En un mundo cada vez más interconectado y con conflictos bélicos, las políticas de seguridad nacional y de defensa de los Estados Unidos se han vuelto fundamentales para preservar la estabilidad interna y externa. Las directrices establecidas en la Estrategia de Seguridad Nacional (15 de noviembre de 2025) y la Estrategia Nacional de Defensa (23 de enero de 2026) respectivamente, destacan la necesidad de gestionar un entorno global cambiante, donde las amenazas no convencionales y los conflictos regionales juegan un papel crucial.

La política de seguridad nacional estadounidense establece un marco para gestionar riesgos emergentes, desde la defensa de sus intereses nacionales en Medio Oriente, el terrorismo y hasta la ciberseguridad. La situación en Medio Oriente, que se ha intensificado a un mes de su inicio (28 de febrero de 2026), ha sido una de las principales preocupaciones de coyuntura. Este conflicto no solo representa un desafío a la estabilidad regional, también tiene implicaciones directas en la seguridad nacional estadounidense. La escalada de tensiones entre estos actores ha llevado a un aumento de la actividad militar y a un reforzamiento de alianzas estratégicas, en particular con Israel, y se ha cuestionado la relación con la OTAN, por su escaso apoyo a Estados Unidos. La respuesta estadounidense ha sido proactiva, incluyendo presiones diplomáticas y despliegue de recursos militares en la región. Sin embargo, esta respuesta también genera un dilema: mientras busca proteger sus intereses, Estados Unidos debe considerar cómo estas acciones pueden repercutir en su seguridad en otros frentes, especialmente en la región, con sus aliados y en la frontera con México. La frontera México-Estados Unidos es un área sensible, donde la seguridad no solo se mide en términos de migración, sino también en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Un conflicto prolongado en Medio Oriente podría desviar la atención y los recursos estadounidenses, debilitando su capacidad para gestionar sus problemas internos y la legitimidad del gobierno actual en Estados Unidos. La presencia de grupos o personas radicales que operan y viven en Estados Unidos podrían aprovechar la situación para incrementar sus actividades de terrorismo en la frontera o en el resto del territorio estadounidenses. Tal como sucedió en el hecho delictivo de Austin, Texas, un día después de haber iniciados los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán. Además, la dinámica geopolítica podría influir en la migración. Un aumento en la inestabilidad en regiones como Medio Oriente puede generar flujos migratorios inesperados, lo que podría ejercer aún más presión sobre la frontera y los países aliados de Estados Unidos en Medio Oriente y complicar la situación de seguridad.

La escalada del conflicto entre Israel y Hezbolá (respaldado por Irán) ha generado un desplazamiento masivo en Líbano, con más de un millón de personas —el 20% de la población— forzadas a huir de su país, según agencias de la ONU. La crisis humanitaria es aguda, con 19,000 niños desplazados. Desde la perspectiva estadounidense, el alto al fuego con Irán está cada vez más cerca, porque se considera que las negociaciones están avanzando. Pero, mientras negocia, el gobierno estadounidense despliega a miles de soldados. Recientemente el presidente estadounidense ha destacado que su prioridad es hacerse con el petróleo iraní. El petróleo de Irán es estratégico para la estabilidad energética mundial, ya que el país posee una de las mayores reservas probadas del mundo y produce cerca del 4.5% del suministro global. Su posición estratégica, junto al Estrecho de Ormuz, le permite controlar una ruta vital por donde transita aproximadamente el 20% del crudo mundial. Dicha región ha sido parte de las tensiones entre Estados Unidos e Irán en las dos últimas semanas del conflicto. En conclusión, las políticas de seguridad nacional y defensa de Estados Unidos se encuentran en una encrucijada. La interconexión entre conflictos internacionales y la seguridad interna exige un enfoque integral y coordinado, donde la vigilancia en la frontera con México se mantenga como una prioridad. La capacidad estadounidense para gestionar estos desafíos determinará no solo su estabilidad interna, sino también su rol en un orden mundial, cada vez más incierto, y en el cual el nuevo gobierno de Estados Unidos pretende tener un mayor liderazgo. ____ Nota del editor: José María Ramos es especialista en relaciones México-EU y Profesor del colegio de la frontera norte, Tijuana. Analista de gobernanza, políticas y gestión estratégica para el desarrollo y de la cooperación transfronteriza MexUS./ Dr. en Ciencias Políticas y Sociología por el Instituto Universitario y de Investigación José Ortega y Gasset, España. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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