Nos guste o no, la inteligencia artificial (IA) llegó para quedarse. Ya está transformando la política, la economía, la educación, la salud y prácticamente cualquier actividad basada en información. Como toda gran revolución tecnológica, despierta preocupaciones legítimas. Muchas personas observan con inquietud la posibilidad de que sustituya empleos. También se advierten riesgos relacionados con la privacidad, los sesgos algorítmicos o la concentración de poder en quienes controlan estas herramientas.

¿Patrullajes coordinados con ayuda de la IA?

Son preocupaciones válidas. Pero sería un error perder de vista el otro lado de la moneda: la IA puede mejorar la calidad de vida de las personas al transformar la manera en que operan las instituciones públicas. Esto lo logra simplemente al hacer efectivo un principio básico de política pública: obtener mejores resultados con los mismos recursos. Las instituciones de seguridad generan enormes cantidades de información todos los días. Por eso, son uno de los ámbitos con mayor potencial para incorporar la IA. Existen llamadas al 911, registros de incidencia delictiva, reportes policiales, cámaras de videovigilancia, información de movilidad, registros administrativos y el conocimiento acumulado por quienes trabajan diariamente en el territorio. Sin embargo, gran parte de esa información permanece dispersa y subutilizada. No se registra adecuadamente; o se almacena sin analizar y, en no pocos casos, ni siquiera se conecta con otras fuentes disponibles. La consecuencia es que una enorme cantidad de decisiones operativas sigue tomándose con información incompleta o desaprovechada. Tomemos como ejemplo una de las actividades de seguridad más cotidianas: el patrullaje policial. Es posible que una patrulla estacionada durante un tiempo determinado —digamos, veinte minutos— en el punto correcto generé un impacto mayor que varias unidades recorriendo la ciudad sin una estrategia clara. El problema es que hoy sabemos muy poco sobre cuál es la combinación óptima entre lugar, horario y tiempo de permanencia. No porque sea imposible conocerla, sino porque rara vez explotamos sistemáticamente la información disponible. La IA ayuda a sistematizar, integrar y analizar la data para identificar patrones que difícilmente podría detectar un humano. Un uso adecuado de la herramienta, respondería a preguntas concretas: ¿dónde conviene desplegar una patrulla? ¿A qué hora? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Qué zonas presentan mayores riesgos de determinados delitos? ¿Qué cambios operativos podrían generar mejores resultados? Los beneficios potenciales de este manejo inteligente de la información son considerables. Un patrullaje mejor orientado podría reducir delitos, mejorar la percepción de seguridad y fortalecer la capacidad preventiva de las instituciones. Al mismo tiempo, permitiría disminuir recorridos innecesarios, optimizar el consumo de combustible, reducir el desgaste de vehículos y utilizar de manera más eficiente recursos que siempre son escasos. Incluso podría generar beneficios para el propio personal policial. Menos desplazamientos innecesarios significan menor exposición al riesgo, menor desgaste físico y mejores condiciones para concentrar esfuerzos donde realmente generan valor público.

No es la herramienta, sino los liderazgos Una política pública específica para la IA

Durante décadas, buena parte de las organizaciones públicas funcionó bajo modelos en los que la información era escasa, fragmentada y lenta. La IA inaugura un escenario en donde la ventaja institucional dependerá cada vez más de la capacidad para capturar datos, procesarlos oportunamente y convertirlos en decisiones más inteligentes. Así, muchas otras áreas de acción en el ámbito de la seguridad pública pueden potenciarse con la IA. Enumero sólo algunas: procesos de puesta a disposición, coordinación entre policías y ministerios públicos, estimación de las necesidades de personal, optimización de recursos, fortalecer los mecanismos de justicia cívica, y hasta anticipar disputas criminales. La IA no debe entenderse como una solución mágica ni como una herramienta tecnológica más. Su verdadero potencial radica en que puede transformar la manera en que el Estado toma decisiones, asigna recursos y opera sus instituciones. Tal como México Evalúa señala en sus recientes reportes “ Radiografía de las fiscalías en México ” y “ Justicia Digital en Fiscalías ”, la discusión no debería concentrarse únicamente en la compra de software o en la incorporación de nuevos sistemas informáticos. Supone repensar la gerencia pública, rediseñar procesos de trabajo y construir instituciones capaces de utilizar información de manera sistemática para orientar sus decisiones. Por lo anterior, la transformación no ocurrirá por sí sola. Requiere por lo menos tres elementos: 1. Reglas que definan cómo se generan, comparten y utilizan los datos. 2. Actores con capacidades técnicas para desarrollar, interpretar y supervisar estos sistemas. 3. Presupuestos específicos que permitan construir infraestructura, profesionalizar personal y sostener procesos de innovación en el tiempo. En otras palabras, la IA exige una política pública propia. Una que no se enfoque solamente a adquirir tecnología, sino a construir capacidades institucionales para gobernar mejor. En materia de seguridad, ello implica evolucionar desde organizaciones que reaccionan ante los problemas hacia organizaciones capaces de anticiparlos, asignar recursos con mayor precisión y aprender continuamente de la información que generan.

La discusión de fondo no es tecnológica. Es una discusión sobre capacidad estatal. En los próximos años, una parte creciente de la fortaleza de los gobiernos dependerá de su capacidad para transformar datos en conocimiento y conocimiento en decisiones. Los Estados que lo hagan mejor no sólo tendrán mayor poder e instituciones más modernas, tendrán mejores herramientas para producir condiciones de desarrollo. ____ Nota del editor: Armando Vargas (@BaVargash) es doctor en Ciencia Política, profesor de posgrado en la UNAM y coordinador del programa de seguridad pública de México Evalúa (@mexevalua). Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

]]>