Casi ocho años después de que la Federación Internacional de Futbol (FIFA) eligiera a México como sede de la Copa del Mundo , la falta de infraestructura en transporte y las protestas provocaron que fuera un martirio llegar y salir de las colonias aledañas al Estadio CDMX (antes Azteca) durante las horas previas y posteriores al encuentro entre las selecciones mexicana y sudafricana. Habitantes de las colonias El Caracol , La Zorra, Media Luna, Joyas del Pedregal, Bosques de Tetlameya , Cantil del Pedregal, Pedregal de Santa Úrsula y el Pueblo de Santa Úrsula Coapa organizaron este jueves reuniones con familiares y amigos para ver por televisión cómo Raúl Jiménez y Julián Quiñones dieron los primeros tres puntos a México . Sin embargo… sus invitados no estaban invitados por la FIFA y las autoridades mexicanas.

Las principales formas de llegada a las inmediaciones del Estadio CDMX son el Tren Ligero y los autobuses que circulan por Calzada de Tlalpan . El Tren Ligero fue apartado desde el inicio de la jornada para las personas que contaran con boleto para entrar al juego de futbol, mientras que los autobuses no circularon hoy por la vía rápida porque las protestas provocaron cierres viales. Para los que viajan desde el centro y el norte de la capital hubo un tercer inconveniente: la Línea 2 del Metro (la Azul) suspendió el servicio en algunas de sus estaciones, incluidas Pino Suárez y Chabacano, las cuales conectan con zonas pobladas de la Ciudad de México. Antes de mediodía, decenas de personas tuvieron que caminar varios kilómetros para poder entrar a dicha Línea en puntos como Villa de Córtes y General Anaya para llegar a Taxqueña, la principal terminal al sur de la capital y conexión directa con el Tren Ligero. Entonces… si alguien era invitado a ver el juego en las cercanías del Estadio o si pretendía asistir a algún bar o restaurante vecino del también llamado Coloso de Santa Úrsula, la opción era caminar, caminar y caminar. Y al final de la travesía a pie, le era necesario presentar el gafete para identificarse como habitante de la zona. Si no cumplía con los requisitos de los kilómetros a pie y la credencial, los granaderos -que no son granaderos- le negaban el acceso a la llamada “última milla” antes del Estadio. En el caso de los que no contaban con boleto está la familia de Marty. Ella llegó al Tren Ligero alrededor de las 11:00 horas con la intención de asistir al partido inaugural del Mundial en el Estadio Ciudad de México. Su viaje comenzó la noche anterior en Los Ángeles, Estados Unidos, de donde partió acompañada por siete familiares. Tras aterrizar en la capital mexicana a las siete de la mañana, enfrentó una larga odisea marcada por bloqueos viales, cambios de transporte y recorridos en taxi y Metro antes de encontrar la forma de llegar al Estadio. Para ella, se trata de su sexta Copa del Mundo. “El boleto se lo regalamos en Navidad, en diciembre. Costó tres mil dólares”, contó su hija Meztli. “Por nada se lo hubiera perdido”. Sin embargo, Marty tuvo que vivir la experiencia sola, ya que ninguno de sus familiares logró acercarse al Estadio. Porque el Tren Ligero era exclusivo para los que tenían boleto. Desde temprana hora, los vagones se saturaron apenas abrían sus puertas, en escenas similares a las de la hora pico. Cientos de trabajadores del gobierno capitalino y elementos de la policía fueron desplegados para agilizar el acceso mediante vallas humanas y filtros de ingreso. La medida, sin embargo, impidió que usuarios habituales utilizaran el servicio y dejó fuera a familiares y acompañantes sin boleto, quienes esperaban al menos acercarse a las inmediaciones del Estadio para seguir la fiesta futbolera. Pero el martirio no acabó cuando el árbitro Wilton Sampaio pitó el final del México-Sudáfrica. Al momento de volver a casa, los visitantes del Estadio y zonas aledañas se toparon con obstáculos parecidos: Calzada de Tlalpan permaneció cerrada durante horas, aún por las protestas, mientras que el Tren Ligero suspendió por completo su servicio por un daño a las vías, causado por los manifestantes. Lo que quedó entonces fue esperar en filas enormes para subirse a autobuses o los transportes improvisados por vecinos de las colonias aledañas al Estadio CDMX. “¡Metro CU! ¡30 varos!”, gritó un joven sobre Santa Úrsula, a dos cuadras de la Puerta 3 del Coloso. Puso su camioneta café, a la cual los años ya le pasaron varias facturas, al servicio de extraños para sacarlos de la zona. Y ahí, en la caja de su troca, entre 10 y 15 extraños apretados y con playeras verdes, se alejaron bajo la lluvia. Esa forma de viaje le tocó a Rodrigo, quien trabaja para una empresa a la que le tocaron actividades al interior del Estadio CDMX durante la inauguración. Después de ver en persona al brasileño Ronaldinho en su jornada laboral y cumplir su sueño de asistir a un evento internacional, Rodrigo pensó que iba a tener que caminar hasta el Metro, porque subirse a algún autobús le pareció una misión imposible. “No había trasporte, teníamos que irnos caminando, pero había una camioneta. Se subió bastante gente con confianza”, dijo. “Me tocó algo mágico. Veníamos con personas de otros lugares (países). Aunque dicen que en su país sería ilegal (viajar muchas personas en una camioneta sin registro de transporte), venían súper divertidos. Se van a ir enamorados porque este país tiene cosas que en ningún lugar encuentras”, agregó sobre la travesía. “Me toca toca trabajar en el Estadio Azteca (ahora Estadio CDMX). Es algo mágico. Es algo que yo nunca había hecho. Te lo digo: me mama el futbol. Siempre había querido estar en un evento así. El día de hoy… no estaba haciendo las cosas bien, pero hoy se me cumplió un sueño. Me siento muy, muy feliz”, contó. Y las historias se acumularon alrededor del balón este jueves. Josué y su amigo Jesús, por ejemplo, viajaron desde Matamoros, Tamaulipas, para asistir al partido, en el que habían invertido 86,000 pesos en dos boletos. Sin embargo, el miércoles decidieron salir de fiesta y hacer turismo durante la noche. Se separaron entonces de sus camaradas que traían consigo los boletos. Para cuando llegaron al Tren Ligero durante la mañana de este jueves, se dieron cuenta que su sueño mundialista se iba a quedar trunco. No traían la llave de acceso.

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