Donald Trump ha cumplido un año de su segundo mandato al frente de la Casa Blanca con polémicas decisiones. Desde entonces ha rubricado 229 órdenes Ejecutivas y ha lanzado amenazas, amagos y anuncios ad nauseam de aranceles a casi todos los productos, bienes y manufacturas del mundo. Los ultimátum hacia México no han prosperado dado el profundo nivel de integración comercial entre ambos vecinos.

El 1° de febrero, Trump anunció un arancel del 25% a todas las importaciones provenientes de nuestro país como represalia por el flujo de migrantes y de drogas. En junio firmó un decreto que aumentaba del 25 al 50 por ciento los aranceles a las importaciones de acero y aluminio. El 12 de julio anunció una vez más un gravamen del 30% a México por el flujo de drogas ilícitas a Estados Unidos y en diciembre amagó con un porcentaje del 5% si no se entregaba a estados fronterizos el volumen de agua que fija el tratado de 1944. La intervención de la presidenta Sheinbaum ha sido clave para desactivar las medidas coercitivas. En todos los casos, se establecieron prórrogas que evitaron la puesta en marcha de las tarifas, de las que quedaron excluidas aquellas mercancías con contenido norteamericano en virtud del T-MEC. La ofensiva y agresiva política comercial desplegada por el mandatario estadunidense ha obligado a cambiar de raíz los planes en nuestro país. La megafactoría de Tesla en Nuevo León el proyecto más sonado de nearshoring , quedó en los archiveros. En julio, la automotriz china BYD canceló sus planes de construir una planta de manufactura ante las tensiones geopolíticas; ni siquiera anticipó el sitio donde se instalaría. Como parte de una reestructura global, Nissan cerró su histórica planta en Morelos para trasladar sus operaciones a Aguascalientes. Hace unos días, General Motors informó sobre el despido de 1,900 empleados de su planta en Ramos Arizpe, Coahuila, debido a los aranceles impuestos al sector. Los efectos se sienten. La magnitud del comercio chino y la necesidad de priorizar el mercado con sus socios norteamericanos obligaron a modificar la inercia. En diciembre, la Cámara de Diputados aprobó reformas a la Ley de Impuestos Generales de Importación y de Exportación para imponer cuotas arancelarias 10 al 50 por ciento sobre productos provenientes de países con los que México no ha suscrito un tratado comercial, en su mayoría asiáticos.

El 1 de julio comenzará la revisión integral al T-MEC suscrito entre Estados Unidos, México y Canadá; aunque el desenlace se anticipa incierto, hay buenas razones para mantenerlo debido al óptimo funcionamiento de las cadenas productivas en la región. Tras un año de vaivenes, presiones y negociaciones in extremis es necesario conocer cómo han impactado las nuevas tarifas al comercio exterior de nuestro país. De acuerdo con el Inegi, en 2025 la balanza comercial de mercancías presentó un superávit de 771 millones de dólares (mdd); un buen dato si se le compara con el 2024 cuando registró un déficit de 18,541 mdd. Conviene recordar que alrededor del 85% de las exportaciones se dirigen al mercado estadunidense. Durante 2025, la estructura del valor de las exportaciones de mercancías se conformó por bienes manufacturados (91.6%), productos petroleros (3.2%), bienes agropecuarios (3.1%) y productos extractivos no petroleros (2.1%). México fabricó 3 millones 953 mil vehículos en 2025. Aunque esta producción logró su segundo mejor dato histórico, quedó debajo de la meta de los 4 millones según el Registro Administrativo de la Industria Automotriz de Vehículos Ligeros (RAIAVL). Sin embargo, la exportación tuvo una caída del -2.7% respecto al 2024. A Estados Unidos se envió el 78% del total de autos vendidos fuera del país.

La Oficina del Censo de Estados Unidos publicó en enero su reporte sobre balanza comercial entre ese país y el nuestro. En los primeros diez meses de 2025 exportamos a ese mercado mercancías, bienes y servicios por un valor de 447,998 millones de dólares e importamos 283,182 millones lo que arroja un superávit para México de 164,815 mdd. Estos números ratifican la posición de nuestro país como principal proveedor del mercado norteamericano. En 2025, el primer año de la sacudida arancelaria global, México tendrá un crecimiento esperado de entre 0.4% y 0.7% de acuerdo con organismos financieros internacionales y analistas del sector privado. Para 2026 el panorama mejorará significativamente: el FMI estima que el PIB crezca 1.5% mientras que el Banco Mundial augura una expansión del 1.1%. El 30 de enero conoceremos la estimación oportuna del PIB por parte del Inegi. Por ahora, este conjunto de indicadores no muestra una caída en las tendencias económicas y comerciales que ha seguido México desde la pandemia cuando se registró un desplome en las variables asociadas al crecimiento. Sin embargo, está por verse si nuevas y renovadas amenazas modifican la tendencia. Lo sabremos en junio cuando inicie la revisión del T-MEC, esperando que México resista a las ocurrencias. ____ Nota del editor: La autora es titular de la Unidad de Igualdad de Género y Cultura de la Fiscalización de la ASF. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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