La indicación médica fue clara. Cecilia Santillán, de 39 años, necesitaba radioterapia urgente. Era su última esperanza frente a un cáncer cervicouterino muy avanzado. Pero, delante de ella, otros 400 pacientes esperaban turno en el Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE. El servicio estaba saturado. “Va a tardar”, le advirtieron. “No le va a pasar nada, usted espere», le dijeron cada vez que preguntaba por su cita.

Una frase inexacta para calmar a los pacientes que, como Cecilia, esperan meses por un tratamiento. Esto ocurre con frecuencia en México porque la infraestructura para la atención del cáncer es insuficiente: solo 259 hospitales públicos tienen un área de quimioterapia. La situación es más crítica en radioterapia. Aunque es fundamental para el tratamiento de varios tipos de cáncer, solo hay 56 hospitales públicos con un total de 59 áreas de radioterapia y braquiterapia. Esta cantidad se queda corta ante la demanda. En 2025 se detectaron 222,000 nuevos casos de cáncer en México, según estima el Observatorio Global del Cáncer. Un año antes, según el Inegi, casi 50,000 mexicanos murieron por un tumor maligno. Aunque el equipamiento y la infraestructura han aumentado en los últimos años -como ejemplo están los aceleradores lineales que de 2023 a 2024 pasaron de 72 a 84- el equipo todavía es insuficiente para el ritmo de crecimiento del cáncer, enfermedad que avanza año con año y actualmente ya es la tercera causa de muerte.

Equipos fuera de servicio Como el tiempo apremiaba, Cecilia buscó otros hospitales con equipo de radioterapia. Pero en el país apenas hay 84 aceleradores lineales, concentrados en 49 hospitales. Incluso el ISSSTE, una de las instituciones de salud más importantes del país, en 2024 tenía solamente seis aceleradores lineales y dos áreas de radioterapia: una en el Hospital 20 de Noviembre de la Ciudad de México y otra en un hospital de Morelos. En su búsqueda de alternativas, Cecilia fue al Hospital General de México, administrado ahora por IMSS Bienestar, pero le dijeron que el equipo no funcionaba desde 2017, por lo que los pacientes que necesitaban radioterapia eran enviados a Toluca. A través de una solicitud de transparencia, este hospital dijo que tenía dos aceleradores lineales y uno de ellos estaba fuera de operación por obsolescencia.

El mismo problema se repite en otros hospitales. El uso intensivo de los pocos equipos y la falta de modernización los lleva a mantenimiento de manera frecuente. Por ejemplo, IMSS Bienestar respondió que en 2025 contaba con 46 equipos para radioterapia y, de estos, ocho estaban fuera de servicio en abril de ese año. El IMSS, el organismo de seguridad social más grande de América Latina, informó que tenía 27 equipos de radioterapia para sus 78 millones de beneficiarios. De esa cifra, tres estaban fuera de servicio. Sin rendirse, Cecilia acudió después al Instituto Nacional de Cancerología (INCan), hospital referente en la atención de tumores. Pero ahí la lista de espera para radioterapia alcanzaba los 1,500 pacientes. Esta unidad médica reportó, en otra solicitud de transparencia, ocho equipos para radioterapia, uno de ellos fuera de servicio permanentemente.

Estados sin infraestructura para cáncer En agosto 2024, Cecilia estaba en la etapa 4, la más avanzada. Desde el cérvix, el cáncer se había extendido a los ganglios y a la vejiga. La sometieron a una cirugía para extirpar los ganglios, el útero y una parte de la vagina, pero no lograron retirar el tumor porque estaba en una zona delicada. El médico fue directo con ella: “No pueden pasar más de 6 meses después de tu cirugía, si no ya no eres candidata a la radioterapia”. Temerosa de ese pronóstico, cotizó un hospital privado, pero no tenía los 400,000 pesos que ahí costaba el tratamiento. En otros hospitales públicos también le cobraban la cuota más alta debido a que ella estaba afiliada al ISSSTE y no era paciente sin seguridad social. Ya no había a dónde ir. Ella reside en la Ciudad de México, donde están la mayoría de los hospitales de alta especialidad, los equipos y buena parte de oncólogos y radiólogos del país. Esa centralización lleva a muchos pacientes a desplazarse de sus lugares de origen. En Chiapas, Tlaxcala y Tamaulipas, por ejemplo, no hay ningún acelerador lineal. Hidalgo y Oaxaca no tienen áreas de radioterapia. Colima apenas tiene 13 médicos radiólogos y solo hay siete oncólogos en Baja California Sur. “Urge que se atienda esto porque somos un montón de pacientes”, lamenta Cecilia. «En las instituciones te dicen: ‘No le va a pasar nada, usted espere’. Y la realidad es que sí pasa si la enfermedad avanza».

