Delante de la ilustración de una joven mexicana que porta la bandera y que es la imagen del gobierno de México, la presidenta Claudia Sheinbaum firmó un decreto para incorporar la igualdad sustantiva y perspectiva de género a la Carta Magna . “Las mujeres ya estamos en la Constitución, nuestros derechos están garantizados”, aseguró la mandataria a finales de 2024. “Es un día histórico”. Desde esa fecha está en la ley, pero no en la realidad de millones de mujeres.

Es lunes, y Monserrat Núñez, de 38 años, ya no se alista para ir a su trabajo como gerente de Recursos Humanos. Pausó su carrera para cuidar a sus hijos, de 12 y 10 años. En su jornada no hay llamadas o citas para evaluar postulantes. Tampoco juntas o entregas de reportes. Su tiempo lo dedica a llevar a sus hijos a la escuela, cocinar, alimentar al perro y supervisar tareas, pero no recibe ninguna paga, pese a su larga jornada, que ya no es de 9:00 a 18:00 horas, sino continua. Quiere regresar a trabajar, pero sabe que no es tan sencillo, así que cuando busca un empleo, prioriza más allá del salario. “Antes, me fijaba en el sueldo, ahora, me fijo en el horario y si hay oportunidad de que sea home office ”, comenta. Núñez es una de las 29.1 millones de mujeres de más de 15 años que están en edad de trabajar, pero tienen como barrera las labores domésticas y de cuidados. En México, las mujeres viven en desigualdad y la brecha salarial entre géneros es solo una cara del problema: por cada 86 pesos que gana una mujer, un hombre recibe 100 por el mismo trabajo. Miguel Calderón Chelius, coordinador del Observatorio Laboral de la IBERO Puebla, explica que en un país donde a las mujeres se les asignan roles de cuidado, su desarrollo profesional y económico es menor. “La diferencia de ingresos tiene que ver con las oportunidades debido al género. Esto que conocemos como techo de cristal no es otra cosa que los roles que le son asignados a las mujeres, los cuales les impiden participar en cierto tipo de trabajo o cargo y, por tanto, van rezagándose en los ingresos. Es el mayor reto en México”, apunta.

Acelerar la igualdad En el Índice Global de Brecha de Género 2025 del Foro Económico Mundial,
México se ubica en la posición 23 de 148 países, con un puntaje de 0.776 en una escala de 0 a 1 , en la que a más pegado al 1 es mayor la paridad. El ranking lo encabeza Islandia, con 0.926 puntos. En la última década, México escaló 48 puestos, pero los avances se deben, principalmente, a una mayor participación de mujeres en la política. Sin embargo, en lo económico y las oportunidades, el país mostró rezago al ocupar la posición 113. Aunque México ya dio un paso para eliminar la brecha de género, el reto es mayúsculo y tomará más de cinco décadas para alcanzar la paridad de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero si se logra ir más rápido, ya hay proyecciones del impacto favorable que tendría en la economía.

“Necesitaríamos incorporar a 19 millones de mujeres a la economía y el PIB de México podría ser de 6.9 billones de pesos a 2035 si logramos acelerar la igualdad. De ese tamaño es la ganancia del país”, explica Fernanda García, directora de Sociedad del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Con la consigna de que con su arribo a la presidencia “llegamos todas”, Sheinbaum buscó elevar a la Constitución la igualdad sustantiva en el acceso a derechos y oportunidades y para que quedara prohibida la brecha salarial por razones de género. Siete artículos de la Constitución fueron modificados. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la tasa de participación de las mujeres en el ámbito laboral pasó de 39.5 en 2011 a 45.6 en 2025, es decir, 6.1% más. Sin embargo, la de los hombres es más alta. Hace 15 años era de 73.6 y el año pasado fue de 74.3. La brecha de participación entre uno y otro sexo es del 28.7%. A ello se suma que, cuando una mujer trabaja, no siempre hay igualdad. Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social Centro de Estudios Espinosa Yglesias, indica que la disparidad en ingresos entre un hombre y una mujer se ubica en dos aspectos: paga desigual a pesar de hacer la misma función, como sucede con los futbolistas, y la segunda, porque las mujeres eligen empleos más flexibles para poder atender los cuidados que tiene asignados por rol. “Si comparamos hombres y mujeres, las mujeres trabajan 37 horas en promedio a la semana y los hombres, 44, casi 45; es decir, las mujeres tienen trabajos más flexibles, con menos horas. Esta parte tiene sobre todo que ver con un tema de cuidados. Esto tiene un efecto en la economía porque estás quitándole a una parte que las mujeres pueden aportar y no lo hacen”, detalla.

