El podio dice éxito, el territorio dice guerra Omar García Harfuch subió a un podio en Buenos Aires con una baraja de porcentajes bajo el brazo: 51%, 48%, 42%, según el corte que uno elija de los últimos doce meses de conferencias mañaneras. La cifra cambia según convenga, pero el mensaje no: México está ganando la guerra contra el crimen organizado y el mundo debe saberlo.
El problema es que, mientras el secretario hablaba de «información que viaja más rápido que las drogas», en Culiacán la información que viajaba era otra: la de un ataque armado frente al Palacio de Gobierno de Sinaloa, apenas dos días antes de que el funcionario aterrizara en Argentina.
El truco del promedio nacional Todo gobierno que quiere lucir bien ante una audiencia internacional recurre al mismo artificio: el promedio. Un promedio nacional a la baja es matemáticamente compatible con que un puñado de estados viva su peor momento en años. El propio García Harfuch lo admitió de pasada, casi como nota al margen, ante los delegados de la IDEC: siete de las treinta y dos entidades concentran más de la mitad de los homicidios dolosos del país. Lo dijo y siguió adelante, como quien reconoce un defecto de fábrica sin detenerse a explicar el tamaño del daño. Esa frase, dicha así, funciona como anestesia retórica: inmuniza al orador contra la acusación de ocultar el problema, sin obligarlo a cuantificarlo. Es honestidad de vitrina, no honestidad de sustancia. Y el «defecto de fábrica» tiene nombre: Sinaloa concentró, el 13 de agosto, el 35% de los homicidios dolosos de todo el país en un solo día —siete de veinte—, la misma jornada que el Gabinete de Seguridad presumía como la de menor violencia letal del sexenio. Es difícil imaginar una ironía más precisa: el día que el gobierno eligió para su titular de triunfo fue, simultáneamente, el día en que una sola entidad concentró más de un tercio de la sangre nacional.
Eso no es matiz estadístico. Es la prueba de que el «milagro» agregado convive, sin contradicción aritmética, con guerras territoriales activas.
El subregistro no es una teoría, es una metodología No hace falta apelar a la sospecha para dudar de las cifras: basta con leer la letra chica del propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En 2026 se modificó la forma de clasificar los delitos, desagregando categorías que antes caían en el cajón de «otros». El resultado, que ha sido documentado por investigadores y organizaciones de la sociedad civil tras revisar el primer semestre del año, es perturbador: Zacatecas reportó 119 víctimas bajo esas nuevas categorías residuales, frente a apenas 46 homicidios y feminicidios formalmente reconocidos. Tamaulipas, 219 casos «nuevos» frente a 115 asesinatos oficiales. Si esas cifras no son homicidios reclasificados hacia rubros menos visibles, alguien tendrá que explicar de dónde salen tantas muertes que no encajan en ninguna categoría reconocible hace apenas dos años. Los investigadores lo llaman, con prudencia técnica, «dudas razonables». Yo lo llamo con menos prudencia: un cambio de metodología que, por casualidad, coincide exactamente con el semestre en que el gobierno necesitaba enseñar una curva descendente ante el mundo. Esto no significa que no haya habido ninguna mejora real. Sería igual de deshonesto negar una tendencia que, en algunos indicadores, sostienen incluso fuentes independientes desde hace tiempo. El problema no es que la cifra sea cero verdad; el problema es que se presenta con una precisión decimal —86.9 a 42.5, dice el discurso— que la propia arquitectura estadística del Estado mexicano no está en condiciones de sostener sin auditoría externa. Un gobierno que exhibe certeza de laboratorio sobre datos que su propia metodología acaba de reescribir no está comunicando resultados: está comunicando confianza en sí mismo, que es una mercancía distinta. Inteligencia real, relato construido.
Lo más sólido del discurso de García Harfuch —y hay que decirlo sin regatearlo— fue lo que menos aplausos generó: el crecimiento del Centro Nacional de Inteligencia, sus centros de fusión, su capacidad de geolocalización judicializada. Ahí hay una transformación institucional genuina, coherente con la línea que el secretario ha sostenido desde que llegó a la SSPC: pasar de la reacción al análisis. Es, probablemente, lo único del discurso que resistiría una auditoría técnica seria. Pero un aparato de inteligencia robusto no es garantía de control territorial, y Sinaloa es la prueba viviente de esa distancia: la guerra entre «Los Chapitos» y «Los Mayos» no se libra con drones estatales interceptados por el crimen organizado —como ocurrió contra policías en el libramiento Mazatlán-Culiacán— porque falte inteligencia, sino porque la inteligencia no se traduce, todavía, en monopolio efectivo de la fuerza.
La soberanía como coartada retórica El otro eje del discurso —»cooperación sin subordinación»— es elegante en el papel y frágil en los hechos. México necesita mostrarle a Washington que no depende de la DEA para operar dentro de su propio territorio, en un momento en que Trump ha vuelto a insinuar acciones unilaterales contra los cárteles. Es una postura legítima y hasta necesaria. Pero la soberanía discursiva no sustituye a la soberanía territorial, y esta última se mide en Culiacán, en Zacatecas, en el corredor industrial de Guanajuato, no en un podio en Buenos Aires. Cuando el Estado no controla la violencia en sus focos rojos, hablar de cooperación «en nuestros términos» suena menos a estrategia y más a gestión de expectativas ante un auditorio extranjero.
El costo de vender antes de tiempo Ningún país gana nada exhibiendo una foto retocada ante cien delegaciones internacionales si la realidad territorial la desmiente en cuestión de horas. García Harfuch tiene, probablemente, el mejor aparato de inteligencia con el que ha contado la SSPC en años recientes. Pero un aparato de inteligencia excelente no necesita maquillaje estadístico para justificarse. Necesita que el relato oficial deje de competir con los hechos —y empiece, por fin, a parecerse a ellos. _____
*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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