La capacidad terapéutica no está donde vive la gente y no es suficiente. Tenemos brechas en el equipamiento», Falta inversión estratégica

Para Elysse Bautista, investigadora sobre los servicios de salud, esto es una inequidad. Ella coordinó el proyecto Código Cáncer de Funsalud, que por primera vez evaluó y sistematizó la infraestructura oncológica en México. Los resultados de su investigación, publicada en la revista BMC Health Services Research , coinciden: la infraestructura es insuficiente. Pero, además, encontró que el problema es mayor en los servicios de salud para las personas sin seguridad social y estatales, donde solo 5% de los hospitales proporcionan atención contra el cáncer. Es decir, algunas unidades médicas cuentan con lo necesario para diagnosticar el cáncer, pero no para tratarlo. Así que son pocos los pacientes que reciben la atención completa en un solo hospital. «En muchos estados se puede sospechar o confirmar el cáncer, pero el tratamiento, especialmente la radioterapia y la cirugía especializada, está concentrado en pocas ciudades y esto obliga a los pacientes a trasladarse», explica la doctora en Salud Pública y epidemiología. «Las largas distancias y este recorrido de estado a estado genera los retrasos que tenemos en el diagnóstico, en el tratamiento, los gastos del paciente, incluso el abandono del tratamiento», explica. Al analizar la infraestructura necesaria para cinco tipos de cáncer (mama, pulmón, cervicouterino, colon y próstata), se observa otro problema: los hospitales con el equipo necesario para la atención de esos tumores no están donde hay más población o más casos. Otro problema en México es que, dependiendo del tipo de cáncer, la falta de equipamiento puede ser peor. A nivel nacional hay más infraestructura para cáncer de mama, por ejemplo, que para el tratamiento de cáncer de pulmón. Esto impacta, señala Bautista, porque el cáncer no es homogéneo, ni en su diagnóstico ni en el tratamiento. Se trata de un problema estructural, presente desde hace décadas, que tiene origen en la falta de inversión estratégica.

La última vía A falta de respuesta en el hospital durante 26 semanas, Cecilia recurrió a las redes sociales. Compartió su caso, la tardanza en la atención. “Arrobaba todos los días a Martí Batres, (director del ISSSTE)”, recuerda. Recibió apoyo de personas que vieron sus publicaciones y le recomendaron interponer una demanda de amparo. Al principio se resistió, no quería afectar a los oncólogos que sí la atendieron debidamente. “Ellos no tienen la culpa, mi oncóloga hizo todo lo posible para darme la atención, pero eso ya no estaba en sus manos”, explica. Pero el amparo era su última opción. Lo hizo un jueves. Cuatro días después, por fin, le darían la cita para su primera sesión de radioterapia. Cecilia concluyó sus 25 ciclos de radioterapia y quimioterapia el año pasado. Actualmente sigue en vigilancia constante, con estudios cada 3 meses, y presionando al hospital por tratamientos para las secuelas, como la menopausia adelantada. También lucha por acompañamiento emocional y atención psiquiátrica. El jueves pasado me dijo que todavía siente tristeza y a veces miedo y ansiedad. Su viaje por el sistema de salud ha sido duro. Hay saturación de servicios y retrasos para una enfermedad que, asegura, no detiene su avance. “Pero, dentro de todo lo malo y traumático que fue, estoy viva. Y eso es lo que importa ahora”, comparte.

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