El pasado martes, en el marco de la primera reunión trilateral para la revisión del T-MEC, Estados Unidos oficializó que no busca la extensión del Tratado. A diferencia de México y Canadá, que desde el 1 de junio oficializaron su interés de extenderlo mediante cartas formales. Si bien se anticipaba la decisión de Estados Unidos de no extender el T-MEC, no deja de ser una mala noticia para los sectores económicos de los tres países, por la prolongación de incertidumbre para las inversiones. Aunque tampoco es el escenario catastrófico de dejar el Tratado.

Aunque no es el escenario ideal, es importante recordar que sí estamos ante uno de los tres escenarios previstos en el propio texto del T-MEC. En este caso, se tiene previsto que el T-MEC dure 10 años más, hasta 2036, con revisiones anuales o cualquier formato de revisión que acuerden los tres países. También hay que recordar que, sea vía revisiones anuales u otro mecanismo de diálogo, este escenario permite que en cualquier momento los tres gobiernos, tras alcanzar los consensos necesarios, pueden acordar que se extienda el Tratado, por lo que no es un escenario fatalista. El mejor escenario hubiera sido que los tres países decidieran extenderlo, al tiempo que trabajaran en resolver las diferencias y desacuerdos que se han tenido. Y, por supuesto, estaba el escenario de que alguno decidiera salirse, lo que le daría seis meses para materializar su retirada. Vale la pena tener este contexto, porque a pesar de que esta revisión está resultando mucho más complicada de lo que quisiéramos, Estados Unidos no ha dejado de reconocer la importancia del T-MEC, aunque sí ha sido claro en que hay muchas cosas que no le gustan sobre su implementación. Queda claro que hasta el momento Estados Unidos ha definido el ritmo de la revisión, incluso desde mucho antes con la imposición de aranceles, particularmente los 232. Y también queda claro que es el país que ha sido más vocal sobre sus inconformidades en varios aspectos, más de México que de Canadá. Pero también es evidente que Estados Unidos no ha cumplido cabalmente con el T-MEC, desde su arranque. Su conveniente cambio de interpretación de las reglas de origen automotriz, que le quitan de 3 a 5% de capacidad de cumplimiento a México y Canadá, fueron motivo del primer panel del Tratado. A pesar de haber pasado primero por el proceso de consultas, y después por un panel que finalmente le dio la razón a México y Canadá, Estados Unidos ha decidido no hacer caso de esa resolución, emitida desde diciembre de 2022. Otro aspecto en el que, si bien no han violado propiamente pero sí han tenido abusos, es el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida. Un mecanismo en su momento impulsado por los Demócratas y los Sindicatos, y que Jesús Seade, con gala de impericia, aceptó sin chistar. Este mecanismo, desde su diseño, fue inequitativo para México al no darle acceso parejo como lo tienen Estados Unidos y Canadá. Y ha servido de instrumento político a los sindicatos de Estados Unidos para intervenir en la vida sindical mexicana, respaldando a organizaciones muy poco transparentes.

Todo esto no exime a México de las decisiones gubernamentales de los últimos ocho años que han contravenido, en el mejor de los casos, el espíritu de integración regional del T-MEC. Y que han dado base a la serie de irritantes que Estados Unidos ha usado como pretexto para no extender el Tratado. Y son pretexto porque, al final del día, si bien son razones de peso algunas de ellas, son la manera de Estados Unidos de justificar su verdadera razón, que es el cambio radical de su visión mundial y del comercio internacional, arrancada desde el año pasado con la imposición de aranceles al mundo. En este sentido, debemos ser realistas en cuanto a lo que podemos esperar de esta revisión, y en general del diálogo y negociaciones que se están teniendo en materia comercial con Estados Unidos. Pero también debemos ser realistas sobre lo que podemos esperar después de que termine el actual gobierno de Estados Unidos en 2028, pues llegue quien llegue, Republicano o Demócrata, difícilmente cambiará de fondo su visión sobre el comercio. Es muy importante entender que las medidas proteccionistas del gobierno de Trump en materia arancelaria y comercial, las querían hacer varios presidentes desde hace tiempo. Pero solo el actual se atrevió a pagar el alto costo político. Quien venga después, ya no tendrá ese predicamento. En este nuevo contexto mundial tenemos que aprender a navegar y negociar, conscientes de que la estabilidad y certidumbre que conocimos durante los años 90 ya se fueron. Las reglas cambiaron. El mundo es distinto. Y así será durante algún tiempo. Hoy estamos en una coyuntura por demás difícil en México. Aproximadamente el 30% (no el 15) de nuestras exportaciones están pagando algún tipo de arancel. La mayoría es por sección 232. Al mismo tiempo, estamos ante una revisión de un T-MEC que en principio no se extiende. Es fundamental que México sigan peleando la eliminación o reducción significativa de aranceles como precondición para avanzar en los temas que a Estados Unidos le irritan en el T-MEC, y sobre todo, para los temas que Estados Unidos quiere incorporar al T-MEC. Y también es crucial que México busque defenderse de algunos de los temas más riesgosos que Estados Unidos ha puesto sobre la mesa, como la posible imposición de un contenido mínimo de Estados Unidos en las reglas de origen automotriz, que afectarían de manera importante a la principal industria de México.

Pero también es indispensable que estemos conscientes de que el Estados Unidos de hoy es un interlocutor muy distinto a cuando se negociaron el TLCAN y el T-MEC. Un interlocutor mucho más impredecible y agresivo. Y que, como decíamos, quien venga después puede no ser muy distinto. Por todo lo anterior, lo más urgente de este proceso es que el gobierno mexicano entienda que debe tomar decisiones y acciones contundentes que dejen ya de espantar la inversión en nuestro país. Porque, quede como quede el T-MEC, sabemos que será en un entorno mucho más retador. Si bien el T-MEC es la base de nuestras actividades económicas más importantes, el ambiente que construyamos en México será la base de las decisiones para mantener, crecer o alejar a las inversiones de nuestro país. _____ Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

]]>