El tenis de mesa no ha esperado al filme «Marty Supremo» para despegar en Estados Unidos. En un panorama deportivo ultracompetitivo, la disciplina es impulsada por una reciente liga profesional que poco a poco encuentra su sitio, con un público y un nivel de juego en alza.
Un centenar de aficionados, de pie, en un gimnasio cerca de Princeton, Nueva Jersey, vitorean la tarde del sábado cuando Kotomi Omoda da la victoria a los Portland Paddlers frente a los Florida Crocs.
«Todos hemos jugado en el sótano de casa o en el centro comunitario, (…) así que conocemos este deporte, pero nunca lo vemos en directo a este nivel», dice Richard Kurland, un jubilado que llegó al duelo casi por casualidad.
«No sé si me abonaría, pero estaría dispuesto a volver«, añade.
Tres años después de su creación, la Major League Table Tennis (MLTT) muestra un crecimiento sostenido, con una subida del 50 % en la recaudación de taquilla con respecto al año pasado, según su fundador, el empresario Flint Lane.
Gran aficionado al ping-pong, este cincuentón se lanzó a este proyecto después de vender en 2022 su plataforma de pagos Billtrust por 1,700 millones de dólares.
«Para ser sincero, al principio era un poco escéptico«, admite Nikhil Kumar, de los Paddlers, que defendió los colores de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2021.
«Pero el nivel de juego ha progresado mucho y los jugadores que llegan son cada vez más fuertes», añade.
¿Vivir del ping-pong?
La liga cuenta ahora con varios miembros del Top 100 mundial, especialmente el joven australiano Adi Sareen (63º), y la pareja femenina estadounidense que disputó los Olímpicos de París 2024, Amy Zhang (40ª) y Lily Zhang (42ª).
La MLTT no revela los salarios de sus jugadores, pero ninguno consigue vivir de ello sin otra actividad, como Nikhil Kumar, ingeniero informático en Nueva York.
«Espero que algún día pueda decir que vivo del tenis de mesa«, comenta en voz baja.
Flint Lane sitúa su liga en el «cuarto o quinto» puesto mundial, por detrás de las competiciones china, francesa, japonesa y alemana. «Pero no competimos con ellas», advierte.
Pone como ejemplo la liga norteamericana de fútbol (MLS), que genera varios miles de millones de dólares de ingresos sin figurar entre los mejores campeonatos del planeta.
Como signo del éxito de la MLTT, según él, los compradores de los New York Slice y los Atlanta Blazers, las dos nuevas franquicias creadas en 2025, desembolsaron cada uno varios millones de dólares para convertirse en sus propietarios.
Para aumentar la audiencia del tenis de mesa profesional en Estados Unidos, la liga lanzó en septiembre su propio canal en streaming, Table Tennis TV, así como un ranking abierto a todos, Spindex, con la ambición de convertirlo en un sistema equivalente al hándicap en golf.
La federación estadounidense (Usatt) contaba con algo menos de 14,000 miembros a finales de 2025, pero la cadena de salas de ping-pong PingPod registra 160,000 personas inscritas en su plataforma.
«Un gran impulso»
Para David Silberman, codirector general de PingPod, «contar con una liga profesional bien gestionada da un gran impulso a este deporte, tanto para los espectadores como para los jugadores».
Todavía más en un país que no se beneficia de ninguna subvención pública para la práctica en el ámbito escolar ni con un programa de excelencia.
La MLTT también confía en estrenar este mes las apuestas deportivas, tras la instalación de un sistema de control de las transacciones.
Durante mucho tiempo muy poco desarrolladas, estas apuestas explotaron durante la pandemia del covid hasta convertirse en un fenómeno.
El potencial del mercado estadounidense no ha pasado desapercibido para la WTT, estructura comercial comparable a la ATP en tenis. Desde 2025, ha incorporado a su calendario de «smash» —el equivalente a los torneos de Grand Slam— un certamen en Estados Unidos, en Las Vegas.
Y el último empujón ha sido el estreno, a finales de diciembre, de la película «Marty Supremo«, centrada en el jugador de ping-pong Marty Mauser, inspirado en el neoyorquino Marty Reisman.
El largometraje de Josh Safdie, con Timothée Chalamet como protagonista, ha recaudado cerca de 100 millones de dólares en taquilla en Estados Unidos.
«Lo oigo comentar en la oficina, en las tiendas», constata Revan Raguindin, fiel aficionada del Princeton Revolution en la MLTT. «La película ha aportado mucha atención a este deporte».


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