatación a las altas temperaturas.
El uso de chalecos de enfriamiento previos a los partidos para mitigar el calor, es otra de las recomendaciones.
Para ayudar con el ‘jet lag‘, es conveniente ajustarse a los horarios de las comidas locales, o bien adelantarlas o atrasarlas y también a la exposición de luz «que es un potente resincronizador«.
En concreto, para retrasar el ritmo circadiano es conveniente la exposición a la luz a última hora del día, y al contrario, para adelantarlo, exponerse a la de la mañana y después evitarla o minimizarla con gafas de sol.
La nutrición «es fundamental», por eso los equipos llevan sus nutricionistas en la expedición. Hay normas básicas como no tomar cafeína, alcohol ni ultraprocesados. A veces es útil la melatonina según el experto de Femede, a dosis correctas, sin olvidar las vitaminas, los oligoelementos y la hidratación.
Y el ejercicio es un estímulo para la reorganización del reloj circadiano.
Unas medias compresivas para los miembros inferiores durante los viajes de avión suelen ser útiles para evitar edemas.
De cara a adaptarse a la altitud, apuesta por el entrenamiento en hipoxia —en condiciones de poco oxígeno— aunque sea simulada.
«A partir de 1,500 metros por cada mil metros de altitud disminuye un 8 % el consumo de oxígeno, es decir y eso va a influir en el rendimiento cognitivo, y el mundo del fútbol moderno es muy cognitivo, muy mental», sentencia el experto de Femede.


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