La expansión del puerto de Manzanillo , en Colima, busca ampliar la capacidad logística de México para mover mercancías entre Asia y América. Sin embargo, en las comunidades que rodean la laguna de Cuyutlán , el proyecto causa otra preocupación: qué ocurrirá con las familias que dependen de la pesca , la acuacultura y la producción tradicional de sal si las obras modifican el ecosistema del que obtienen sus ingresos.
Nos queda claro que en el momento en que empiecen a dragar vamos a dejar de tener nuestro sustento…Todo se contamina, los peces huyen. ¿Por qué? Porque buscan un mejor lugar.
Esta preocupación se debe a que la expansión portuaria proyectada en Manzanillo, contempla obras de dragado y el desarrollo de terminales para contenedores e hidrocarburos en el vaso II de este sistema lagunar, el cual es el cuarto humedal más grande del país. María del Carmen Velasco lleva 52 años trabajando la pesca en esta laguna. Desde pequeña acompañaba a sus padres, quienes también se dedicaban a esta actividad. Actualmente representa a la cooperativa Acuacultores de la Laguna de Cuyutlán y a pescadores de la zona, un sector que teme que las obras de ampliación portuaria alteren las condiciones ambientales que permiten mantener su actividad. “¿Qué va a pasar con nosotros? Hasta ahorita no nos han dicho qué alternativas nos dan, porque dependemos de la laguna de Cuyutlán, es nuestro sustento económico”, advierte en entrevista para Expansión Política. La preocupación de los pescadores se centra en las obras de dragado que requiere el proyecto. Velasco teme que el movimiento de sedimentos disperse contaminantes y afecte la disponibilidad de peces, con consecuencias para las cooperativas que trabajan en los distintos vasos de la laguna. Velasco explica además que su actividad y la de su familia no se limita a capturar peces y es que también se dedican a la siembran camarón y comercializan carnada viva.
De esta manera, la incertidumbre se mantiene entre los pescadores mientras avanza el proyecto portuario. Velasco acusó además que durante las reuniones con autoridades los productores han preguntado qué alternativas tendrían si las obras afectan la pesca y la acuacultura, pero no han recibido respuestas.
Manzanillo, pieza clave del comercio exterior La expansión del Puerto de Manzanillo es un megaproyecto impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, la cual se ha proyectado por la relevancia económica que tiene el puerto actualmente. Manzanillo es el principal puerto de México en movimiento de contenedores y una plataforma estratégica para el comercio marítimo con Asia. Durante 2025 movilizó
3 millones 893,357 TEU — medida utilizada en el comercio marítimo que equivale a un contenedor de 20 pies y permite dimensionar el volumen de carga que pasa por el puerto— , de acuerdo con la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) Manzanillo.
Este volumen representó alrededor de 41% de los 9 millones 529,886 TEU registrados en los puertos mexicanos durante ese año. En otras palabras, cerca de cuatro de cada 10 unidades equivalentes movilizadas por el sistema portuario nacional pasaron por Manzanillo. Además, esta actividad conecta las cadenas de suministro mexicanas con mercados internacionales y facilita el ingreso y la salida de mercancías en contenedores. En noviembre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó el anuncio del inicio de la construcción del Puerto Nuevo Manzanillo-Cuyutlán. De acuerdo con la información presentada entonces por autoridades federales y estatales, el proyecto contempla 1,880 hectáreas , una inversión superior a 63,000 millones de pesos y una meta de conclusión para 2030. La superficie proyectada equivale a más de cuatro veces las 450 hectáreas atribuidas al recinto portuario actual. La meta oficial es consolidar un complejo de mayor capacidad para el manejo de contenedores e hidrocarburos, además de reforzar la conectividad logística de la región. El programa institucional de Asipona Manzanillo para 2025-2030 también contempla el desarrollo de terminales de contenedores e hidrocarburos, obras de dragado y la construcción de infraestructura portuaria en el vaso II de la laguna de Cuyutlán. La apuesta oficial busca fortalecer la posición de México en el comercio marítimo y ampliar la capacidad para atender el tráfico de altura y cabotaje. Sin embargo, para las comunidades cercanas, el debate va más allá del volumen de mercancías que podrá movilizar el nuevo recinto, sino a los efectos que esa infraestructura tendrá sobre la economía local. En las última semanas, de acuerdo con los pobladores, las alertas se han encendido debido a la presencia de tres dragas en el vaso II de la laguna, pese a que aseguran, aun no se cuentan con las autorizaciones y los permisos correspondientes.
La sal de Cuyutlán, otra actividad en riesgo La preocupación de los pobladores en Cuyutlán no se limita a las cooperativas pesqueras y es que la laguna también sostiene una actividad salinera tradicional que aprovecha las condiciones naturales para producir una sal reconocida por su calidad. La producción de sal ronda las 40,000 a 55,000 toneladas por temporada en la región, aunque el volumen varía según las condiciones climáticas de la región y la demanda. Esta producción requiere de condiciones ambientales que permitan mantener la actividad, por lo que para las comunidades, la posible alteración del humedal también representa un riesgo tanto para el patrimonio natural como para una economía construida durante generaciones.
