En el universo del rock de los setenta, las bandas nos regalaron cantantes con voces que eran un auténtico estruendo.
Tipos como Robert Plant o Ian Gillan tenían gargantas de oro, pero Freddie Mercury, el eterno líder de Queen, se cocía aparte; lo suyo era un fenómeno que la ciencia terminó por calificar como único en la historia de la música.
Aunque su naturaleza era la de un barítono, Mercury siempre se movió con la soltura de un tenor y hasta rozó notas de soprano. Su rango vocal cubría cuatro octavas completas, desde un Fa#2 (92.2 Hz) hasta un Sol5 (784 Hz).
Además, su vibrato tenía una velocidad inusual; sus cuerdas vocales vibraban más rápido que las de cualquiera, creando un sello irrepetible. Algunos expertos incluso atribuyen esta resonancia a su hiperdoncia: esos cu…
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