Con el campeonato recién conquistado, los Leones del Escogido vuelven a rugir en el béisbol dominicano. Y el verbo no es casual. Desde hace décadas, cuando se habla del Escogido y del Licey, se repite una misma etiqueta: “los felinos”.

La etiqueta funciona. Evoca agilidad, fuerza, acecho y dominio del terreno. Pero, desde el punto de vista científico, la historia es un poco más compleja y más interesante.

Félidos, no simplemente “felinos

En biología, los animales como leones, tigres, jaguares, pumas o gatos domésticos pertenecen a la familia Felidae. El término correcto para referirse a sus miembros es félidos.

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Felino”, en cambio, es una palabra válida y muy extendida en el uso cotidiano, pero en taxonomía se emplea sobre todo como adjetivo o para referirse a uno de los grandes subgrupos dentro de esa familia. 

National Geographic lo explica en un artículo divulgativo que se volvió viral por su título provocador: “Todo el mundo piensa que los tigres son felinos, pero no lo son”. La frase no niega que pertenezcan a los Felidae, sino que aclara que, dentro de esa familia, existen dos grandes linajes evolutivos distintos.

Los felinos pequeños y los grandes panterinos

Por un lado está el grupo de los Felinae, donde se encuentran los gatos domésticos, linces, pumas, guepardos y otros félidos de tamaño medio o pequeño. Estos animales pueden maullar, ronronear y emitir distintos sonidos…, pero no rugir.

Por otro está el grupo de los Pantherinae, conocidos como panterinos, que incluye al león (Panthera leo), al tigre (Panthera tigris), al jaguar (Panthera onca) y al leopardo (Panthera pardus).

Este grupo se distingue por dos rasgos clave: el tamaño corporal, claramente mayor y más robusto que el de los otros félidos, y una característica anatómica única: una estructura especial en el hueso hioides y la laringe que les permite rugir, algo que ningún “felino pequeño” puede hacer.

Es decir, en lenguaje científico estricto, el león no es simplemente un “felino”, sino un félido panterino

Entre el estadio y la taxonomía

Cuando en las gradas se habla de “los felinos del campeonato”, nadie está cometiendo un error grave. Es una metáfora válida, comprensible y profundamente arraigada en la cultura popular y deportiva.

Pero, si afinamos la lupa científica, los Leones del Escogido representan algo más exclusivo: el linaje de los grandes depredadores que, en la naturaleza, ocupan la cima de la cadena alimentaria.

Y esta vez lo hicieron en solitario. 

A diferencia de otras temporadas, ni en la serie semifinal ni en la final estuvieron los Tigres del Licey, su histórico rival en la capital. El rugido que se escuchó en esta postemporada fue, biológicamente hablando, el de un solo gran félido.

Tal vez el público los siga llamando “felinos”, y está bien. Pero la ciencia añade un matiz elegante a la celebración: los campeones del Escogido no son cualquier gato grande. Son panterinos. Y este invierno, su rugido fue el único que se oyó al final.

Y claro que sí: soy escogidista.