Yerania Valencia , vocera del colectivo
Salvemos Cuyutlán , sostiene que el desarrollo portuario no debería plantearse a costa de las actividades productivas y de la identidad de la región. “Cuyutlán merece tener un destino turístico y que le inyecten dinero. Merecen que la sal de Cuyutlán llegue a toda la región de Europa, pero no merecen destruir esa región”, afirma. La activista recuerda que la extracción de sal forma parte de la historia local desde hace siglos y cuestionó que el crecimiento del puerto se presente como sinónimo automático de progreso para las comunidades vecinas. En su opinión, los empleos asociados con la construcción no compensarán necesariamente la pérdida de actividades económicas permanentes. El temor de los productores es que la transformación del territorio los obligue a abandonar sus oficios sin contar con alternativas que garanticen sus ingresos a largo plazo. El colectivo Salvemos Cuyutlán estima que la obra afectaría directamente a más de
1,500 familias salineras y pesqueras . La organización también ha denunciado que algunos productores recibieron ofrecimientos de recursos por terrenos utilizados para sus actividades, pero que, según sus testimonios, los pagos no se han concretado.
Un humedal bajo presión por la expansión portuaria El conflicto enfrenta dos visiones sobre el futuro de la región: por un lado, la ampliación de la infraestructura portuaria de Manzanillo; por otro, la conservación de un sistema lagunar que sostiene actividades económicas tradicionales y cumple funciones ambientales. La laguna de Cuyutlán está integrada por cuatro vasos y es reconocida como un humedal de importancia internacional bajo la
Convención Ramsar. De acuerdo con el colectivo, el vaso II es una de las zonas de mayor preocupación por su cercanía con el proyecto y por la presencia de cooperativas pesqueras. Los habitantes temen que las modificaciones a los flujos de agua, el dragado y la remoción de vegetación afecten la conectividad del sistema. También advierten que el manglar contribuye a amortiguar los efectos de fenómenos meteorológicos, una función relevante para las comunidades costeras expuestas a lluvias intensas, inundaciones y huracanes. Recientemente el debate ambiental se intensificó después de que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) emitió, el pasado 30 de septiembre, una resolución de conclusión del trámite, de acuerdo con la documentación difundida por Salvemos Cuyutlán. El colectivo sostiene que la autoridad identificó 31 insuficiencias en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto y cuestionó que el procedimiento avanzará hasta su conclusión pese a esas observaciones. Entre las deficiencias señaladas en el requerimiento ambiental del 16 de julio figuran omisiones en la descripción de canales, información insuficiente sobre posibles afectaciones al manglar y falta de elementos para demostrar que se conservarán las condiciones de los vasos III y IV, incluidos en el sitio Ramsar. Para los pescadores, sin embargo, la discusión técnica tiene una consecuencia concreta: saber si podrán seguir trabajando en la laguna. Velasco Chávez considera que las reuniones informativas no han respondido a esa pregunta y cuestiona que las comunidades tengan que enfrentar un expediente ambiental complejo sin recibir explicaciones suficientes sobre los efectos en sus actividades. “Hubo una reunión pública que no cumplió con los estándares de Escazú”, afirma. Según su testimonio, los participantes plantearon qué ocurriría con el sector productivo, pero no obtuvieron respuestas claras. También sostiene que algunas personas quedaron fuera de una consulta pública.
Salvemos Cuyutlán recurre al amparo Ante la incertidumbre, el colectivo Salvemos Cuyutlán presentó un juicio de amparo contra actos relacionados con los decretos del recinto portuario y el procedimiento de evaluación ambiental del proyecto denominado Puerto Nuevo Manzanillo o Puerto Laguna Cuyutlán. En el documento, la organización argumenta que existen
posibles violaciones a derechos humanos , al acceso a la información y a la participación pública en asuntos ambientales. También cuestiona que los impactos del proyecto se evalúen de manera fragmentada, en lugar de considerar sus efectos acumulativos sobre el conjunto de la laguna. Además de la vía judicial, sus integrantes han organizado protestas y exigido una consulta presencial, accesible y culturalmente adecuada, así como un diálogo con las autoridades federales que incluya a todos los sectores afectados. Valencia afirma que la oposición al proyecto no responde a una afiliación partidista, sino a la defensa de la laguna y de las personas que dependen de ella. En octubre, la vocera incluso llevó sus reclamos hasta la presidenta Claudia Sheinbaum durante una visita de la mandataria a Colima. Para María del Carmen Velasco, la defensa de Cuyutlán parte de una razón más: preservar el lugar del que ha vivido durante más de cinco décadas.
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