En un contexto de creciente tensión entre México y Estados Unidos , marcada por la muerte de al menos 14 mexicanos bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) , el endurecimiento de las redadas migratorias del Gobierno de Donald Trump y protestas como el movimiento “No Kings”, el libro Racismo en Estados Unidos. Una visión histórica propone una lectura de fondo, pues los conflictos actuales no son hechos aislados ni coyunturales, sino expresiones de una estructura histórica no resuelta. De acuerdo con Federico Samaniego , el autor, es necesario debatir sobre el racismo y la política estadounidense en medio de las presiones que ejerce Trump al Gobierno de Claudia Sheinbaum por temas migratorios, económicos y de seguridad.

Samaniego sostiene que el racismo ha sido una constante constitutiva del sistema estadounidense y que sigue operando como una “falla social” que periódicamente libera tensiones. Desde esa perspectiva, advierte además que existe un problema del lado mexicano : la dificultad para entender las divisiones internas de Estados Unidos y, con ello, la oportunidad perdida de construir alianzas en medio de esa crisis. En la conversación, el autor apunta que Estados Unidos no es un bloque uniforme, sino una sociedad atravesada por divisiones profundas, en particular por una estructura racial que sigue generando conflictos y reacomodos. A lo largo de la entrevista resalta además el caso de George Floyd, un evento clave en la historia reciente de Estados Unidos por su impacto social, político y racial, el cual, asegura, se convirtió la última liberación de energía social que ha sacudido a la sociedad y la relación que existe entre negros y blancos. George Floyd, un hombre afroamericano de 46 años, fue asesinado el 25 de mayo de 2020 en Minneapolis tras ser detenido por la policía bajo sospecha de haber usado un billete falso. Durante el arresto, el oficial Derek Chauvin lo inmovilizó colocando su rodilla sobre el cuello de Floyd durante aproximadamente nueve minutos, a pesar de que Floyd repetía que no podía respirar. El incidente fue grabado por testigos y el video se difundió ampliamente, provocando indignación pública. Floyd perdió el conocimiento y posteriormente fue declarado muerto. El caso desencadenó una ola de protestas masivas en Estados Unidos y en otros países, en gran parte articuladas por el movimiento Black Lives Matter. Las manifestaciones denunciaban la brutalidad policial y el racismo estructural en el sistema de justicia. A partir de ese hecho, el autor indica que el racismo en Estados Unidos no es un fenómeno coyuntural ni meramente social, sino una estructura histórica profunda que se origina en la esclavitud y se transforma a lo largo del tiempo sin desaparecer.

El entrevistado sostiene que esta “falla social” atraviesa todas las dimensiones del país —política, cultura, economía— y se manifiesta en ciclos de avance y reacción, como ocurrió tras la presidencia de Barack Obama y el posterior ascenso de Donald Trump. Desde esta perspectiva, episodios recientes como el caso de George Floyd no son anomalías, sino expresiones de una tensión histórica acumulada. Más allá de lo que sucede en Estados Unidos, Samaniego señala que existe también un problema de percepción en México: la tendencia a ver EU como un enemigo homogéneo.Esa simplificación, advierte el autor, impide reconocer actores, matices y posibles puntos de convergencia. “Nuestro desprecio por los norteamericanos es tal que decimos: no quiero saber ni su historia”, afirma al subrayar que existe una barrera cultural que limita la comprensión del país vecino. Para el autor, las tensiones actuales —incluido el endurecimiento del discurso político o las políticas migratorias— no pueden explicarse sin considerar la historia racial estadounidense.

Aquí parte de la entrevista con Samaniego:
Expansión: Usted plantea que el racismo en Estados Unidos no es solo un fenómeno, sino estructura. ¿Cómo debe entenderse esa idea?
Federico Samaniego: Cuando empecé a estudiar la historia de Estados Unidos, me di cuenta de que hay en el hueso aquel periodo en el que se esclavizó a cuatro millones de personas… y que sin entender la esclavitud y después de la segregación, no se entenderían los conflictos en Estados Unidos, porque parecerían salidos de la nada o salidos, como dice la supremacia blanca, de la violencia de los negros y no es así. Yo uso la metáfora de que los Estados Unidos están construidos sobre una falla social, y esa falla social se mueve a través del tiempo y hace estallidos y manifestaciones de mucha energía social liberada.
E: ¿Esa ‘falla social’ sigue operando hoy?
FS: Toda la política norteamericana, la cultura, la música, la comida, la religiosidad está marcada por ese momento de haber esclavizado a tantos millones de personas. Es algo que los norteamericanos no se pueden quitar. La muerte de George Floyd (2020) ha sido la última de esas liberaciones de energía.

