Faltan apenas 100 días para que Estados Unidos celebre una de las elecciones intermedias más relevantes de los últimos años. Aunque, tradicionalmente, estos comicios reciben menos atención internacional que una elección presidencial, su importancia no se puede soslayar. Se definirá el control del Congreso, condicionarán la segunda mitad del gobierno de Donald Trump y constituirán un referéndum sobre su agenda y sus políticas
Tradicionalmente, estas elecciones suelen jugar en contra del partido en el poder. En 20 de las últimas 22 elecciones intermedias, por ejemplo, el partido del presidente ha perdido terreno en la cámara baja, mientras que la oposición se logra hacer de más espacios dado el desgaste natural de los gobiernos. Sin embargo, más allá de este patrón histórico, la coyuntura actual presenta elementos particulares que colocan al Partido Republicano en una posición compleja. Las encuestas comienzan a dibujar un escenario poco alentador para la Casa Blanca. De acuerdo con mediciones del Centro Pew de este mes, el 64 por ciento de estadounidenses desaprueba el desempeño de Donald Trump como presidente; una cifra que permanece prácticamente sin cambios desde abril y que refleja un nivel de desgaste sostenido, más que una mala coyuntura. Aún más revelador resulta que, entre quienes desaprueban su gestión, pero no de manera intensa, los republicanos no logran captar ese voto. Apenas el 31 por ciento se inclina por candidaturas republicanas para estas elecciones, otro 31 por ciento favorece candidaturas demócratas y el resto permanece indeciso. Dicho de otro modo, incluso entre votantes menos críticos de la gestión de Trump, el Partido Republicano no lograría aprovechar ese voto para mantener el control legislativo. Este contexto se refleja también en la intención de voto. A tan solo unos meses de la elección, el Partido Demócrata mantiene una ventaja de seis puntos porcentuales sobre los republicanos entre votantes registrados. Si bien esta diferencia aún puede modificarse, constituye una señal de alerta para una administración que necesitará revertir tendencias más que simplemente movilizar a su base electoral. Ahora bien, si se pudiera señalar un tema que explica buena parte de este descontento es la economía. Lejos de los debates ideológicos y guerras culturales que dominaron las campañas anteriores, hoy las preocupaciones del electorado son mucho más inmediatas: el costo de vida, la inflación, los precios de los alimentos, la vivienda y el poder adquisitivo. Así lo indican las mediciones del Centro Pew, que identifican los temas económicos como la principal prioridad de las y los votantes de cara a noviembre. Más preocupante aún para la administración Trump resulta que seis de cada diez estadounidenses consideran que sus políticas han empeorado las condiciones económicas del país. Se trata de un dato especialmente significativo porque la economía ha sido históricamente uno de los principales activos políticos del presidente. Incluso dentro del Partido Republicano comienzan a observarse fragmentaciones. Datos del Centro Pew indican que el porcentaje de votantes republicanos que considera que las políticas económicas de Trump han empeorado la situación pasó de 18 por ciento a 28 por ciento en tan solo unos meses. De este modo, la excepción comienza a convertirse en regla. Los procesos de extradición, la asistencia en materia jurídica y los mecanismos formales de intercambio de información existen precisamente para ofrecer certeza y transparencia en el marco de una relación de cooperación y confianza. Pero pareciera que estos instrumentos han dejado de ser la vía idónea y han sido reemplazados recurrentemente por soluciones extraordinarias, convirtiendo el tema en un problema político. Washington parece confiar cada vez más en la información que obtiene de los capos bajo su custodia y menos en la posibilidad de que el gobierno mexicano brinde cooperación de calidad y actúe de manera efectiva contra los grupos del crimen organizado. La apertura de investigaciones sobre el presunto secuestro de “El Mayo” dos años después de los hechos vuelve a colocar aquel episodio en el centro de la relación bilateral. Si bien toda posible violación a la soberanía nacional debe investigarse y esclarecerse, no se puede evitar ubicar este debate en el contexto del avance de los procesos judiciales en Estados Unidos y el aumento de la especulación sobre el alcance de la información que los acusados están proporcionando a las autoridades del país vecino.
A ello se suma una serie de decisiones que tampoco han producido los beneficios políticos esperados. La política arancelaria, presentada como un mecanismo para proteger la industria estadounidense y fortalecer la producción nacional, ha generado incertidumbre entre consumidores, inversionistas y sectores productivos por su impacto en los precios y en las cadenas de suministro. El argumento del proteccionismo continúa movilizando a una parte de la base republicana, pero enfrenta cuestionamientos cuando sus efectos se traducen en mayores costos para las familias. Por su parte, la incursión militar en Irán tiene dividida a la opinión pública, incluso registrando un descenso en el respaldo entre votantes republicanos que observan con preocupación la posibilidad de un involucramiento prolongado en el Medio Oriente. Ello, tras una campaña en la que se prometió no iniciar nuevas guerras. Todo ello ayuda a explicar uno de los hallazgos más reveladores de las mediciones más recientes del Centro Pew. Para la mayoría de las y los votantes, Donald Trump será el factor determinante al emitir su voto. De manera particular, destaca que un 42 por ciento del electorado afirma que su voto será, ante todo, un voto en contra del presidente, mientras que apenas el 22 por ciento lo concibe como un voto de respaldo a su administración. A 100 días de la elección, la pregunta central ya no parece ser si Donald Trump dominará la conversación política, sino si esa centralidad terminará beneficiando o perjudicando a candidaturas republicanas. La evidencia disponible sugiere que la elección no se definirá por el respaldo a propuestas de la oposición, sino que se perfila como un juicio ciudadano sobre los primeros dos años de la administración Trump 2.0. Si bien aún falta que se realicen las campañas, los debates y la movilización territorial, las tendencias actuales son claras y sostenidas. De mantenerse y de no presentarse nuevos acontecimientos capaces de alterar la opinión pública, las elecciones intermedias serán una oportunidad para medir hasta dónde llega o comienza a agotarse el mandato recibido en las urnas en 2024. ____ Nota del editor: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a Georgina De la Fuente.
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