Desde hace años, madres y padres de familia de la colonia Petrolera, en Paraíso, Tabasco, han pedido la reubicación urgente del jardín de niños Agustín Melgar y la primaria Abías Domínguez Alejandro, ubicados prácticamente “barda con barda” con la Refinería Olmeca, también conocida como Dos Bocas. Según la comunidad, la cercanía con el complejo industrial ha provocado malestares de salud, ruido constante y fuertes olores, mientras que las autoridades han ofrecido soluciones parciales que no cubren sus demandas ni ofrecen garantías de seguridad a los estudiantes.
Instalaciones de alto riesgo
Dolores de cabeza persistentes, náuseas, mareos y episodios de sangrado nasal forman parte de la rutina escolar de decenas de niñas y niños que acuden a dichos planteles, relató en entrevista, María del Carmen Juárez, vocera de los padres de familia. Los impactos a la salud alcanzan a más de 200 familias, cuyos hijos -de entre 5 y 12 años de edad- toman clases entre olor a combustible, ruido industrial y nubes de humo negro. “Han retirado niños con vómitos, con mareos, con sangrado de nariz. A veces ni siquiera escuchan a la maestra por el ruido; los vidrios vibran”, afirma. En un hecho reciente, compartió Juárez, se escuchó una explosión al interior de la refinería, lo que llevó a la evacuación de los dos planteles. En el caso de preescolar, ya no recibieron a los niños, refirió. Aunque Potección Civil aseguró que no había riesgo, la nube de humo y el olor a combustión activaron el miedo de la comunidad, que desde hace al menos siete años han pedido la reubicación de las escuelas. “Son como cuatro metros y medio entre una barda y la otra. Estamos pegados”, dice Juárez. “Tenemos todos los escritos, todas las evidencias, y no hemos obtenido ninguna respuesta ni del gobierno estatal ni del federal”, sostiene. La demanda de reubicación se intensificó en los últimos días tras incidentes que incrementaron la presencia humo, olores fuertes y, algunos onatos de incendio al interior del complejo que fueron reportados por los trabajadores. El pasado 4 de febrero, representantes de las familias afectadas organizaron una conferencia de prensa en el que explicaron que más allá de las situaciones cotidianas, hay aspectos operativos de la refinería que hacen urgente la reubicación. Entre estos están instalaciones de alto riesgo, como los tanques de aguas amargas y la planta recuperadora de azufre, de donde podría liberarse ácido sulfhídrico, un gas altamente tóxico y potencialmente mortal. La cercanía de los planteles, a menos de 500 metros de la refinería, contraviene la normatividad establecida por la propia Secretaría de Educación Pública, advierte el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, (CEMDA). Se trata de la Norma mexicana NMX-R-003-SCFI-2011, numeral 6.2, que establece las condiciones no aptas para la construcción de escuelas, entre las que figuran como una condición instalaciones de alta peligrosidad, tal como se refere a continuación. «Ubicados a una distancia igual o menor a 1 km del límite de depósitos de combustible; ubicados a una distancia igual o menor a 500 m de ductos en los que fluyan combustibles (gasoductos, oleoductos, etc.), así como de instalaciones industriales de alta peligrosidad», se lee en el texto.
¿Qué han dicho las autoridades? Reubicación de planteles, no de los alumnos
Ante las protestas y el reclamo social, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo respondió el 9 de febrero sobre el tema desde la conferencia matutina en Palacio Nacional. “Sí, también está Pemex ahí apoyando y revisando la posible contaminación de la zona y atendiendo a la gente, que es lo más importante”, dijo. Sobre la demanda de reubicación señaló que “es posible” como una opción ante la preocupación que han externado las familias. En contraste, el gobernador del estado, Javier May Rodríguez, que se trata de un problema más mediático, que técnico y negó que existan pruebas de los impactos en las personas. “No se ha demostrado absolutamente nada”, dijo. “La refinería se construyó con equipo y material de última generación y está certificada”, afirmó y descartó la construcción de nuevos planteles educativos en la entidad. El gobernador aseguró que existen espacios suficientes en otras escuelas de Paraíso para recibir a los alumnos de los planteles contiguos a la refinería. Asimismo, informó que se instaló una mesa de diálogo con madres y padres de familia, acompañada por técnicos especializados de Pemex para atender inquietudes y aclarar dudas. Para los padres, la solución que propone el gobernador es inviable, además de que acarrea costos adicionales, como distancias más largas, material educativo adicional o la adaptación a nuevos métodos de enseñanza. “No estamos pidiendo que reubiquen a los niños o a los maestros por separado; estamos pidiendo que reubiquen a toda la escuela con toda su plantilla”, afirma la vocera de los padres y madres. Las familias no piden el cierre definitivo ni la dispersión del alumnado. Su demanda es más acotada: un nuevo predio, incluso dentro de la misma colonia, pero a una distancia que reduzca el riesgo. “Por lo menos que nos garanticen que para el próximo ciclo ya tengamos unas nuevas instalaciones donde los niños se puedan reubicar. Lo que queremos es una respuesta viable, que los alejen un poco del peligro”, apuntó María.
Riesgos documentados
En entrevista, Pablo Montaño, coordinador de la organización Conexiones Climáticas, que impulsa acciones en el territorio contra los impactos de la industria fósil, recordó que las familias ya habían presentado propuestas de reubicación incluso desde antes de que iniciara la construcción de la refinería. “Aquí está de nuevo la lista que ya les habíamos hecho de predios en los que podría reubicarse la escuela”, señaló. Recordó también que, según las familias, un compromiso del expresidente Andrés Manuel López Obrador había sido no iniciar con las obras en Dos Bocas hasta que no fueran reubicados los planteles. “Falta esa voluntad, falta poner manos a la obra, que se inicie una construcción que obviamente no es inmediata, pero que puede ser modular y solventaría un problema que hoy es bastante agudo”, dijo. En 2024, organizaciones ambientales evidenciaron la contaminación y afectaciones a la salud por infraestructura de petróleo y gas en la región del Golfo de México. Patricia Rodríguez, ternógrafa de la organización Earthworks, encontró hallazgos que mostraron un gran nivel de contaminación del aire con gases como el metano, benceno y otros que afectan al clima y a la salud de niñas, niños y personas adultas que viven y van a la escuela al lado de las instalaciones en Paraíso, Tabasco. “La evidencia que recolectamos demuestra sin sombra de duda lo esencial que es reducir inmediatamente estas emisiones y lograr justicia para las poblaciones afectadas», afirmó. Manuel Llano, director de CartoCrítica, explicó entonces que con la información pública disponible por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex) se podía calcular que la cantidad de emisiones de CO2 equivalentes, emitidas durante el procesamiento de gas, ha ido en aumento. Esto, incluso considerando que cada vez se procesa menos gas, lo cual implica que hay un un aumento en la quema de gas durante las operaciones. En términos de calidad del aire, el metano también es dañino a la salud pues es precursor de otros contaminantes, pues al interactuar con la luz solar favorece la formación del ozono troposférico, el cual está asociado con afectaciones a la salud tales como: a) irritación de vías respiratorias, b) sensación de ardor y falta de aire, c) complicación de cuadros de asma, d) disfunciones pulmonares e incluso, muertes prematuras, y e) alteración de la respuesta del sistema inmunológico.
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