En punto de las 11:00 horas, la alerta sísmica comenzó a sonar en los altavoces de la Ciudad de México y la notificación también llegó a los celulares, en lo que fue el primer simulacro de sismo de este 2026. Con calma, cientos de trabajadores de oficinas ubicadas en Paseo de la Reforma, así como clientes y personal de las tiendas del centro comercial de Reforma 222 desalojaron los edificios para colocarse en los camellones de la avenida principal.

Mientras trabajadores de Sura y BID tenían guías encargados de la Protección Civil coordinando la salida segura y ordenada del personal, trabajadores de limpieza y de tiendas pequeñas salieron por su cuenta. Algunas personas se tomaron el ejercicio con seriedad, siendo incluso encargados de botiquines médicos y de extintores, mientras tanto, otros aprovecharon la salida para comprar en los puestos cercanos una botana o bebida, bromear, inclusive algunos personas regresaron a sus puestos de trabajo antes de tiempo y otros decidieron no bajar de sus oficinas para el simulacro. «Una cosa es reaccionar por protocolo y otra cosa es ya reaccionar en el momento. He pasado varios sismos, sobre todo el del 85 y la verdad no es la misma reacción», dice Alicia Campos, trabajadora de limpieza de una tienda en Reforma 222, quien vivió tanto el sismo de 1985 como el de 2017 en la Ciudad de México. Gerardo Martínez, encargado de un restaurante italiano en Paseo de la Reforma, fue el responsable de evacuar a todos sus compañeros en cocina y servicio en el simulacro.

«El hecho de concentrar a todo mi equipo de cocina y de piso es muy importante porque así sabemos qué hacer y cómo hacerlo», comenta. Para Gerardo, los simulacros son un ejercicio valioso, al tiempo que recuerda que también durante el trabajo les tocó enfrentar el sismo de 2017, en el que murieron al menos 187 personas y se colapsaron múltiples edificios en la Ciudad de México. «Fue algo muy fuerte, muy impresionante, pero el hecho de saber cómo salir y dónde reunirte es de mucha ayuda», dice.

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