CIUDAD DE MÉXICO, octubre 27 (EL UNIVERSAL).- Llega el otoño y, con él, una de las paletas de aromas y sabores más reconfortantes del año: manteca de cacao, canela recién molida, clavo de olor, piloncillo y el perfume terroso de la calabaza.

Aunque en la cultura popular global la temporada está dominada por el famoso pumpkin spice, en México todo comienza con el verdadero rey de la mesa e ingrediente ancestral.

Con su pulpa carnosa de color naranja, su cáscara dura y su dulzor natural, este fruto representa el lado más cálido y dulce del otoño en nuestra gastronomía.

Su arraigo es tal que, de acuerdo con Arqueología Mexicana, en el México antiguo se le bautizó en náhuatl como tamalayohtli (de tamalli/tamal y ayohtli/calabaza), debido a que la densidad de su pulpa cocida recuerda a la textura de la masa de los tamales.

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Durante décadas, este fruto de la milpa ha ocupado un lugar entrañable, pero acotado en el recetario popular mexicano como el dul…

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