CIUDAD DE MÉXICO, octubre 20 (EL UNIVERSAL).- Durante las semanas previas al Día de Muertos, la Ciudad de México se tiñe de naranja. Sin embargo, la flor de cempasúchil no solo habita en Paseo de la Reforma o sobre los escalones de las ofrendas familiares.

En los últimos años, el talento de cocineras tradicionales y reposteros ha llevado esta flor directamente a las tazas y pocillos a través del atole de cempasúchil en Ciudad de México

Como destaca el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el uso culinario de las flores comestibles en la cocina mexicana responde a una tradición que combina propiedades medicinales con perfiles aromáticos complejos.

En el caso del atole, los pétalos deshojados se infusionan o se muelen junto con el maíz, aportando un tono dorado brillante y un perfume que evoca de inmediato la atmósfera del otoño capitalino.

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Pero convertir un símbolo ancestral en un reconfortante trago caliente exige delicadeza técn…

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