Alfredo Quiñones , el neurocirujano mexicano más reconocido del mundo, vive todos los días con un propósito esencial: irse a dormir cada noche sintiéndose como Rocky Balboa. Cansado, pero satisfecho con el esfuerzo, con el trabajo realizado. «Cuando caigo a la cama tengo que pensar que, como en la película, dejé todo en el cuadrilátero», dice en entrevista con Expansión Política . Así, luchando desde niño, construyó una exitosa carrera. Él solo hace unas 100 operaciones de cerebro al año y, a través de su fundación Mission Brain, suma 53,000 pacientes operados gratuitamente en 20 años.

Conocido como «Dr. Q» , hoy es un famoso científico, médico, empresario e inventor de 58 años. Su última creación es una tecnología con inteligencia artificial (IA) que está revolucionando la operación de tumores cerebrales en pacientes despiertos. Pero, antes de convertirse en el eminente director de Neurocirugía de Mayo Clinic , uno de los mejores hospitales estadounidenses, y de ser protagonista de Ases del bisturí , serie documental de Netflix sobre los cirujanos más renombrados a nivel global, fue un migrante mexicano que llegó indocumentado a Estados Unidos hace cuatro décadas.

La historia del «Dr. Q» Quiñones se rebeló a la sentencia de su lugar de origen, el Ejido Sinaloa, un poblado rural de Mexicali, Baja California, donde vendió elotes, trabajó en una gasolinera y partió definitivamente a los 19 años. Pensaba ser profesor de primaria, pero las dificultades económicas de su familia lo orillaron a «buscar fortuna» en Estados Unidos. Cruzó la frontera norte y trabajó como jornalero agrícola en California. Estudió inglés por las noches. Después ingresó a un colegio comunitario. Consiguió la residencia estadounidense gracias a las reformas legales de finales de los 80 que regularizaron a varios
migrantes trabajadores del campo. En 1994 fue aceptado en la
Universidad de Harvard para estudiar medicina. Obtuvo su primer trabajo como médico en el Hospital Johns Hopkins y su vida cambió para siempre. Ahora, además de neurocirujano, es investigador, catedrático, autor de 10 libros y emprendedor. Ha creado nueve empresas en el sector salud. Ha presentado
50 solicitudes de patentes en Estados Unidos y conseguido el registro de 12.

Por tantas innovaciones, en junio pasado fue nombrado miembro de la National Academy of Inventors , organización que reconoció sus contribuciones científicas al mapeo cerebral, al estudio de las células madre para el tratamiento de tumores cerebrales y al desarrollo de tecnologías médicas. «Nuestro cerebro, a pesar de crecer en raíces humildes, tiene la misma capacidad de ser creativo que cualquier otra persona», comparte en una videollamada desde Florida.

Avances en la neurocirugía A pesar de sus habilidades quirúrgicas, como cualquier neurocirujano, el «Dr. Q» se preguntaba en el quirófano cómo hacer para extraer la mayor cantidad posible de tumor cerebral sin afectar a las personas. Estas operaciones se hacen en pacientes despiertos, anestesiados localmente, para evaluar si la intervención del cirujano afecta alguna función. Por eso desarrolla tecnologías para entender mejor los procesos cerebrales. En 2017 creó una red de electrodos circular que se coloca directamente en el cerebro del paciente durante la cirugía y registra la actividad eléctrica del cerebro.

La IA no te dice lo que tienes que hacer, te da otras herramientas para que tu inteligencia, que es real, tomes mejores decisiones para manejar al paciente.

Este electrodo significó un avance sustancial en la neurocirugía porque permite identificar si, durante el proceso, el paciente deja de responder o de mover una mano por un daño neuronal o por una inofensiva convulsión, comunes durante la estimulación y el mapeo del cerebro. Así, el neurocirujano se guía. Sabe dónde cortar sin causar afectaciones al habla o la movilidad, lo que evita que tome una decisión equivocada basada en una falsa alarma.

