Hace seis años, Karla Rivas fue diagnosticada con insuficiencia renal crónica, una enfermedad que se desarrolla cuando los riñones ya no funcionan adecuadamente. Para vivir necesitaba un trasplante. Pero en México, que tiene una tasa de donación de órganos muy baja, solo recibe un trasplante el 20% de quienes lo necesitan. La lista actual es de 18,584 personas en espera de un órgano, 87% de ellas esperan por un riñón.
Anualmente se realizan unos 6,100 trasplantes en promedio y la mitad son de córnea. Entonces pueden pasar años antes del trasplante o nunca concretarlo, al menos que los pacientes consigan a un familiar dispuesto a a donar. Las donaciones en vida solo se pueden hacer de un riñón, de un segmento del hígado, pulmón, intestino o páncreas y de células madre sanguíneas para los trasplantes de médula ósea. Consciente de este difícil panorama, la hermana menor de Karla le donó un riñón. Tras revisiones médicas para garantizar la seguridad, compatibilidad y salud de las dos, el trasplante se realizó en octubre de 2025 en el Centro Médico ABC. “La medicina hizo posible el trasplante, pero el amor hizo posible mi segunda oportunidad”, comparte la joven de 37 años.
Los retos en la donación de órganos Actualmente, la mitad de los trasplantes de riñón en México se logran gracias a las donaciones en vida. De otra manera, menos pacientes serían trasplantados. “La demanda de trasplantes sigue superando la respuesta del sistema. Actualmente atendemos un 20% de la necesidad”, explica Rosa Erro, directora del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra). Esto ocurre por la baja tasa de donación nacional, de apenas 4.3 órganos por millón de habitantes, que se mantiene sin cambios desde hace 10 años y por debajo de otros países. También influye que en México perduran los mitos sobre la donación. La directora del Cenatra detalla que muchas personas aún creen que es real el tráfico de órganos. Pero ella lo niega categóricamente: para un trasplante se necesita infraestructura de alta especialidad y aséptico.
Es imposible extraer o trasplantar órganos con éxito fuera de ese entorno. A esto se suma que los órganos tienen poco tiempo de vida y su traslado debe ser inmediato y bajo condiciones de cuidado estrictas. También se cree el cuerpo será maltratado severamente. Es falso. “Se trata con todo el respeto y la dignidad al donante”, asegura la especialista. Sin embargo, los tabúes infunden temor en las personas y disminuyen las donaciones. En México, donde la donación tras el fallecimiento requiere del consentimiento del familiar directo, hasta 60% de las familias lo niega, generalmente por esos mitos. Ante esta problemática, la Cámara de Diputados reabrió en 2022 una propuesta de ley para que la donación de órganos fuera automática en caso de muerte cerebral, aunque no fue votada. La directora de Cenatra considera que una legislación así no resolverá el problema y podría ser una medida autoritaria. Su apuesta es promover la donación voluntaria y altruista con información veraz y campañas de difusión.
A decir de Karla Rivas, esto funciona. Además del diagnóstico oportuno y el seguimiento médico, los datos precisos fueron clave para que su hermana tomara la decisión de donarle uno de sus riñones. “Hay que conversar más sobre donación en nuestra familia, en nuestra sociedad. Porque donar no solo salva una vida, transforma familias completas, regala tiempo, futuro, regala proyectos, abrazos y cumpleaños”, afirma. Otro problema para los trasplantes es que la mitad de los programas y unidades médicas con licencia para donación y trasplantes de tejidos no operan. El Cenatra registra 613 establecimientos aprobados (pueden tener más de una licencia) y se ha propuesto reactivarlos todos. Pese a ello, el 70% de los trasplantes se hace en hospitales públicos. La desigualdad en la infraestructura sanitaria también afecta. Mientras algunos estados superan la media nacional en trasplantes, otros no realizan ninguno. Además, en algunos lugares es difícil acceder y eso impedía recoger o trasladar los órganos de posibles donadores. El año pasado se creó la Red Nacional de Traslado de Órganos y Tejidos con fines de Trasplante con apoyo del Aeropuerto Felipe Ángeles para hacer frente a aquel obstáculo. Se lograron 700 traslados, 64% más respecto a 2024.
La epidemia de insuficiencia renal México enfrenta otro reto enorme respecto a los trasplantes: las enfermedades crónicas. La diabetes es la principal causa de insuficiencia renal crónica y México tiene una elevada prevalencia de esta enfermedad. A su vez, la insuficiencia renal es el motivo más común para necesitar un trasplante de riñón. “Hemos disminuido las listas de pulmón y de corazón, pero la de riñón no se disminuye tanto”, explica Erro. De ahí la magnitud de la lista de espera y, a pesar de registrar a miles de personas, la especialista aclara no que no refleja la necesidad real del país porque muchos pacientes ni siquiera llegan al listado. Aun así, la disparidad en los trasplantes renales es la más amplia. En 2025, 16,400 pacientes estaban en espera de un riñón y solo 2,800 fueron trasplantados. La mayoría sobrevive con una menor calidad de vida con terapias de hemodiálisis. “La enfermedad renal crónica y las enfermedades crónicas desgastan la salud de los pacientes, desgastan la economía de las familias y desgastan las mismas relaciones dentro de la familia”, explica Luis Navarro, jefe del Área de Trasplantes de Órganos y Tejidos del Centro Médico ABC. El sistema de salud ha mejorado las técnicas médicas, hace más procedimientos, pero sin donantes no hay nada. Los enfermos aguardan por años, como Nancy Martínez. Durante 10 años vivió con insuficiencia renal y estuvo seis meses en hemodiálisis, el tratamiento para limpiar la sangre de toxinas cuando los riñones perdieron su función. “Recuerdo perfectamente diciembre del 2024 porque mi hijo, que tenía 9 años, le pidió a Santa Claus que su mamá siguiera viva”, narra. Para entonces, su hermano ya había decidido donarle uno de sus riñones. Meses atrás iniciaron el protocolo médico. El deseo del niño se cumplió. Nancy fue trasplantada en el Centro Médico ABC, con apoyo de una fundación, el 18 de diciembre del mismo año. “El hecho de que mi hermano haya decidido donarme su riñón, regalarme vida, regalarme más tiempo con mi hijo, es algo que jamás, nunca, se lo voy a poder pagar”.
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