Cuando triunfó Barack Obama (2009), yo llegué a vivir a Estados Unidos y fue como una liberación, como si al haber ya un presidente negro, por fin terminó la persecución de este racismo, era algo residual, el ánimo era un ánimo muy festivo. Pero siempre que hay un avance de los negros en Estados Unidos, viene una reacción blanca proporcional, como advertía Martin Luther King. Con Obama, esa reacción se manifestó con fuerza: el que un negro haga las cosas mejor es simplemente inaceptable dentro de la lógica histórica del racismo estadounidense. Punto. Los negros ‘son miembros de una clase inferior’, así lo han sido siempre y durante muchos años se les consideró que no eran humanos, que no pertenecían a la raza humana. Derrick Bell, uno de los autores que cito en el libro, me abrió el panorama, él dice: ‘siempre nos consideraron que éramos algo entre las vacas y las personas. Una especie intermedia entre las vacas y las personas’. Esta condición persiste. Hace unas semanas Trump posteó una foto de los Obama como simios. Así que sí, persiste hoy en día. Eso que los MAGA no dicen en público y algunos sí, otros lo piensan: ‘los negros no son iguales a nosotros’. Este MAGA es exactamente la reacción al avance que hubo con Obama y Michelle (Obama) en la Casa Blanca. E: Usted insiste en que ‘el racismo’ debe nombrarse abiertamente. ¿Por qué es importante eso? FS: Porque mientras no se nombre, opera desde lo inconsciente. Hay una culpa en la sociedad blanca que incluso evita usar la palabra ‘negro’, cuando en realidad no debería ser ofensiva. Autores como James Baldwin insistían en discutir abiertamente la esclavitud y la segregación. Nombrar el problema permite entenderlo y enfrentarlo. El racismo está en la cabeza de los blancos y en cierta forma nosotros somos blancos y te voy a hacer una demostración: ¿quién es la persona afroamericana más rica del mundo? Elon Musk, pero su nombre no siempre viene a la mente. Es así que la culpa blanca es la que le dice African American al negro y los negros no están de acuerdo con la denominación. Cuando lo nombramos ya no se está actuando desde lo inconsciente.

E: Su trayectoria no proviene exclusivamente de la historia. ¿Cómo llega a este campo? FS: Mi formación es diversa: agronomía, teología, antropología. Siempre he creído que el conocimiento no debe fragmentarse. Viví varios años en Estados Unidos y aproveché ese tiempo para estudiar historia directamente en el lugar donde ocurrieron los hechos, incluso viajando por el país. Esa experiencia me permitió una comprensión mucho más profunda. Así me involucré con la historia de Estados Unidos y ella se involucró conmigo. E: Me parece curioso que usted, siendo mexicano, hay escrito un libro sobre el racismo en Estados Unidos. ¿Cómo fue recibido su trabajo? FS: Nada más mal visto. Existe una barrera clara: no les gusta que un extranjero, y menos un mexicano, opine sobre su historia racial. Incluso un historiador en Estados Unidos me dijo directamente que no discutiría temas de raza con un mexicano. Yo tengo miedo con este libro, estoy solicitando mi VISA porque ya venció y me dieron cita para junio, entonces tengo miedo de que me digan: ‘usted quería qué’. E: ¿Y qué le gustaría que las nuevas generaciones aprendieran de este libro? FS: Estados Unidos no es un bloque homogéneo. Dentro hay sectores que pueden ser aliados en luchas democráticas. Mi generación tendía a verlos únicamente como enemigos, pero eso es un error. Comprender su historia permite identificar esas alianzas potenciales. Entonces, en las nuevas generaciones creo que tendría que cambiar el punto de visión. Hay un aliado potencial de las luchas justas y democráticas en México. Pero nuestro desprecio por los norteamericanos es tal que decimos: ‘no quiero saber ni su historia’. Esa postura impide entender que dentro de Estados Unidos hay sectores que son una potencial alianza nuestra. E: ¿Qué tipo de alianzas podrían construirse? FS: Históricamente han existido sectores estadounidenses que han impulsado cambios democráticos. Los blancos que echaron a la policía en Minneapolis, esa es una sociedad que es una potencial aliada nuestra. Ignorar esos actores implica perder oportunidades políticas. Pero hay mucha tensión, muchos prejuicios. Por ejemplo, los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos muchas veces buscan integrarse con los blancos para sobrevivir, lo que complica las posibles alianzas con otros grupos. Es un sistema complejo donde operan estructuras históricas profundas. No es solo una cuestión individual o moral, sino estructural: leyes, instituciones y prácticas lo sostienen. Por ejemplo, el sistema judicial ha reemplazado en muchos sentidos a la esclavitud como mecanismo de control, especialmente a través de la criminalización. E: En ese contexto, ¿cómo interpreta el fenómeno de Trump y el movimiento MAGA? ¿Cree que hoy en día estamos en una ‘falla geológica’, como usted le llama? FS: No, la última fue la de Gorge Floyd, cuando surgió el movimiento Black Lives Matter, pero vamos hacia allá dentro de un par de años, aunque en condiciones completamente diferentes. Los Estados Unidos que hoy conocemos no van a tener nada que ver con los Estados Unidos dentro de tres años. Estados Unidos encierra 120 lenguajes. Es primera ciudad de 70 países. La primera ciudad de hondureños está en Estados Unidos, la primera ciudad de Etíopes está en Estados Unidos, la primera ciudad de somalíes está en Estados Unidos, la segunda ciudad de mexicanos está en Estados Unidos, es decir, esto ya fue juego nuevo, lo que pasa es que es el último intento de los blancos por quedarse con el control político. No lo van a lograr. Ya lo perdieron, de hecho. Minneapolis es la mejor señal. Los historiadores dentro de 100 años van a decir la supremacía blanca se rompió en Minneapolis. ¿Por quién se rompió? Los blancos. Sin un balazo echaron fuera a una fuerza militar de ocupación enmascarada y con coches enmascarados. Es el último intento de la supremacía blanca por mantener la hegemonía política. Sin embargo, ese proyecto está en declive: La multiculturalidad se los va a tragar. Ya se los está tragando. Estamos ante lo que yo llamo una crisis revolucionaria… Los Estados Unidos que hoy conocemos no van a tener nada que ver con los Estados Unidos dentro de tres años.

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