La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas , más allá del lamento de la pérdida, debería llevarnos a tener una seria reflexión sobre el estado de la izquierda en México y la región, sobre si aún existe una izquierda, y sobre lo que debería ser la política del Siglo XXI. Cárdenas ciertamente fue un personaje de relevancia nacional. En lo personal, siempre fue de buen trato, con educación y empatía. Un caballero. Articulado, preparado y sin aspavientos. Escuchaba a sus interlocutores con atención, los respetaba aunque pensara distinto. Nunca explotaba.

En lo político, tuvo un discurso público democratizador que fue muy importante en su momento. Si bien no lo inventó ni inició él, sí supo abanderarlo y profundizarlo. Ser hijo del “Tata Cárdenas”, que no debió ser nada fácil para forjar su propio espacio, le daba un micrófono privilegiado que, al hacerlo figura nacional, hacía que sus dichos tuvieran mucho más eco que algunos de sus antecesores y contemporáneos. Y lo aprovechó muy bien. Fue en la década de los 60 que su carrera política empezó a despegar, y cuando tuvo el privilegio de caminar junto a Don Heberto Castillo, uno de los grandes pilares de la izquierda que tuvimos en México, y de sus principales mentores. Caminó también, por la vía institucional del PRI, junto a otros personajes muy relevantes como González Pedrero, Reyes Heroles, Gómez Villanueva, y varios otros. Incursionó en actividades partidistas importantes. Pasó por el IEPES, que fuera la gran escuela de cuadros del PRI y el gobierno; y también por la otrora poderosa CNC, que siempre fue una institución contestaria del partido, pero con ánimo de construir. Esa trayectoria es una de las más grandes diferencias con AMLO, para aquellos que tanto gustan decir que Obrador tiene origen priista. Cárdenas sí tuvo ese origen, esa escuela de construcción institucional, vocación y convicción. A diferencia de AMLO, que solo fue activista rijoso. Al Ingeniero le tocó desarrollarse en una época muy interesante de la vida nacional. El movimiento de médicos de los 50-60, los movimientos estudiantiles del 68 y el 71; la fuerza pública del PAN en su época de mayores contribuciones a la democracia; la génesis de los partidos de izquierda. Muchos personajes relevantes de la vida pública de las siguientes cincio décadas se formaron en aquellos momentos. Cárdenas logró mantenerse vigente mucho más tiempo que la mayoría.

Conforme fue creciendo políticamente, retomó banderas democratizadoras de los movimientos sociales y del PAN. Y fue avanzando en posiciones, tanto en el Ejecutivo siendo muy cercano a López Portillo, como llegar a Senador y a Gobernador de su estado, Michoacán. Esa incursión más profunda en la política nacional le permitió que su discurso tuviera contribuciones al debate público. Sobre todo en el entorno post 1977 y la gran reforma política, que había ayudado a abrir la posibilidad de ese debate emanado desde las oposiciones y la izquierda. Su gran reto fue el eterno desafío de las izquierdas mexicanas y latinoamericanas: pasar del simple discurso, a demostrar con hechos sus convicciones una vez que llegan a posiciones clave de poder. Es allí donde todos los líderes de la región parecen haberse atorarse. Él no fue la excepción. Es en los hechos donde Cárdenas quedó a deber de manera muy importante. En los hechos, su comportamiento tanto como líder político como gobernante distó mucho de su discurso democratizador. Como Gobernador, tuvo un paso muy promedio. Claro, el Michoacán de los 80 era muy distinto al que Fox heredó a Calderón, al que Calderón hundió, al que Peña y AMLO le profundizaron la crisis, y a ese que hoy simplemente parece no tener arreglo ni salida. Conforme ascendía, iba mostrando su apego a la cultura del caudillismo, que tanto ha caracterizado a la izquierda latinoamericana. Su afán por la Presidencia, al crear el Frente Democrático Nacional fue mostrando esa faceta, que fue justo una de las razones del quiebre con Muñoz Ledo. Al pasar la elección de 1988, se fue enconchando. El proceso de creación del PRD lo demostró. Tras aprovecharse de los partidos tradicionales de izquierda como PSUM y PCM para que le cedieran su registro, los fue marginando para ungirse como el líder del nuevo partido, el mesías de la izquierda.

Eso provocó que las agendas y banderas de la izquierda histórica se fueran diluyendo, en un afán por acceder al poder con la simple convicción de derrocar al PRI, sin más visión ni ruta. Por eso hemos dicho tantas veces en este espacio que fue justo la creación del PRD la tumba de la izquierda. Fue avanzando durante los 90, por supuesto en la apertura de Salinas a gobiernos estatales de oposición, siempre erigiéndose como el totem del partido, sin abrir espacios ni crear cuadros. Así, se vuelve a nombrar candidato presidencial de la izquierda en 1994, como por derecho natural. En 1997 tiene su gran logro, al ganar la Jefatura del entonces Distrito Federal, abierto a elecciones por primera vez en la historia. Su gobierno estableció las bases para la cooptación de las entonces delegaciones, así como del legislativo y judicial capitalinos. El modelo de gobierno que se instauró en la Ciudad fue justo la réplica de todo aquello que la izquierda siempre dijo combatir: clientelismo, cooptación, centralismo, autoritarismo, con el ingrediente adicional de desorden. Por supuesto, sale del gobierno capitalino para, una vez más, aferrarse a la candidatura presidencial del 2000, porque ¿quién más podría contender? Y ante la posibilidad de generar un gobierno de coalición con Fox, prefirió obstaculizar la entrada de cuadros de izquierda, en lugar de abrir espacios. Y cuando por fin parecía incluir a alguien más, le abre las puertas sin más al menos representativo de izquierda: AMLO. Lo empoderó a pesar de su talante rijoso y autoritario. Irónicamente, Obrador lo superó, quitándole su eterna candidatura presidencial en 2006. Y su liderazgo “moral”. Cárdenas fue un personaje muy importante ciertamente. Pero no logró evitar los vicios de la izquierda latinoamericana. Es un ejemplo claro de esa incongruencia entre discurso y hechos. Eso que, hoy que la izquierda quedó vacía y condenada en México, deberíamos entender para corregir. _____ Nota del editorial: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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