La difícil cima La ausencia de las mujeres en el mercado laboral no es todo. De las económicamente activas, un bajo porcentaje ocupa cargos de dirección.
Solo el 14% de los asientos en los consejos de administración de las empresas en la Bolsa Mexicana de Valores están ocupados por mujeres. El porcentaje es inferior al de los países de la OCDE, que es de 32.5%. México se ubica por debajo de naciones de América Latina, como Colombia (25%), Chile (24%) y Brasil (22%), y lejos de economías cercanas a la paridad, como Nueva Zelanda y Francia, en las que se supera el 47%. Con esta tendencia, México alcanzaría la paridad en los consejos de administración en 2043. En las direcciones generales, la presencia de las mujeres es del 3%, del 15% en las financieras y del 26% en las jurídicas.

García, del IMCO, plantea que la reforma de la presidenta Sheinbaum fue un paso importante para que a nivel constitución se estableciera la paridad, sin embargo, falta concretar el marco legal secundario. “El gran pendiente legislativo son las reformas secundarias, leyes que ya se quedaron atoradas en el Congreso, a la Ley del Trabajo, a la ley de igualdad entre hombres y mujeres, porque esos marcos secundarios no están homologados a la Constitución”, dice. Ese es el primer reto del actual gobierno, pero hay otros, como concretar el Sistema Nacional de Cuidados, que permita a las mujeres trabajar o tomar mejores empleos. Cuando aún trabajaba, Monserrat Núñez llegó a dejar solos a sus hijos. Ellos tenían cinco y siete años, pero, al vivir alejada de su familia, era prácticamente imposible que algún familiar le ayudara a cuidarlos. “Cuando eran más pequeños, tuvimos que dejar a nuestros hijos solos bajo llave, cuando era la pandemia que no había clases presenciales. Ellos calentaban su comida, se las dejábamos en la mesa servida y tapada para que solo la metieran al micro”, recuerda. El gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador eliminó las estancias infantiles federales al asegurar que había irregularidades y optó por entregar apoyos de 1,600 pesos bimestrales a padres para que decidieran si pagaban una guardería o a alguien más el cuidado de sus hijos. Con la presidenta Sheinbaum se anunció la creación de Centros de Cuidado y Educación Infantil como parte de un Sistema Nacional de Cuidados, pero el programa va lento. Fátima Masse, consultora y docente en temas sociales, plantea que el Sistema Nacional de Cuidados es importante y apunta a cambiar la idea de que solo a las mujeres les corresponden los cuidados. “El Sistema Nacional de Cuidados es un sueño para muchas, porque hay desigualdades dentro del hogar y del mercado laboral; esto te da una oferta de cuidados alternativa que puedes aprovechar para que, sin que cambie toda esa estructura, tengas más tiempo para un trabajo remunerado. Tenemos que cambiar esta ideología en donde las mujeres son las cuidadoras y los hombres, los proveedores. Hay mucho trabajo que se puede hacer desde el gobierno y las empresas”, dice. Uno de los retos del país está en la cancha de los empresarios, quienes, entre otros pendientes, deben transitar a contratar al mejor perfil para un cargo y que el género no sea un obstáculo. “El hombre no se va a embarazar, no va a pedir licencia de paternidad, por lo tanto, se prefiere al hombre porque va a salir ‘menos caro’. La paradoja es que, al dar una licencia de maternidad solo a las mujeres, las castigas. Lo que hacen los países nórdicos es que tienes una licencia de maternidad y una de paternidad”, comenta Hernández.

Lo que estamos haciendo es transmitir una nueva cultura empresarial, donde tanto las promociones como el salario sea producto del talento y no exista la brecha salarial, que no tiene ninguna explicación más que la diferencia en el sexo».

Los beneficios de la inclusión Tras la aprobación de las reformas constitucionales, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) apuesta por una nueva política de inclusión de más mujeres, en la que no importe el género, sino la preparación y la experiencia. “La labor desde el Consejo Coordinador Empresarial es concientizar a las empresas de la importancia de tener esa equidad de género, esa igualdad de oportunidades y que eso trae beneficios para la empresa en productividad. Las empresas poco a poco van siendo más conscientes de los beneficios que tienen”, dice su presidente, José Medina Mora. El IMCO estima que
aprovechar el talento de las mujeres e incorporarlas al mercado laboral impactaría en el crecimiento del PIB: alrededor de
630,000 millones de pesos al año. Para mejorar, es necesario que las mismas empresas midan de qué tamaño es la brecha de género que hay en su corporación. “Hay empresas que le tienen pánico a esta medición, porque no saben cómo hacerlo y no tienen una estructura bien institucionalizada… Podríamos estar avanzando más rápido para cerrar esa brecha salarial y no por un manotazo legal, sino más bien necesitamos poner a reflexionar a las empresas para que realmente haya un piso más parejo”, agrega Masse. Además de lo económico, una mayor inclusión es un tema de justicia en el que una mujer decida qué hacer con su tiempo. En el caso de Monserrat Núñez, aspira a regresar a la vida laboral, aunque quizá ya no en Recursos Humanos, sino con algún emprendimiento que le permita estar cerca de sus hijos.

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