Neurocirugía con IA Sin embargo, Quiñones siempre pensó en cómo garantizar la extracción más profunda del tumor de forma segura. Y la inteligencia artificial le dio la respuesta. Desde 2022, conjuntó un
programa de IA al electrodo y ahora
procesa millones de señales cerebrales en tiempo real . Con el monitoreo de la IA, es posible entender qué funciones básicas se empiezan a ver afectadas de forma interna antes de que se manifieste una secuela visible. «Eso hace mucha diferencia, porque a veces entras y no puedes quitar mucho porque te da miedo: ‘Híjole, si lo lastimo, y si lo dejo sin habla y si lo dejo sin mover la mano. No voy a curar su cáncer y lo voy a dejar debilitado completamente'», reflexiona. Con el análisis de la IA, Quiñones ya tiene mayor certeza. Esta innovación está cambiando las neurocirugías. «Porque, entre más quitemos en el cerebro, mejores posibilidades tenemos de que el cáncer no progrese», celebra. La herramienta ya fue patentada y al menos
300 pacientes han sido operados con
IA , tecnología que Quiñones está presentando en distintos países. Así lo hizo México, en julio pasado, en el Congreso de la Sociedad de Cirugía Neurólogica de Occidente 2026.
El equipo médico importa tanto como la IA Aunque es un gran avance, el «Dr. Q» subraya que la
IA no hace todo por sí sola. Él destaca el trabajo de su equipo médico, que anestesia correctamente todos los nervios de los pacientes, les brinda apoyo emocional y todos los cuidados necesarios antes y después de la neurocirugía. «Lo que tienes que tener es un equipazo», explica y reconoce así el talento de sus colegas: «Yo siento que soy parte de los Rolling Stones».

Cuando salgo al mundo, yo hago lo que el mundo necesite». No porque no te imagines una cosa ahorita, no la puedes lograr mañana.

Médico y empresario Con todos sus desarrollos, Alfredo Quiñones ha conformado varias empresas de ingeniería biomédica y desarrollo de terapias de células CAR-T para combatir el
cáncer cerebral o estudiar la migración del cáncer en tiempo real a fin de buscar formas de detener su avance. Además, se asoció con una diseñadora de modas y alista el lanzamiento de una línea de ropa quirúrgica para finales de este año. «Siempre que me visto en el quirófano aborrezco los pitufos, los trajes de cirugía. Huelen mal, están muy incómodos. Y yo siempre tuve el sueño de hacer una serie de scrubs más elegantes”.
20 años de cirugías altruistas El otro gran sueño del «Dr. Q» es ayudar a los pacientes de menos recursos. Por eso, hace 20 años creó la
fundación Mission Brai n, con la que realiza todo tipo de cirugías sin costo. Empezó con la cirugía gratuita de un paciente de Guadalajara, en 2006. Actualmente, con un equipo de
2,000 cirujanos voluntarios , registra miles de operaciones alrededor del mundo. Así llevó, asegura, la primera neurocirugía a Sierra Leona, un país de África. En México realiza cada año jornadas quirúrgicas altruistas. Con sus empresas apuesta a mantener el legado de esta fundación y los recursos para su operación más allá del «Dr. Q». Este 2026,
Mission Brain cumple 15 años como fundación formal y Quiñones alista distintos eventos en varios de los países donde tiene presencia. Llegará a México en octubre y noviembre para celebrar este aniversario. Vestido ahora con un elegante blazer negro, desde una linda casa en Estados Unidos, el neurocirujano mexicano más famoso recuerda por qué creó Mission Brain. Cuando era un niño, asegura, un grupo de misioneros llegó a su poblado de Mexicali a construir letrinas y ayudar a los jóvenes vulnerables de esa comunidad rural. «Yo quería que el mundo sintiera lo que yo sentí en aquel momento. Me sentí visible, que el mundo me miraba, que alguien nos quería ayudar», declara. Ahora, más allá de las innovaciones terapéuticas, de las empresas, los premios y los programas de televisión, Quiñones sostiene que no experimenta mayor triunfo que cuando ve a un paciente recuperado. Nada iguala a la satisfacción de lograr que una persona sin recursos acceda a la cirugía que le salvará la vida. Su meteórica trayectoria viene de una lucha constante por mejorar su vida y su entorno. De aprovechar las oportunidades que ni siquiera imaginó tener. A lo largo de su vida ha colocado varios ganchos izquierdos y certeros, como los de Rocky.

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