Hay ciudades que viven modas pasajeras de una sola temporada, mientras que otras, como la Ciudad de México, construyen una solvencia duradera cimentada en algo fundamental: la confianza. Eso revelan dos balances presentados con apenas días de diferencia en nuestra capital: el del impacto del Mundial y el de las finanzas públicas del primer semestre de 2026. En realidad, uno explica al otro y ambos reflejan los frutos de un proyecto de transformación profunda.
El lugar que hoy ocupa la Capital en el escenario internacional representa el resultado directo de una estrategia bien planeada. El Mundial dejó una derrama económica de 66 mil millones de pesos en la Ciudad, respaldada por un volumen de transacciones bancarias en junio de 193 mil millones de pesos realizadas, entre otros, por visitantes de 84 países, lo que significó un incremento del 30 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2025. Marcó, además, el mejor junio en creación de empleo formal en un cuarto de siglo, con más de 100 mil nuevos puestos, y atrajo a más de 4 millones de visitantes. La clave revolucionaria de este proceso estuvo en la distribución del éxito, pues la derrama se extendió más allá de los corredores tradicionales. El consumo turístico internacional creció un 124 por ciento en Xochimilco y la festividad se vivió en las 16 alcaldías, logrando una auténtica descentralización de la alegría. A la par de la proyección internacional del torneo, el informe de finanzas públicas mostró la estructura interna que sostiene esa grandeza, la fortaleza permanente que sostiene a la ciudad. La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, presentó una inversión pública superior a los 17 mil millones de pesos durante el primer semestre, un incremento del 156% respecto al año anterior, con aumentos del 84.8% en obras, 44.7% en movilidad, 28% en agua y drenaje, y 23% en programas de bienestar. Con ingresos que superaron los 183 mil millones de pesos, un 12% más de lo proyectado, y una deuda pública reducida en 8.4% real respecto a 2018, la Ciudad demuestra la solidez de su gestión. Este músculo financiero nació del respaldo de la ciudadanía con la Cuarta Transformación mediante un esquema de justicia fiscal. Destaca el Programa de Regularización Fiscal que permitió a más de 186 mil personas ponerse al corriente, generando más de mil millones de pesos adicionales, junto a beneficios fiscales que respaldaron a 3.6 millones de contribuyentes. Como señaló la Jefa de Gobierno, se consolida una ciudad financieramente fuerte, con mayor recaudación, inversión histórica y menor endeudamiento. Frente a la narrativa catastrofista de una oposición de corte neoliberal que, aferrada a sus viejos dogmas, quisiera ver quebrar a la capital y apostó al fracaso de este gobierno, la realidad de la Cuarta Transformación demuestra exactamente lo contrario. La certeza de que los recursos públicos se manejan con honestidad motiva a la ciudadanía y al sector productivo a cumplir sus obligaciones de forma voluntaria. Existe la seguridad de que la recaudación vuelve a las calles convertida en agua, transporte moderno, infraestructura y programas sociales.
La proyección internacional de la Ciudad de México se fundamenta en la capacidad de un gobierno emanado de la transformación, capaz de coordinar un evento global masivo a la par de mantener la disciplina hacendaria. Al final del día, el renombre, el turismo y la estabilidad económica se traducen en bienestar tangible. La esencia de nuestro proyecto consiste en transformar el prestigio en justicia social y garantizar la democratización de la bonanza todos los días del año. ____ Nota del editor: Ángel Tamariz Sánchez, diputado local de Morena en el Congreso de la Ciudad de México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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