El diagnóstico que duele porque es cierto

La National Drug Control Strategy 2026–2032 de Estados Unidos no es un documento diplomático. Es una política de estado, que se convierte en un acta de acusación con base técnica. Sin eufemismos, sin cortesías bilaterales, la estrategia coloca a México en el centro del mapa del narcotráfico global: no como país de tránsito —esa narrativa ya caducó—, sino como plataforma industrial de producción de fentanilo y metanfetaminas, como territorio con control estatal parcial y como espacio donde organizaciones criminales operan con capacidad cuasi-militar.

El Estado que cede sin rendirse formalmente

El documento introduce además un concepto políticamente letal: los países serán responsables por su falta de acción, debilidad regulatoria o ausencia de voluntad política. Léase bien: ausencia de voluntad. No de capacidad. De voluntad. Duele porque es cierto. Y duele más porque no lo dice un periodista crítico ni un académico incómodo. Lo dice la estrategia oficial del gobierno de la primera potencia mundial, con la que México comparte 3,180 kilómetros de frontera, un tratado comercial y una historia de interdependencia que ningún discurso soberanista puede disolver de madrugada con un tuit. El problema central de México no es el narcotráfico. Es la pérdida progresiva de soberanía efectiva sobre su propio territorio. Los cárteles mexicanos —designados ahora como Foreign Terrorist Organizations por Washington— no son simples organizaciones criminales: son sistemas económicos, territoriales y políticos con capacidad logística sofisticada, innovación constante y diversificación que va mucho más allá del tráfico de drogas. Controlan rutas, mercados, economías locales y, en demasiados casos, también controlan instituciones. El modelo de seguridad mexicano de los últimos años —construido sobre la contención de violencia, el uso limitado de fuerza ofensiva y la apuesta por programas sociales como sustituto de política criminal— ha resultado insuficiente frente a esta realidad. No porque la política social sea prescindible, sino porque ningún programa de becas desmantelará una red financiera transnacional que mueve miles de millones de dólares anuales. El crimen organizado mexicano no recluta por pobreza únicamente; recluta porque el Estado ha abandonado territorios, instituciones y generaciones enteras a su suerte. La fragmentación institucional es el talón de Aquiles que Washington describe con precisión quirúrgica y que Ciudad de México se niega sistemáticamente a reconocer con la misma claridad.

Washington exagera, pero no miente Lo que México debe hacer antes de que alguien más lo haga por él

Es necesario ser ecuánimes: la estrategia estadounidense tiene sesgos graves. Minimiza con comodidad su propia demanda estructural de drogas —el mercado que financia todo este ecosistema criminal—, ignora la crisis de opioides que sus propias farmacéuticas desataron, y omite convenientemente el flujo masivo de armas que viaja desde Estados Unidos hacia México, armando a los mismos cárteles que ahora declara enemigos de su seguridad nacional. Designar al fentanilo como arma de destrucción masiva y a los cárteles como organizaciones terroristas no es un análisis técnico: es retórica de guerra con implicaciones operativas que justifican intervención extraterritorial, presión financiera sistémica y acciones unilaterales encubiertas. México podría enfrentar lo que estratégicamente se llama una intervención funcional sin intervención formal. No necesitas tropas para perder el control de tu territorio; bastan sanciones, inteligencia ofensiva y presión financiera sostenida. Aun con esos sesgos, el diagnóstico sobre México es técnicamente defendible. Y esa es la tragedia. Las soluciones no son un misterio. Son una decisión política que ningún gobierno reciente ha querido tomar con la dureza que la situación exige. Primero: recuperación territorial focalizada. Identificar y atender con despliegue permanente —fuerzas armadas, inteligencia operativa, justicia y servicios básicos integrados— los municipios donde el Estado simplemente no existe. Sin control territorial, toda estrategia es simulación. Segundo: construir inteligencia criminal estratégica real. México investiga delitos, pero no entiende redes. Hay que integrar al SAT, la UIF, la FGR, Defensa y Marina en centros de fusión de inteligencia con análisis de redes criminales transnacionales. El objetivo debe cambiar: de capturar personas a desmantelar estructuras. Tercero: golpe financiero al crimen. El dinero es el centro de gravedad de cualquier organización criminal. La Unidad de Inteligencia Financiera debe judicializar —no solo congelar— con extinción de dominio ágil y coordinación fiscal-penal efectiva. Cuarto: rediseño policial real. Certificación obligatoria, depuración con consecuencias, salarios dignos y carrera policial. Las policías locales están rebasadas o capturadas, y eso no se resuelve con más Guardia Nacional sino con instituciones municipales y estatales reconstruidas desde sus cimientos. Quinto: reconfigurar la relación bilateral. México debe pasar de reaccionar a negociar. Tiene argumentos sólidos —el flujo de armas, la demanda estructural estadounidense, la corresponsabilidad documentada— y debe usarlos en una estrategia de interdependencia equilibrada, no de subordinación progresiva.

La soberanía no se declama, se ejerce

México está en una disyuntiva que no admite más ambigüedad controlada. O construye un modelo de seguridad de Estado con capacidades reales para enfrentar organizaciones criminales que operan como actores híbridos transnacionales, o será Washington quien diseñe, desde su propia lógica e intereses, la política de seguridad que México debió haber ejecutado hace una década. La soberanía no es un discurso para el informe de gobierno. Es territorio bajo control del Estado. Es institución que funciona. Es ciudadano protegido. Mientras eso no ocurra, el expediente de Washington seguirá siendo el retrato más honesto —e incómodo— de lo que somos. ____ Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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